Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."
martes, 25 de febrero de 2014
KAVAFIS: Troyanos
Desventurados son nuestros esfuerzos;
inútiles como aquellos de los troyanos.
Conseguimos un pequeño éxito; ganamos
un poco de confianza; y la esperanza
y el valor renacen.
Mas siempre algo sucede que nos frustra.
Aquiles surge de la tumba ante nosotros
y acobardan sus gritos nuestros ánimos.
Nuestros esfuerzos son como los de los troyanos.
Pensamos que con decisión y con audacia
podríamos cambiar el curso del destino,
y miramos fuera al campo de batalla.
Mas cuando el momento supremo llega,
audacia y decisión se desvanecen;
se turba y paraliza nuestra alma;
y alrededor corremos de los muros
buscando salvación en la huida.
Sin embargo qué cierta es la derrota. Arriba,
en las murallas, ha empezado ya la elegía.
Llora la memoria y la pasión de nuestros días.
Amargamente Príamo y Écuba lloran por nosotros.
Konstantino KAVAFIS, Poesías completas, Hiperión, Madrid, 1981.
inútiles como aquellos de los troyanos.
Conseguimos un pequeño éxito; ganamos
un poco de confianza; y la esperanza
y el valor renacen.
Mas siempre algo sucede que nos frustra.
Aquiles surge de la tumba ante nosotros
y acobardan sus gritos nuestros ánimos.
Nuestros esfuerzos son como los de los troyanos.
Pensamos que con decisión y con audacia
podríamos cambiar el curso del destino,
y miramos fuera al campo de batalla.
Mas cuando el momento supremo llega,
audacia y decisión se desvanecen;
se turba y paraliza nuestra alma;
y alrededor corremos de los muros
buscando salvación en la huida.
Sin embargo qué cierta es la derrota. Arriba,
en las murallas, ha empezado ya la elegía.
Llora la memoria y la pasión de nuestros días.
Amargamente Príamo y Écuba lloran por nosotros.
Konstantino KAVAFIS, Poesías completas, Hiperión, Madrid, 1981.
lunes, 24 de febrero de 2014
lunes, 17 de febrero de 2014
Un rajá que se aburre
¡El rajá se aburre!
¡Ah, sí, se aburre el rajá!
¡Se aburre como quizá nunca se aburrió en su vida!
(¡Y Buda sabe si el pobre rajá se aburrió!)
En el patio norte del palacio, la escolta aguarda. Y también aguardan los elefantes del rajá. Porque hoy el rajá debía cazar al jaguar.
Ante yo no sé qué suave gesto del rajá, el intendente comprende: ¡que entre la escolta!; ¡que entren los elefantes!
Muy perezosamente, entra la escolta, llena de contento.
Los elefantes murmuran roncamente, que es la manera, entre los elefantes, de expresar el descontento.
Porque, al contrario del elefante de África, que gusta solamente de la caza de mariposas, el elefante de Asia sólo se apasiona con la caza del jaguar.
Entonces, ¡que vengan las bailarinas!
¡Aquí están las bailarinas! Las bailarinas no impiden que el rajá se aburra.
¡Afuera, afuera las bailarinas! Y las bailarinas se van.
¡Un momento, un momento! Hay entre las bailarinas una nueva pequeña que el rajá no conoce.
-Quédate aquí, pequeña bailarina. ¡Y baila! ¡He aquí que baila, la pequeña bailarina!
¡Oh, su danza!
¡El encanto de su paso, de su actitud, de sus ademanes graves!
¡Oh, los arabescos que sus diminutos pies escriben sobre el ónix de las baldosas! ¡Oh, la gracia casi religiosa de sus manos menudas y lentas! ¡Oh, todo!
Y he aquí que al ritmo de la música ella comienza a desvestirse.
Una a una, cada pieza de su vestido, ágilmente desprendida, vuela a su alrededor.
¡El rajá se enciende!
Y cada vez que una pieza del vestido cae, el rajá, impaciente, ronco, dice:
-¡Más!
Ahora, hela aquí toda desnuda.
Su pequeño cuerpo, joven y fresco, es un encantamiento.
No se sabría decir si es de bronce infinitamente claro o de marfil un poco rosado. ¿Ambas cosas, quizá?
El rajá está parado, y ruge, como loco:
-¡Más!
La pobre pequeña bailarina vacila. ¿Ha olvidada sobre ella una insignificante brizna de tejido? Pero no, está bien desnuda.
El rajá arroja a sus servidores una malvada mirada oscura y ruge nuevamente:
-¡Más!
Ellos lo entendieron.
Los largos cuchillos salen de las vainas. Los servidores levantan, no sin destreza, la piel de la linda pequeña bailarina.
La niña soporta con coraje superior a su edad esta ridícula operación, y pronto aparece ante el rajá como una pieza anatómica escarlata, jadeante y humeante.
Todo el mundo se retira por discreción. ¡Y el rajá no se aburre más!
Alphonse ALLAIS, Un rajá que se aburre.
sábado, 15 de febrero de 2014
BUKOWSKI: There's a bluebird in my heart that wants to get out
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say, stay in there, I'm not going
to let anybody see
you.
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he's
in there.
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody's asleep.
I say, I know that you're there,
so don't be sad.
then I put him back,
but he's singing a little
in there, I haven't quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it's nice enough to
make a man
weep, but I don't
weep, do
you?
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say, stay in there, I'm not going
to let anybody see
you.
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I pour whiskey on him and inhale
cigarette smoke
and the whores and the bartenders
and the grocery clerks
never know that
he's
in there.
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too tough for him,
I say,
stay down, do you want to mess
me up?
you want to screw up the
works?
you want to blow my book sales in
Europe?
there's a bluebird in my heart that
wants to get out
but I'm too clever, I only let him out
at night sometimes
when everybody's asleep.
I say, I know that you're there,
so don't be sad.
then I put him back,
but he's singing a little
in there, I haven't quite let him
die
and we sleep together like
that
with our
secret pact
and it's nice enough to
make a man
weep, but I don't
weep, do
you?
viernes, 14 de febrero de 2014
MACHADO: Soñé que tú me llevabas
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas...!
Vive, esperanza. ¡Quién sabe
lo que se traga la tierra!
Antonio MACHADO, Soñé que tú me llevabas.
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas...!
Vive, esperanza. ¡Quién sabe
lo que se traga la tierra!
Antonio MACHADO, Soñé que tú me llevabas.
jueves, 13 de febrero de 2014
Quien lo probó, lo sabe
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño,
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor; quien lo probó, lo sabe.
Lope de Vega, Desmayarse, atreverse, estar furioso.
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño,
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor; quien lo probó, lo sabe.
Lope de Vega, Desmayarse, atreverse, estar furioso.
sábado, 8 de febrero de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
CERVANTES: Rucio de mis ojos
Sancho llegó a su rucio, y abrazándole le dijo: ¿Cómo has estado bien mío, rucio de mis ojos, compañero mío? Y con esto le besaba y acariciaba como si fuera persona. El asno callaba y se dejaba besar y acariciar de Sancho, sin responderle palabra alguna.
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
miércoles, 29 de enero de 2014
LETTS: Esa almohada fue mi mejor marido
Ahora solo me preocupa el presente. Hoy, aquí y ahora. Me pasé la mayor parte de mi juventud pensando en el porvenir, ya sabes, ay, con quién me casaré, tal vez un abogado, tal vez un futbolista, será moreno, será guapo y ancho de espaldas. Me encerraba en la habitación de arriba. La almohada era mi marido y yo le preguntaba por la oficina, ¿qué tal el día?, y luego por la cena, ¿te ha gustado?, y por las vacaciones, ¿dónde piensas llevarme este invierno? Y él me sorprendía con unos billetes de avión para ir a Belice y nos besábamos... Quiero decir que besaba a la almohada, sí, me lo hacía con la almohada, y luego confesaba que había ido al médico y que estaba embarazada. Así contado suena patético, ya lo sé. Pero todo era muy inocente... Luego la vida real va por otro camino, se hace con el mando, siempre lo hace. Y las cosas nunca son como tú las habías imaginado. Esa almohada fue mi mejor marido.
Tracy LETTS, Agosto, Madrid, Punto de Lectura, 2014.
domingo, 26 de enero de 2014
martes, 21 de enero de 2014
MORO: Ritual matutino
Recuerdo que me levanté temprano el día que tenía planeado volver a Aspen. El sonido de pesados y regulares golpes procedentes del exterior me había sacado de mi profundo sueño. Abrí los ojos y vi que los primeros rayos del sol ya iluminaban el día. Los golpes continuaban y despertaron mi curiosidad. Me asomé a la ventana para ver qué estaba pasando. Para mi sorpresa, vi a Anatoli completamente desnudo, con los pies descalzos en la nieve y un hacha en la mano con la que cortaba leña. Me froté los ojos como un niño con sueño y lo vi dejar el hacha. Dio dos pasos y puso la mano en una olla llena de agua que había estado fuera de la casa desde la noche anterior. Con la mano, quitó los tres centímetros de hielo que se habían formado en su superficie a causa del frío y los arrojó a la nieve. Luego agarró la olla y vertió el agua helada sobre sí mismo. Tras esto, empezó a frotarse todo el cuerpo con la nieve y luego entró en la casa para secarse y vestirse. Mientras hacía todo esto, se había dado cuenta del espectador de la ventana y, riendo, continuó con su delicado ritual matutino.
Simone MORO, Estrellas en el Annapurna, Ediciones Desnivel, Madrid, 2011.
viernes, 17 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
KAVAFIS: La ciudad
Dices: "Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques —no la hay—,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra
Konstantino KAVAFIS, Poesías completas, Hiperión, Madrid, 1981.
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo mis ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".
No hallarás otra tierra ni otra mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques —no la hay—,
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra
Konstantino KAVAFIS, Poesías completas, Hiperión, Madrid, 1981.
GROMIKO: A veces me preguntaba si yo sería normal
A veces me preguntaba si yo sería normal. ¿Por qué me gusta estar solo, normalmente reflexionando sobre algún libro?
Andréi GROMIKO, Memorias, El País-Aguilar, Madrid, 1989.
Andréi GROMIKO, Memorias, El País-Aguilar, Madrid, 1989.
miércoles, 15 de enero de 2014
S.T.T.L. Gelman
Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.
Juan GELMAN, Epitafio.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.
Juan GELMAN, Epitafio.
martes, 14 de enero de 2014
BOWEN: Bob me ha guiado hacia un modo de vida diferente y mejor
Bob es mi mejor compañero y el que me ha guiado hacia un modo de vida diferente y mejor. Un compañero que no exige a cambio nada complicado ni imposible. Solo quiere que me ocupe de él. Y eso es lo que hago.
James BOWEN, Un gato callejero llamado Bob, La Esfera de los Libros, Madrid, 2013.
domingo, 12 de enero de 2014
CERVANTES: Su amo quedaba loco
—Digo, señor, que vuestra merced ha dicho muy bien: que, para que pueda jurar sin cargo de conciencia que le he visto hacer locuras, será bien que vea siquiera una, aunque bien grande la he visto en la quedada de vuestra merced.
—¿No te lo decía yo? —dijo don Quijote—. Espérate, Sancho, que en un credo las haré.
Y, desnudándose con toda priesa los calzones, quedó en carnes y en pañales, y luego, sin más ni más, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas, la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que podía jurar que su amo quedaba loco.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.
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