Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."
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jueves, 19 de diciembre de 2013

BORGES: Sólo tú eres, mi desventura y mi ventura

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

Jorge Luis BORGES, El enamorado.

sábado, 8 de junio de 2013

CERCAS: Empecé a escribir tarde por culpa de Borges

Era un chico de familia muy católica, y esto me da mucha vergüenza reconocerlo, hasta que a los catorce años me enamoré de una chica. Pero al final del verano regresé a Barcelona y tuve la mala idea de ir a leer un libro de Unamuno, San Manuel Bueno Mártir. Fue terrorífico. Me armó un lío tan gordo, que perdí la fe, me di al tabaco… Con Unamuno me hice un lío tan grande que todavía no lo he arreglado. Porque éste se dedica a liarte y, además, te lo dice. La literatura era un chaleco salvavidas. Era un desubicado y tenía que agarrarme a algo, así que lo hice a la literatura. Era lector desde muy pequeño, pero después de Unamuno todo cambia. A partir de ese momento leí a brazo partido, como si me fuera la vida en ello, buscando las seguridades y la supervivencia. En Wikipedia dice que Javier Cercas leyó a Borges a los 15 años y que entonces se hizo escritor. Totalmente falso. Fue justo lo contrario: leí a Borges a los 15 años y lo que hizo fue aplazar mi atrevimiento a escribir. Empecé a escribir muy tarde por culpa de Borges.

Peio H. RIAÑO,  Empecé a escribir tarde por culpa de Borges.

El Confidencial, sábado 8 de junio de 2013.

lunes, 18 de febrero de 2013

BORGES: El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

viernes, 8 de febrero de 2013

BORGES: Cómo nace un cuento


Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí eso es una solución personal mía, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo si se trata de un cuento porteño, lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos? Nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión." 

El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula por fantástica que sea crea, por el momento, en la realidad de la fábula.

jueves, 16 de agosto de 2012

RODRÍGUEZ ZAPATERO: Otra dimensión de lo real



El lector que tiene en sus manos Ficciones es una persona en la frontera, un ser humano que está a punto de abandonar el mundo seguro y confortable del que está hecha la vida cotidiana para adentrarse en un territorio absolutamente nuevo. Borges descubre en su obra, o quizás inventa, otra dimensión de lo real. Con seguridad el título, que nos sugiere la idea de mundos imaginados y puramente ilusorios, es sólo una sutil ironía del autor, una más, que nos señala lo terrible y maravillosamente real de sus argumentos. Después de leer a Borges el mundo real multiplica sus dimensiones y el lector, como un viajero romántico, vuelve más sabio, más pleno, o lo que es lo mismo, ya nunca vuelve del todo. Ficciones es una de las más esenciales e inolvidables obras de Borges. En ella se resumen los principales temas, los intereses intelectuales más queridos del autor. En todas las historias de este libro el tiempo es, de un modo u otro, un personaje central.

También lo es la literatura, los libros. Libros en los que está escrito el destino de los hombres y que por eso son a la par tan necesarios como inútiles. También el destino es una preocupación borgiana, un destino que no es más que el reconocimiento de que nuestros afanes e inquietudes, que aquello que nos parece incierto, que sólo es un deseo o un temor, tiene otra cara, una cara cierta, cerrada. Lo que en el anverso es azar, en el reverso es necesidad. Quizás, entre las cosas admirables de Borges, la que más me impresiona es su extraña mezcla de pasión y escepticismo, esa mezcla de la que en distinta proporción y cantidad estarnos hechos los seres humanos, pero que en el caso de nuestro autor se dan en un equilibrio y abundancia cuya mejor prueba es su obra.


Jorge Luis BORGES, Ficciones, Biblioteca El Mundo, Madrid, 2001.

lunes, 13 de agosto de 2012

RODRÍGUEZ ZAPATERO: Enfermo de Borges


Durante un tiempo, cuando era más joven, estuve enfermo de Borges; todavía no estoy seguro de haberme curado. Cuando uno enferma de Borges se pregunta por qué la gente sigue, seguimos, escribiendo. Todo está en Borges y él lo sabe.


Jorge Luis BORGES, Ficciones, Biblioteca El Mundo, Madrid, 2001.

miércoles, 1 de agosto de 2012

BUÑUEL: Borges sueña con el Nobel

Es un buen escritor, evidentemente, pero el mundo está lleno de buenos escritores. Además, yo no respeto a nadie porque sea buen escritor. Hacen falta otras cualidades. Y Jorge Luis Borges, con quien estuve dos o tres veces hace sesenta años, me parece bastante presuntuoso y adorador de sí mismo. En todas sus declaraciones percibo un algo de doctoral (sienta cátedra) y de exhibicionista. No me gusta el tono reaccionario de sus palabras, ni tampoco su desprecio a España. Buen conversador como muchos ciegos, el premio Nobel retorna siempre como una obsesión en sus respuestas a los periodistas. Está completamente claro que sueña con él.


Luis BUÑUEL, Jean-Claude CARRIÈRE, Mi último suspiro, Debolsillo, Barcelona, 2008.

sábado, 17 de marzo de 2012

domingo, 25 de diciembre de 2011

LINDO: Borges, no; Cortázar, sí

Yo vengo de la generación del SÍ o el NO. La generación del SÍ o el No nació en la década de los sesenta, como quien esto escribe. La generación del SÍ o el NO también corresponde a los que vinieron a este mundo en los cincuenta. La generación del SÍ o el NO, a la cual pertenezco sí o sí, es un poco cansina. También la definiría como viejuna, tomando prestados los adjetivos de esos generadores de vocabulario juvenil que han sido los de Muchachada Nui. La generación del SÍ o el NO, a la que también podría denominarse generación del Blanco o Negro, lleva toda la vida impartiendo doctrina y negándole el pan y la sal al adversario. La generación del SÍ o el NO, a la cual pertenezco sin orgullo, tenía respuestas para todo; cada momento de la vida tenía su sí o su no inmediato y sin fisuras. Veamos algunas casillas de nuestro sistema de clasificación: películas de Walt Disney, NO; Joaquín Sorolla, NO; El amor brujo, NO; el folk rural, SÍ; la barba en los hombres, SÍ; el vello en los sobacos femeninos, SÍ rotundo; los dibujos animados checoslovacos, SÍ; los musicales americanos, NO; Martin Luther King, NO; Malcolm X, SÍ; Louis Arsmtrong, NO; en cambio, Miles Davis, SÍ; los perros, NO; los gatos, SÍ, que no son serviles; los cuentos de brujas, NO; los Beatles, NO; los Rolling Stones, SÍ; arte abstracto, SÍ; figurativo, NI DE COÑA; pana, SÍ; pantalón de tergal con raya, NO; Borges, NO, por facha; Cortázar, SÍ.

El País, sábado 24 de diciembre de 2011.

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

BORGES: El jardín de senderos que se bifurcan



-¿Usted sin duda querrá ver el jardín?

—¿El jardín?

—El jardín de los senderos que se bifurcan.

sábado, 22 de octubre de 2011

BORGES: La noche de los dones

Ya se había quitado el batón. Me tendí a su lado y le busqué la cara con las manos. No sé cuánto tiempo pasó. No hubo una palabra ni un beso. Le deshice la trenza y jugué con el pelo, que era muy lacio, y después con ella. No volveríamos a vernos y no supe nunca su nombre.

Jorge Luis BORGES, El libro de arena, Alianza, Madrid, 1997.

lunes, 10 de octubre de 2011

UVEDA: No me van a creer que tuve de pasajero a Ernesto Sabato

En los últimos años los viajes en taxi eran la fuente de un montón de situaciones risueñas y anécdotas que al señor le divertían mucho. Al volver a casa, a veces muerto de risa, nos contaba lo que le había pasado. Era frecuente que lo reconocieran y al llegar a destino se negaban a cobrarle el viaje y algunos, los menos, le hacían referencia a sus libros y a los personajes que él había creado. En más de una ocasión, el taxista reconocía que estaba llevando a una persona famosa, pero no lograba identificarlo del todo, o si bien sabían que se trataba de Borges, no sabían bien a qué se dedicaba. El señor evadía las precisiones a las preguntas que le formulaban y guardaba como en secreto su identidad. Quizás el hecho que más gracia le causó fue con un taxista que inmediatamente de haber subido lo reconoció y lo empezó a llenar de elogios, incluso referidos a su literatura. Al llegar al sitio requerido por el señor, el taxista seguía elogiándolo hasta que se despidió de la siguiente manera: "Esta noche, cuando llegue a mi casa, no me van a creer que tuve de pasajero a Ernesto Sabato".

Epifanía UVEDA DE ROBLEDO, Alejandro VACCARO, El señor Borges, Edhasa, Barcelona, 2004.

domingo, 9 de octubre de 2011

Cómo El hacedor (de Borges), Remake se convirtió en una novela política

¿Cuántas obras artísticas y webs hoy en día se valen de textos, vídeos, imágenes o sonidos de procedencias diversas? El Hacedor (de Borges), Remake, más que como singularidad, podría tomarse como ejemplo de un procedimiento que se aplica de forma masiva en la actividad creativa de nuestros días, a través de formas que no son más que la versión actualizada de un principio rector de la cultura y el conocimiento: lo nuevo siempre se construye a través de lo viejo, y de lo ajeno. Seguir ese principio, que se halla muy por encima de legislaciones e intereses particulares, no solo es legítimo; es fundamental. La inmensa mayoría de las personas así lo comprenden.

El Cultural, viernes 6 de octubre de 2011

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viernes, 7 de octubre de 2011

UVEDA: Los libros perdidos de Borges

Ahora recuerdo que en una oportunidad vinieron unas amigas del señor y le ayudaron a poner un poco de orden y de paso para tirar un montón de papeles que no servían. Lo cierto es que al día siguiente el señor estaba como loco porque no podía encontrar una carpeta con un montón de papeles que al parecer iban a ser para un libro. Me hizo buscar por toda la casa y esa carpeta nunca apareció. Las señoras tampoco aparecieron más porque el señor se quedó muy enojado con ellas.

Pobre señor, unos años después le volvió a pasar lo mismo, en otro episodio que lo llenó de angustia. Cuando volvió de un viaje por Estados Unidos, que había hecho con María, estaba muy inquieto porque le habían robado un bolso donde tenían algunas pertenencias. Pero realmente lo que más le molestaba era que en el bolso tenía el manuscrito de un libro que recientemente había terminado y no lo pudo recuperar más.

Epifanía UVEDA DE ROBLEDO, Alejandro VACCARO, El señor Borges, Edhasa, Barcelona, 2004.

jueves, 22 de septiembre de 2011

CLOPPET: Perón y Borges, una misma sangre

El tres veces presidente y general argentino Juan Perón y el escritor Jorge Luis Borges tuvieron un antepasado en común que vivió en el siglo XVIII en la ciudad de Rosario, dijo hoy el historiador Ignacio Cloppet.

Borges, que consideraba a los peronistas "incorregibles" y fue degradado de bibliotecario a inspector de aves con la llegada del peronismo, era "un tío lejano" de Perón y sospechaba de tal parentesco, asegura Cloppet, autor de "Eva Duarte y Juan Perón: la cuna materna" , recién llegado a las librerías de Argentina.

La obra, centrada en los árboles genealógicos de Perón y Evita, toca la historia del terrateniente Pedro Pascual de Acevedo, de cuyo primer matrimonio con Estefanía de Obelar desciende Perón (1895-1974) , mientras que del segundo, con Tomasa Benítez, lo hace Borges (1899-1986) , apuntó Cloppet.

De Acevedo, que se casó tres veces, fue uno de los primeros habitantes de la ciudad de Rosario, a 380 kilómetros al noreste de Buenos Aires, donde tuvo una vasta descendencia.

"Perón y Borges se conectaban con De Acevedo a través de sus respectivas madres. Borges tenía una diferencia de cinco generaciones con aquel terrateniente, mientras que Perón tenía ocho, de modo que el escritor era un tío lejano del presidente y general" , indicó.

"Yo no intento conciliarlos (a Borges y Perón). Lo que digo es que tenían un tronco en común, una misma sangre" , aclaró.


El Universal, martes 20 de septiembre de 2011.


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lunes, 15 de agosto de 2011

BORGES: Aquel muerto que había vuelto a vivir

La Saga de Grettir incluye el episodio de Glam.

Glam era un malvado pastor de ovejas que se negó a ayunar la víspera de Navidad. En las sierras hallaron su cadáver, "hinchado como un buey y azul como la muerte". No se supo qué lo mató, pero empezó a rondar la casa, a cabalgar sobre los tejados, a patear las paredes y a matar a los animales.

Una noche, Grettir lo esperó y combatió con él. Rompieron cuantos muebles había y salieron peleando al campo. Grettir tenía una espada corta, sacada de una tumba, y pudo matar a aquel muerto que había vuelto a vivir. La luna iluminaba sus ojos terribles y Grettir los vio y desde entonces tuvo miedo de la oscuridad y no se atrevió a salir solo.

Jorge Luis BORGES, María Esther VÁZQUEZ, Literaturas germánicas medievales, Alianza, Madrid, 1999.

sábado, 13 de agosto de 2011

BORGES: Literatura polaca

Yo no sé nada de literatura polaca, y sin embargo, estoy seguro de que si supiera encontraría en esa literatura lo que encuentro en otras.

María Esther VÁZQUEZ, Borges, sus días y su tiempo, Suma de Letras, Madrid, 2001.

miércoles, 10 de agosto de 2011

BORGES: Inspiración

Y luego hubo otro cuento, que se llama "Las ruinas circulares", con el que me ocurrió algo que no me había sucedido nunca. Ocurrió por única vez en la vida, y es que durante la semana que tardé en escribirlo (lo cual en mi caso no significa morosidad, sino rapidez) yo estaba como arrebatado por esa idea del soñador soñado. Es decir, yo cumplía mal con mis modestas funciones en una biblioteca del barrio de Almagro; yo veía a mis amigos, cené un viernes con Haydée Lange, iba al cinematógrafo, llevaba mi vida corriente y al mismo tiempo sentía que todo era falso, que lo que realmente verdadero era el cuento que estaba imaginando y escribiendo.

María Esther VÁZQUEZ, Borges, sus días y su tiempo, Suma de Letras, Madrid, 2001.

sábado, 6 de agosto de 2011

SABATO: Borges

Cuando se hace una excavación en la obra de Jorge Luis Borges, aparecen fósiles dispares: manuscritos de heresiarcas, naipes de truco, Quevedo y Stevenson, letras de tango, demostraciones matemáticas, Lewis Carroll, aporías eleáticas, Franz Kafka, laberintos cretenses, arrabales porteños, Stuart Mill, de Quincy y guapos de chambergo requintado. La mezcla es aparente: son siempre las mismas ocupaciones metafísicas, con diferente ropaje: un partido de truco puede ser la inmortalidad, una biblioteca puede ser el eterno retorno, un compadrito de Fray Bentos justifica a Hume. A Borges le gusta confundir al lector: uno cree estar leyendo un relato policial y de pronto se encuentra con Dios o con el falso Basílides.

Las causas eficientes de la obra borgiana son, desde el comienzo, las mismas. Parece que en los relatos que forman Ficciones la materia ha alcanzado su forma perfecta y lo potencial se ha hecho actual. La influencia que Borges ha ido teniendo sobre Borges parece insuperable. ¿Estará destinado, de ahora en adelante, a plagiarse a sí mismo?

Ernesto SABATO, Uno y el universo, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997.

miércoles, 3 de agosto de 2011

BORGES: El jardín de senderos que se bifurcan

En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts'ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen: por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo.

El jardín de senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el tiempo; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla. Es el modo tortuoso que prefirió, en cada uno de los meandros de su infatigable novela, el oblicuo Ts'ui Pên. He confrontado centenares de manuscritos, he corregido los errores que la negligencia de los copistas ha introducido, he conjeturado el plan de ese caos, he restablecido, he creído restablecer el orden primordial, he traducido la obra entera: me consta que no emplea una sola vez la palabra tiempo. La explicación es obvia: El jardín de senderos que se bifurcan es una imagen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.


Jorge Luis BORGES, Ficciones, Alianza, Madrid, 2002.