Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

martes, 13 de septiembre de 2011

REVERTE: Helena de Chipre

-Antes viajaba con mi hermana, pero ahora prefiero ir sola. Es mejor, te relacionas con más gente. ¿Y usted, viaja con alguien?
-Solo.
-¿Y qué opina su mujer...? Supongo que es casado.
-A ella le parece bien. ¿Y qué opina su marido?
-Yo trabajo todo el día como una negra. Siempre hay hermanos, primos, cuñados y amigos que vienen a comer o a cenar a casa. No paro. Y tengo que liberarme alguna vez. Mi marido está de acuerdo.
-Ya lo ve: somos libres.
-¿En qué trabaja?
-Exportación e importación.
-¿Y qué es lo que exporta e importa?
-Cualquier cosa que pueda comprar barato y vender caro.
-Un buen trabajo. Yo quería tener una carrera y trabajar, pero ya ve, me casé y ahí me he quedado. ¿Conoce Chipre?
-No.
-Es muy bonita. Deberá ir alguna vez. La pena es que es una isla divididida, ya sabe, a un lado los turcos y al otro lado los griegos. Yo no puedo pasar al lado turco, ni puedo viajar a Turquía.
-He oído decir que se odian entre ustedes.
-Hay mucho odio. Pero yo no odio. Cuando vivía en Londres, mi mejor amiga era una turca, una chica de Esmirna... Perdone la pregunta, pero cuando está de viaje, ¿es fiel a su mujer?
-Absolutamente fiel.
-Es raro en un hombre.
-¿Y usted, es fiel a su marido cuando está fuera de casa?
-Lo intento con todas mis fuerzas.

Javier REVERTE, Corázón de Ulises, Suma de Letras, Barcelona, 2000.

lunes, 12 de septiembre de 2011

JUDT: Socialismo y socialdemocracia

Hay una distinción significativa entre socialismo y socialdemocracia. El socialismo buscaba el cambio transformador: el desplazamiento del capitalismo por un régimen basado en un sistema de producción y propiedad completamente distinto. Por el contrario, la socialdemocracia representaba un compromiso: implicaba la aceptación del capitalismo -y de la democracia parlamentaria- como marco en el que se atenderían los intereses de amplios sectores de la población que hasta entonces habían sido ignorados.

Estas diferencias son importantes. El socialismo -bajo sus numerosas guisas y avatares con guiones- ha fracasado. La socialdemocracia no sólo ha llegado al poder en muchos países, sino que su éxito ha superado los sueños más ambiciosos de sus fundadores. Lo que a mediados del siglo XIX era idealista y, cincuenta años después, un desafio radical, se ha convertido en la política cotidiana en muchos Estados liberales.

Tony JUDT, Algo va mal, Taurus, Madrid, 2011.

domingo, 11 de septiembre de 2011

ZAGAJEWSKI: Try to praise the mutilated world

Try to praise the mutilated world.
Remember June’s long days,
and wild strawberries, drops of wine, the dew.
The nettles that methodically overgrow
the abandoned homesteads of exiles.
You must praise the mutilated world.
You watched the stylish yachts and ships;
one of them had a long trip ahead of it,
while salty oblivion awaited others.
You’ve seen the refugees heading nowhere,
you’ve heard the executioners sing joyfully.
You should praise the mutilated world.
Remember the moments when we were together
in a white room and the curtain fluttered.
Return in thought to the concert where music flared.
You gathered acorns in the park in autumn
and leaves eddied over the earth’s scars.
Praise the mutilated world
and the grey feather a thrush lost,
and the gentle light that strays and vanishes
and returns.

FALLACI: Los atentados de Nueva York

Eran las nueve y cuarto. Y no me pidas que recuerde lo que sentí durante aquellos 15 minutos. No lo sé, no lo recuerdo. Era como un trozo de hielo. Incluso mi cerebro estaba helado. Ni siquiera recuerdo si algunas cosas las vi sobre la primera o sobre la segunda Torre. La gente que, para no morir abrasada viva, se lanzaba por las ventanas desde el piso 80 ó 90, por ejemplo. Rompían los cristales de las ventanas y se lanzaban al vacío como si se lanzasen de un avión en paracaídas, y caían lentamente. Agitando las piernas y los brazos, nadando en el aire. Sí, parecía que nadaban en el aire. Y no acababan de llegar abajo. Hacia el piso 30, aceleraban. Se ponían a gesticular, desesperados, supongo que arrepentidos, como si gritasen «Help, help». Y quizás lo gritasen de verdad. Por fin, caían en el suelo y paf.

¿Cuáles son los símbolos de la fuerza, de la riqueza, de la potencia de la modernidad americana? No son el jazz y el rock and roll, el chicle o la hamburguesa, Broadway o Hollywood. Son sus rascacielos. Su Pentágono. Su ciencia. Su tecnología. Esos rascacielos impresionantes, tan altos, tan bellos que, al alzar los ojos, casi olvidas las pirámides y los divinos palacios de nuestro pasado. Esos aviones gigantescos, exagerados, que se utilizan como en otro tiempo se utilizaban los veleros y los camiones, porque todo se mueve a través de los aviones. Todo. El correo, el pescado fresco y nosotros mismos (no olvidemos que la guerra aérea la inventaron ellos. O al menos la guerra aérea desarrollada hasta la histeria).

Ese terrible Pentágono, esa fortaleza que da miedo sólo con mirarla. Esa ciencia omnipresente y casi omnipotente. Esa extraordinaria tecnología que, en pocos años, cambió por completo nuestra vida cotidiana, nuestra milenaria manera de comunicarnos, comer y vivir. ¿Y dónde les ha golpeado el reverendo Osama bin Laden? En los rascacielos y en el Pentágono. ¿Cómo? Con los aviones, con la ciencia, con la tecnología.

Oriana FALLACI, La rabia y el orgullo, La Esfera de los Libros, Madrid, 2002.

sábado, 10 de septiembre de 2011

REVERTE: Teorema de la verdad

-Ah, español; claro, mediterráneo, por eso me pareció griego. Mi nombre es Constantinos, soy profesor de matemáticas.
-Me llamo Martín.
-¿Y a qué se dedica?
-Escritor.
-¿Escritor de qué?
-De libros.
-¿Libros de qué?
-Viajes, novelas...
-Yo también soy escritor.
-¿Escritor de qué?
-He publicado algunas poesías en revistas universitarias. Y algún ensayo de filosofía. ¿Le gusta la filosofía?
-Claro, es muy instructiva. Y además suministra ideas para argumentos de las novelas.
-¿Y qué opina de la verdad?
-Me desconcierta esa palabra, lo siento.
-Yo tengo una fórmula matemática para llegar a la verdad. Ya sabe que los griegos inventamos la filosofía, y muchos de nosotros seguimos practicándola. En Grecia, la filosofía es como un deporte.
-¡Qué interesante! ¿Y cuál es su fórmula?
-Lo siento, señor Martín. Precisamente en estos días estoy terminando de escribir un artículo donde explico el asunto. No se publicará hasta dentro de unos meses, en el próximo curso. Y comprenderá que no es oportuno contarle a un colega una idea. ya conoce cómo es eso de la escritura...
-Se refiere usted al plagio.
-Eso mismo. Pero no me lo tome mal. No es que desconfíe de usted, es que no le conozco.
-Yo haría lo mismo en su caso. ¿Me dirá al menos cómo titulará el artículo?
-Teorema de la verdad. Y le adelantaré otra cosa: la verdad no es sólo matemática, es también pura geometría. Más no puedo decirle, lo siento.


Javier REVERTE, Corázón de Ulises, Suma de Letras, Barcelona, 2000.

viernes, 9 de septiembre de 2011

JUDT: Hemos arrojado todo esto por la borda

Desde finales del siglo XIX hasta la década de 1970, las sociedades avanzadas de Occidente se volvieron cada vez menos desiguales. Gracias a la tributación progresiva, los subsidios del gobierno para los necesitados, la provisión de servicios sociales y garantías contra las situaciones de crisis, las democracias modernas se estaban desprendiendo de sus extremos de riqueza y pobreza.

En los últimos treinta años hemos arrojado todo esto por la borda, países como Reino Unido y Estados Unidos se han dedicado a desmontar décadas de legislación social y supervisión económica.

Las consecuencias están claras. La movilidad intergeneracional se ha interrumpido, los niños tienen muy pocas expectativas de mejorar la condición en la que nacieron. Los pobres siguen siendo pobres. La desventaja económica para la gran mayoría se traduce en mala salud, oportunidades educacionales perdidas y -cada vez más- los síntomas habituales de la depresión: alcoholismo, obesidad y delitos menores. Los desempleados o subempleados pierden las habilidades que hubieran adquirido y se vuelven superfluos crónicamente para la economía. Las consecuencias con frecuencia son la angustia y el estrés, por no mencionar las enfermedades y la muerte prematura.

Tony JUDT, Algo va mal, Taurus, Madrid, 2011.

jueves, 8 de septiembre de 2011

BUKOWSKI: La vida goteando en el espacio

"Tu vida goteando en el espacio. La gente tiene un aspecto gris, pisoteado."

"Pero mi vida entera ha consistido en luchar por una simple hora para hacer lo que quiero hacer."

"Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte."

¿Por qué tuve que cumplir los 51 antes de poder pagar el alquiler con lo que escribía?"

"El hecho de que exista una salida te ayuda a quedarte dentro."

"Nunca tengo un maldito libro que leer. Cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente, simplemente no hay más. Tenemos que escribirla nosotros mismos."

"Ahora mi principal influencia soy yo mismo."

"Cada nueva línea es un comienzo y no tiene nada que ver con ninguna de las líneas que la han precedido."

"Nada impedirá a un hombre escribir a menos que ese hombre se lo impide a sí mismo. Si un hombre desea verdaderamente escribir, lo hará."

"Hay muchas cosas de las que escribir, pero no de las que hablar."

"Temen tanto el fracaso que fracasan."

"Estaban vivos pero no estaban vivos."

"Cuando escribes debes deslizarte."

"Pensar en ellos era mucho mejor que leerlos."

"Y algunos de los jóvenes piensan en mí como yo pensaba en esos otros."

"Luego se me cruzan los cables y tengo que empezar desde cero otra vez."

"Yo había escrito durante décadas en cuartuchos, había dormido en los bancos de los parques, había pululado en los bares, había desempeñado los más estúpidos trabajos, dedicándome al mismo tiempo a escribir, y a escribir exactamente como yo quería y como consideraba que quería hacerlo."

"Lo único que contaba era la siguiente sesión ante el ordenador. Si podía seguir haciéndolo, estaba vivo; si no, todo lo anterior significaba muy poco para mí."

"Todo el pasado no significaba nada. La reputación no significaba nada. Lo único que importaba era la siguiente línea. Y si la siguiente línea no llegaba, estaba muerto."

"Dejé de buscar a la chica de ensueño; sólo quería que no fuera una pesadilla."

"Hoy me tocaba perder. Pero seguía vivo."

"Tienes una sola oportunidad y se acabó."

Charles BUKOWSKI, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Anagrama, Barcelona, 2002.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

SINGER: Sentimos la necesidad de oponer resistencia

A propósito, ¿me preguntó usted, mi querido amigo, cuál es la fuerza que me impele a seguir luchando? ¿Sí, o son imaginaciones mías? ¿Me preguntó acaso qué es lo que me permite soportar la pobreza, la enfermedad, y, peor todavía, la desesperanza? ¡Buena pregunta, mi joven y querido amigo! Es la misma que me formulé cuando leí por vez primera el Libro de Job. ¿Por qué siguió viviendo y sufriendo? ¿Para tener más hijas, más asnos y más camellos? No. La verdad es que Job siguió adelante por amor al juego de vivir, al juego en sí mismo. Todos jugamos al ajedrez con el Destino. El Destino mueve una pieza, y nosotros movemos otra. El Destino intenta darnos jaque mate en tres jugadas, y nosotros intentamos impedírselo. Nos consta que no podemos ganar, pero sentimos la necesidad de oponer resistencia.

Isaac Bashevis SINGER, Un amigo de Kafka otros relatos, Cátedra, Madrid, 1990.

martes, 6 de septiembre de 2011

KOSIŃSKI: Suicide note

"I am going to put myself to sleep now for a bit longer than usual. Call it Eternity."

FÉNÉON: Hambre, miseria

"Un contable de sesenta y cinco años, el señor Leclerc, que al no tener empleo no comía casi nunca, ha muerto de inanición en las canteras de Gauvin."

"El mendigo septuagenario Verniot, natural de Clichy, ha muerto de hambre. Su jergón ocultaba dos mil francos."

"El señor Septeuil se ha ahorcado: paro."

"Cerca de Villebon, Fromond, que explicaba a otros su miseria, se metió de repente en un horno de yeso en combustión."

"Casi septuagenario y totalmente arruinado, el señor Vincent, antiguo comerciante, se ha abierto la garganta con una navaja en Clichy."

"El cadáver del sexagenario Dorlay se balanceaba en un árbol, en Arcueil, con esta pancarta: Demasiado viejo para trabajar."

Félix FÉNÉON, Novelas en tres líneas, Impedimienta, Salamanca, 2011.

lunes, 5 de septiembre de 2011


SIENKIEWICZ: Discurso en Estocolmo

Este honor, preciado para cualquiera, ¡cuánto más lo es para un hijo de Polonia! De ella se ha dicho que está muerta, pero he aquí una prueba entre mil de que vive. Se ha dicho que es floja en la faena y en el ingenio, pero he aquí una muestra de su dinamismo. Se ha dicho que es una nación rendida, pero he aquí una nueva muestra de que sabe vencer.

Señores miembros de la Academia, la más alta representación del talento y la sensibilidad de vuestra noble nación: como polaco les expreso mi más sincera y emocionada gratitud por este honor que se rinde no a mi persona, sino al trabajo y a la fuerza creadora de Polonia.

Henryk SIENKIEWICZ, Relatos (ed. de Fernando PRESA GONZÁLEZ), Cátedra, Madrid, 2006.

domingo, 4 de septiembre de 2011

FORSTCHEN: Hooker en Chancellorsville

De pie, en el porche de Chancellor House, Hooker oía el rugir de la batalla que se libraba más al oeste, y ese rugido ahogaba cualquier tipo de pensamiento. Convocó una reunión de oficiales. Todos los comandantes de cuerpo le pidieron que lanzara un ataque general. "¡Mírelo usted desde el punto de vista del enemigo, señor! ¡Sus fuerzas están divididas y nosotros les superamos en número!"

Y en ese momento una bala de cañón fue a caer allí, alcanzando la columna del porche sobre la que se apoyaba Hooker. La columna se vino abajo, golpeando al general, que cayó inconsciente al suelo.

¡Fue la oportunidad de oro! Cualquiera que sintiera una pizca de amor por la Unión les hubiera gritado a los oficiales allí reunidos: "¡Ésta es la oportunidad!" Uno puede imaginarse a Patton en ese momento, con Eisenhower o Bradley sin sentido frente a él. Patton habría empuñado el mando con las dos manos y se habría largado, y hasta es posible que antes hubiera propinado un nuevo golpe en la cabeza de su jefe para asegurarse de que no le iba a incordiar.

Pero aquellos hombres no hicieron nada de eso. Se quedaron de pie, con la boca abierta. Hubo un breve debate, alguien llegó a sugerir que había que hacer algo, cuando de pronto Hooker lanzó un gruñido y se puso en pie tambaleante, balbuceando que seguía al mando. La escena podría ser cómica, de no ser porque miles de hombres estaban muriendo. Era un buen momento para que alguien se acercara a Hooker por la espalda y le sacudiera otro golpe en la cabeza con la culata de una pistola.

Así que le dejaron seguir con el mando.

Bill FAWCETT (ed.), Cómo perder una batalla, Inédita, Barcelona, 2009.

sábado, 3 de septiembre de 2011


ÖRKÉNY: Autobiografía a toda prisa

Cuando nací, era un bebé tan hermoso que el doctor me cogió en brazos y, de habitación en habitación, me mostró al hospital entero. Incluso me sonrió, dicen, lo que provocó un suspiro de envidia en las madres de los otros bebés.

Eso sucedió en 1912, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, y fue mi único éxito indiscutible, creo yo. A partir de entonces mi vida ha sido un descenso continuo. No sólo perdí gran parte de mi atractivo, sino también mi cabello y unos pocos dientes. Lo que es más, no he sido capaz de cumplir con lo que el mundo esperaba de mí.

No podía llevar mis planes con vigor, ni hacer pleno uso de mi talento. A pesar de que siempre había querido ser escritor, mi padre, que era farmacéutico, insistió en que siguiera sus pasos. Sin embargo, incluso esto no le satisfizo. Se le metió en la cabeza que debería tener una vida mejor que la suya. Así que, después de convertirme en farmacéutico, me envió de vuelta a la universidad para hacer de mí un ingeniero químico, lo que significó otros cuatro años y medio de retraso antes de que pudiera disfrutar de mi pasión por la escritura.

Apenas me había puesto a escribir, cuando Hungría declaró la guerra a la Unión Soviética, y me llevaron al frente. Nuestro ejército no era gran cosa y pronto me encontré prisionero de los rusos, prisionero de guerra; otros cuatro años y medio perdidos. Cuando volví a casa me encontré con nuevas dificultades, que no hicieron nada para favorecer mi camino hacia una carrera literaria.

Las circunstancias me permitieron acabar cinco o seis volúmenes de cuentos, escribiendo más o menos en secreto, en las pocas horas que pude arrancar a la marcha inexorable de la historia. Tal vez por eso siempre me he esforzado por la economía y la precisión, en busca de la esencia, a menudo a toda prisa. Sorprendido por cada toque de la campana de la puerta, no tenía ninguna razón, nunca, a esperar nada bueno, ya fuera quien llamara el cartero o cualquier otro funcionario estatal.

viernes, 2 de septiembre de 2011


MAUPASSANT: Jovenear

—¡ Dios mío! ¿Qué le ha pasado? Hay que acostarlo, caballero, sin más; dormirá, y mañana no parecerá el mismo,
—Pero, ¡si apenas puede hablar!
—¡Oh!, no es nada, unos cuantos tragos, nada más. No ha cenado para estar ágil, y después se ha tomado dos copas, para animarse. El ajenjo, ya ve usted, le devuelve sus piernas, pero le quita las ideas y las palabras. No está ya en edad de bailar de ese modo. No, de veras, ¡es como para desesperar de que siente la cabeza!
—Pero, ¿por qué baila así, con lo viejo que es?
—¡Ah! ¡Sí! ¿Por qué? Pues verá, para que lo crean joven debajo de su máscara, para que las mujeres lo tomen aún por un niño bonito y le digan guarradas al oído, para refregarse contra su piel, contra todas sus sucias pieles con sus olores y sus polvos y sus pomadas.

Guy de MAUPASSANT, Mi tío Jules y otros seres marginales, Alianza, Madrid, 2004.

jueves, 1 de septiembre de 2011


BUBER: El descuido

El rabí Elimelek estaba cenando con sus discípulos. El criado le trajo un plato de sopa. El rabí lo volvió y la sopa se derramó sobre la mesa. El joven Mendel, que años después sería rabí de Rimanov, exclamó:

-Rabí, ¿qué has hecho? Nos mandarán a todos a la cárcel.

Los otros discípulos sonrieron y se hubieran reído abiertamente, si la presencia del maestro no les hubiera contenido. Éste, sin embargo, no sonrió. Movió afirmativamente la cabeza y dijo a Mendel:

-No temas, hijo mío.

Algún tiempo después se supo que en aquel día un edicto dirigido contra los judíos de todo el país había sido presentado al zar para que lo firmara. Repetidas veces el zar había tomado la pluma, pero algo siempre lo interrumpía. Finalmente firmó. Extendió la mano hacia la arena de secar, pero tomó por error el tintero y lo volcó sobre el papel. Entonces lo rompió y prohibió que se lo trajeran de nuevo.