Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LAWRENCE: Tallal cabalga hacia la muerte


Tallal había visto cuanto había que ver. Empezó a sollozar como un animal herido; luego se dirigió a un altozano y se quedó allí quieto sobre su yegua, tiritando y con la mirada puesta en los turcos. Me acerqué a él para hablarle, pero Auda me cogió de las riendas y me detuvo. Muy lentamente, Tallal se tapó la cara con su pañuelo, y de pronto pareció dueño de nuevo de sí mismo, porque clavó las espuelas en los flancos de su yegua y arrancó al galope, inclinado hacia delante y bamboleándose en la silla, derechamente al grupo principal del enemigo.

Fue una larga cabalgada por una suave pendiente y a través de una hondonada. Nos quedamos allí quietos como piedras, mientras él se abalanzaba hacia su objetivo, con el ruido de sus cascos tamborileándonos extrañamente fuerte en los oídos, porque habíamos dejado de disparar y los turcos se habían detenido. Ambos ejércitos lo esperaban, y él siguió avanzando en medio del calmo atardecer hasta quedar a poca distancia del enemigo. Entonces se enderezó en la silla y profirió su grito de guerra: "¡Tallal! ¡Tallal!", dos veces, con tremenda voz. Al instante, los rifles y ametralladoras empezaron a disparar, y él y su yegua, atravesados por múltiples balas, cayeron muertos entre las puntas de las lanzas.

T.E. LAWRENCE, Los siete pilares de la sabiduría, Ediciones B, Barcelona, 1997.

viernes, 30 de agosto de 2013

HERZOG: Hay otros Annapurna


Pienso en esta aventura que está terminando, en esta victoria inesperada. Siempre se habla del ideal como de un fin al que se tiende siempre sin alcanzarlo nunca. 

El Annapurna, para todos nosotros, es un ideal realizado; en nuestra juventud no nos absorbían los relatos imaginarios ni los sangrientos combates que las guerras modernas ofrecen a la imaginación de los niños. La montaña fue para nosotros un campo de batalla natural en el que, jugando en las fronteras de la vida y de la muerte, buscábamos la libertad que oscuramente anhelábamos y que necesitábamos tanto como el pan.

El Annapurna, hacia el que hubiéramos ido todos con las manos vacías, es un tesoro sobre el cual viviremos… Con esta realización, una página se dobla… Una nueva vida empieza.

Hay otros Annapurna en la vida de los hombres

Maurice HERZOG, Annapurna. Primer ochomil,Ediciones Desnivel, Madrid, 2010.

lunes, 26 de agosto de 2013

GÓMEZ DE LIAÑO: Micaela Albite Portociños, testigo

Para historieta la que Camilo José Cela narra y que tiene como protagonista a una mujer de su villa natal, o sea, Padrón, que ejercía de testigo falso. Su nombre era Micaela Albite Portociños, alias Anduriña Tola, viuda de don Perpetuo Restande, alias Cagón do Demo, del comercio al detall. De ella, de Micaela, nuestro Nobel cuenta que se instalaba a eso de las nueve en el zaguán del juzgado, sacaba su calceta y esperaba a que alguien requiriera sus servicios y que podían ser varios. Desde la inscripción de un recién nacido en el registro civil hasta convencer al señor juez de que quien empezó la gresca en la romería y sacó la navaja cabritera fue fulano o mengano, aunque ella no podría jurarlo, si bien le parecía que sí, pero que no obstante la memoria le fallaba para ese preciso instante. Así de esta forma se pasaba toda la mañana hasta que daba la una y media y se iba a comer. "A tanto el testimonio, y aquí paz y después gloria", decía. Esto no lo cuenta mi admirado y tan a menudo añorado Cela, pero tras las indagaciones oportunas, me informan que la testigo Micaela falleció a los 96 años y que en su lápida, por debajo del nombre y de la fecha del óbito, algún paisano añadió: "Murió después de cumplir con su deber durante 15 trienios".

Javier GÓMEZ DE LIAÑO, De profesión, testigo

El Mundo, miércoles 21 de agosto de 2013.

 

POSADAS: Beefeaters

—Resulta —comenzó a contar Carmen— que de pronto se nos acerca él con aire de seductor de los años cuarenta, jugueteando con los gemelos de su camisa como siempre hace, y, después de preguntar eso tan original de "How do you do" y "Do you like London"...

—Sí —la interrumpió Dolores—, después de tan gran esfuerzo mental debió de pensar: "Voy a salirme un poco del guión preguntando algo realmente novedoso" , y dijo: "¿Y de qué país son?".

—"De Uruguay", contestamos nosotras —siguió Carmen—. "Venimos de Uruguay2...

—Y entonces —apuntó Dolores, nunca las había visto tan sincronizadas, a estas hijas mías—, supongo que para demostrarnos que sabía geografía y biología y ganadería todo al mismo tiempo, ¿qué crees que se le ocurrió decirnos, al muy ingenioso? Pues resulta que bajó la voz, se acarició los gemelos con aire irónico, rió y dijo: "Jo, jo, jo, de Uruguay, ¿eh? ¡En ese caso, vosotras sois las verdaderas Beefeaters!" . Y con otro jo, jo como los de Papá Noel cuando habla con los niños en los grandes almacenes, siguió de largo para saludar al embajador de Afganistán. Seguramente se creerá muy gracioso, el muy gilipollas.

—Y lo peor viene luego —continuó Carmen—. Como después de aquello debió de creerse que estaba en racha, tras preguntarle al embajador de Afganistán de dónde era, va y le dice: "¡Ah! Si ellas son del país de los Beefeaters, usted es del país de los comedores de opio. Jo, jo, jo" . "¿Su alteza lo ha probado esta noche?", le contestó el embajador con la misma rapidez que podía haberse sacado del traje regional afgano una faca o algo así. Menos más que allí estaban los acólitos para solucionar la cosa: uno de esos dos clones suyos que lo acompañaban cogió suavemente al príncipe por el codo y lo empujó hacia delante, hacia el siguiente embajador.

Carmen POSADAS, Gervasio POSADAS, Hoy caviar, mañana sardinas, RBA,Barcelona, 2008.

domingo, 25 de agosto de 2013

HERZOG: Una nueva vida

La noticia es dura, pero todavía ayer creía que las consecuencias serían mucho más crueles. Para mí, esto significa el abandono de muchos proyectos, implica también una nueva vida, tal vez otra concepción de la existencia… Todo es demasiado nuevo, y no tengo ni la fuerza ni la voluntad de mirar hacia el porvenir.

Maurice HERZOG, Annapurna. Primer ochomil,Ediciones Desnivel, Madrid, 2010.

sábado, 24 de agosto de 2013

MORO: No hay que huir de las montañas


 De nada sirve retirarnos dentro de nuestros hogares o refugiarnos en vidas acomodadas de lo que el destino nos tiene preparado. Incluso cuando nos escondemos en nuestros hogares, las enfermedades o accidentes pueden llegar por sorpresa y, sin previo aviso, entrar y atacarnos, poniendo nuestra resistencia a prueba. Muchas veces un destino implacable nos obliga a librar batallas sólo para recordarnos que la muerte está ahí. Otras veces tenemos que luchar mucho para librarnos de ella. Por eso no creo que huir de las montañas sirva para evitar estas pruebas. Tal vez podrían haber llegado de diferentes maneras o en diferentes momentos. A lo mejor, si me hubiera visto luchando a mí mismo contra la frustración, sentado en el coche en mitad de un atasco o luchando contra un amor no correspondido, habrían llegado en una forma diferente o en otro momento.

**

 Muchas veces he pensado en la avalancha que segó la vida de Anatoli y Dimitri, sus pasiones, sus miedos y la asimilación de los riesgos. Sin embargo, fue también esa avalancha la que me devolvió la vida, la que me decidió a no aceptar la derrota. Si dejase de escalar montañas, significaría que la avalancha me habría quitado la vida a mí también.

Simone MORO, Estrellas en el Annapurna, Ediciones Desnivel, Madrid, 2011.


viernes, 23 de agosto de 2013

BOUKREEV: Acumulación de experiencia

 

Yo me había educado en la tradición de la Escuela Rusa de Montañismo de Altitud, donde el esfuerzo colectivo y el trabajo en equipo adquieren siempre el papel preponderante, en tanto las ambiciones personales quedan relegadas a un segundo plano. Nuestra práctica en la formación y preparación de los escaladores persigue una acumulación de experiencia y confianza por parte del alumno durante un largo período de tiempo, comenzando en las montañas bajas y progresando hasta los ochomiles una vez se ha alcanzado la preparación adecuada. Pero aquí, según mi entender y tal y como había sido el caso en otras expediciones comerciales, mi papel consistía en preparar la montaña para los clientes, y no al revés.

Anatoli BUKREEV, G.W. DeWALT, Everest 1996, Ediciones Desnivel, Madrid, 2011.

CHAVES NOGALES: Pinturas patrióticas

Se habían creado unos Hogares del soldado cuya finalidad parecía no ser otra que la de sumir en la memez y la insustancialidad a los hombres. Un joven pintor de gran talento que se hallaba movilizado me contaba que un día le había llamado su comandante para encargarle la decoración de una vasta sala en la que había de ser instalado el hogar del soldado.

—Pínteme usted en las paredes —le había dicho — algo que sea divertido y patriótico, para que los muchachos estén alegres y tengan buena moral.

—Yo no sé pintar nada divertido y patriótico —replicó malhumorado el artista.

—¡Cómo! ¿Pues no es usted pintor? ¿Qué pinta usted entonces?

—Yo hago pintura abstracta —repuso el artista con altivez.

El comandante frunció las cejas y luego, alzándose de hombros, añadió:

—Bueno; pinte usted lo que le dé la gana con tal de que no sea comunista. Como me pinte usted algo que huela a comunismo lo encierro en el calabozo durante dos meses. ¡Ah! ¡Y ponga usted banderitas, muchas banderitas tricolores!

Manuel CHAVES NOGALES, La agonía de Francia, Libros del Asteroide, Barcelona, 2010.

jueves, 22 de agosto de 2013

AL-HAKIM: Me parece que tu señoría está haciendo oposiciones a pasar calor en el Sur

Subí a mi despacho, y encontré en él, esperándome, al señor cadí «residente», al que el criado había servido el café. Apenas me vio, me dijo:

—Se acabó. La anarquía reina en el país.

Quise abrir la boca para pedirle una explicación; pero no me dejó tiempo y siguió:

—Pasó a la historia el respeto a las sentencias.

—Pues ¿qué sucede?

—Sucede, señor mío, que yo dicté una sentencia civil contra un alcalde de los afectos al gobierno y que ha desaparecido el alguacil que la iba a hacer ejecutiva. ¿Sabes cómo pasó?

—No.

—Con conocimiento del alcalde le dieron un golpe, pero de los buenos, y estuvo detenido veinticuatro horas en la cabina del teléfono.

—Y ¿la delegación ha instruido un sumario?

—¡Ca! Lo grave no está ahí. Ni hay sumario ni comunicación. Se rieron del compareciente y le dijeron que retirara su demanda, y se la quitaron.

—Pues si se la quitaron, ya se acabó.

—¿Cómo que se acabó? Yo no puedo callarme en un asunto como éste. Esto se llama delito. La policía delinque…

—Me parece que tu señoría está haciendo oposiciones a pasar calor en el Sur.

—¿Es que van a trasladar a un cadí al Sur porque quiere impedir a la delegación que se burle…?

—Lo han hecho muchas veces. A un cadí lo trasladaron a lo más remoto del Alto Egipto porque en un pleito de demanda reconvencional puso en libertad a unos individuos que se manifestaban como enemigos del gobierno, y eso que el cadí estaba del todo desligado de los partidos y de la política. Tú, en cambio, bien lo sabes, has tenido con el delegado gubernativo un disgusto familiar, y es seguro que en este momento el delegado ya habrá enviado informes confidenciales sobre ti, acusándote de ser enemigo del gobierno y fautor de rebeliones e intrigas, y diciendo que persigues a los que apoyan al ministerio, que eres un peligro para su política actual, con otras cosas del mismo jaez bien sabido.

Tawfiq AL-HAKIM, Diario de un fiscal rural, Ediciones del Viento, La Coruña, 2003.

martes, 20 de agosto de 2013

S.T.T.L. Elmore Leonard

If it sounds like writing, I rewrite it.

Elmore Leonard’s 10 Rules of Writing.

lunes, 19 de agosto de 2013

BRENAN: La causa de la decadencia de España

A veces se me ha ocurrido pensar que una de las causas de la decadencia española durante el siglo XVII puede radicar en esta mesa redonda. Se talaron los bosques, escaseó la leña, se difundió la idea de la vida en casa y se extendió también la costumbre masculina de apiñarse, en cómoda plática, con sus mujeres —la tía de la esposa, su madre, los hijos mayores—, en vez de estarse junto al fuego, con las piernas extendidas, y sentadas ellas en cuclillas sobre los almohadones de la estrada. Alrededor de la mesa camilla la vida familiar se espesaba, se hacía más densa, más orientalmente burguesa; la lectura cesaba en la afectada atmósfera de harén, y los clubs o cafés, que hasta hace poco fueron sitios sórdidos, mal iluminados, ofrecían la única expansión y evasión. España se convirtió en el típico lugar estancado, el imperio otomano de Occidente inmerso en sí mismo, situación de la que únicamente saldría en el ciclo actual. Los únicos que se beneficiaban con esto eran las parejas de novios, quienes, una vez aceptado el joven y admitido en la casa, podían entrelazar dichosamente sus manos durante horas, por debajo del tapete de franela.

Gerald BRENAN, Al sur de Granada, Tusquets, Barcelona, 1997.

miércoles, 14 de agosto de 2013

HARRER: El asesino

En nuestra ausencia, un hombre se ha instalado en la casa donde habíamos depositado nuestro equipaje. Lleva los pies atados con cadenas y anda a pasos muy cortos, y con la sonrisa en los labios, como si se tratara de la cosa más natural, nos explica que por un asesinato lo condenaron a recibir doscientos latigazos y a llevar durante toda su vida una cadena sujeta a los tobillos. Ante la perspectiva de pasar la noche junto a un criminal, sentimos un sobresalto. ¿Acaso nos consideran a su mismo nivel? Pero resulta que nos preocupamos sin motivo: en el Tíbet, un penado goza de la misma consideración que la demás gente y no se le excluye en absoluto del trato con el prójimo, sino que toma parte en las fiestas y reuniones; como está dispensado de trabajar, solo vive de limosnas y, a juzgar por la gordura de nuestro invitado, estas deben de ser muy espléndidas.

Heinrich HARRER, Siete años en el Tíbet, Editorial Juventud, Barcelona, 1953.

martes, 13 de agosto de 2013

PIGAFETTA: Juan Serrano

Vimos entonces cómo conducían hasta la orilla del mar a Juan Serrano, herido y agarrotado. Rogó que no disparásemos más, porque le asesinarían. Le preguntamos qué les había sucedido a sus compañeros y al intérprete, y respondió que a todos los degollaron, excepto al esclavo, que se pasó a los isleños. Nos conjuró a que le rescatásemos por mercancías; pero Juan Carvajo, su compadre, con algunos más, rehusaron intentar siquiera su rescate, y no consintieron que las chalupas se aproximaran a la isla, porque el mando de la escuadra les correspondía por la muerte de los dos gobernadores. 

Juan Serrano siguió implorando la compasión de su compadre, diciendo que en cuanto nos hiciésemos a la vela le asesinarían; y viendo, al fin, que sus lamentaciones eran inútiles, lanzó terribles imprecaciones, rogando a Dios que el día del juicio final hiciera dar cuenta de su alma a Juan Carvajo, su compadre.

Antonio PIGAFETTA, Primer viaje entorno del globo, Espasa, Madrid, 2004.

lunes, 12 de agosto de 2013


CARRILLO Y SOTOMAYOR: Te fui perdiendo

¡Con qué ligeros pasos vas corriendo!
¡oh cómo te me ausentas, tiempo vano!
¡ay, de mi bien, y de mi ser tirano!
¿cómo tu altivo brazo voy siguiendo?

Detenerte pensé, pasaste huyendo,
te seguí, y ausentástete liviano,
te gasté a ti en buscarte, ¡oh, inhumano!
Mientras más te busque, te fui perdiendo.

Ya conozco tu furia, ya humillado,
de tu guadaña pueblo los despojos;
¡oh, amargo desengaño no admitido!

Ciego viví, y al fin, desengañado,
hecho Argos de mi mal, con tristes ojos,
huir te veo, y véote perdido.

Luis CARRILLO SOTOMAYOR

domingo, 11 de agosto de 2013

HARRER: Los khampas

Los khampas viven siempre agrupados a razón de tres o cuatro familias. Armados de espadas y fusiles, los hombres se dedican al pillaje: cuando le han echado el ojo a alguna tienda de nómadas, entran en ella y exigen que se les sirva una comida, y el propietario, asustado, se apresura a complacerlos. Una vez saciados, se marchan llevándose una o dos cabezas de ganado, después de apoderarse, además, de los objetos personales de la víctima. Luego van repitiendo la operación, hasta que la comarca queda exhausta. Entonces levantan el campo y se van a plantar sus tiendas en otra parte, donde vuelven a empezar con lo mismo. Los nómadas no pueden oponerse a las expoliaciones de los khampas, tanto más cuanto que estos atacan en grupo y además, en estas apartadas regiones, el Gobierno resulta impotente contra esas bandas. Por otra parte, si por azar algún gobernador de distrito consigue exterminar a alguna de esas tribus, el botín pasa a ser de su propiedad y no vuelve a los perjudicados. El castigo impuesto a los bandidos es verdaderamente horroroso: se les cortan ambos brazos; pero esa cruel perspectiva no ha arredrado hasta ahora a los khampas en sus funestas actividades.

Heinrich HARRER, Siete años en el Tíbet, Editorial Juventud, Barcelona, 1953.

viernes, 9 de agosto de 2013


MONTGOMERY: Move on, move on

 

The Indians fought because they wanted to keep the west for themselves. They felt as an old chief did, who had been forced to move many times by the white men. One day a military officer came to his wigwam to tell him that he and his tribe must go still further west. The chief said, General, let's sit down on this log and talk it over. So they both sat down. After they had talked a short time, the chief said, Please move a little further that way; I haven't room enough. The officer moved along. In a few minutes the chief asked him to move again, and he did so. Presently the chief gave him a push and said, Do move further on, won't you? I can't, said the general. Why not? asked the chief. Because I've got to the end of the log, replied the officer. Well, said the Indian, now you see how it is with us. You white men have kept pushing us on until you have pushed us clear to the end of our country, and yet you come now and say, Move on, move on.  

D.H. MONTGOMERY, The Beginner's American History, 1893. 

Project Gutenberg

jueves, 8 de agosto de 2013

PIGAFETTA: In hoc signo


Mandó traer una gran cruz con los clavos y la corona de espinas, delante de la cual nos prosternamos, imitándonos también los isleños. Entonces el capitán, por medio del intérprete, dijo a los reyes que esta cruz era el estandarte que le había confiado su emperador para plantarla allí donde pisase, y que, por consiguiente, quería elevarla en esta isla, a la cual el santo signo sería además favorable, porque todos los navíos europeos que en adelante la visitasen conocerían al verla que a nosotros nos habían recibido como amigos y no harían ninguna violencia ni a ellos ni a sus propiedades, y que en el caso de que alguno de ellos fuese hecho prisionero, no tendría más que mostrar la cruz para que en el acto le pusiesen en libertad. Añadió que era preciso colocar la cruz sobre la más elevada cima de las cercanías, a fin de que todos pudiesen verla, y que cada mañana debían de adorarla, pues siguiendo su consejo ni el rayo ni las tormentas les ocasionarían daños. Los reyes, que no dudaban de ningún modo lo que el capitán acababa de decirles, le dieron las gracias y le aseguraron por el intérprete que estaban muy satisfechos y que tendrían un gran placer en ejecutar lo que acababa de proponerles.

Antonio PIGAFETTA, Primer viaje entorno del globo, Espasa, Madrid, 2004.

lunes, 5 de agosto de 2013

DARWIN: ¡Que ardan todas las casas!


Era un hombre desilusionado y descontento; y tenía una expresión a menudo o generalmente taciturna. No creo que fuera ni la mitad de huraño de lo que aparentaba. Un día me dijo que había inventado un proyecto para acabar eficazmente con cualquier incendio, pero añadió: "No voy a publicarlo, maldita sea: que ardan todas sus casas". Las personas a las que iba dirigida su maldición eran los habitantes de Londres.

Charles DARWIN, Autobiografía, Alianza, Madrid, 1993.

AL-HAKIM: Diez folios

Siempre me acuerdo de lo que cierto día me dijo el jefe de la fiscalía, al recibir un atestado de diez folios:

—¿Contravención? ¿Falta?

Al decirle yo que se trataba de un asesinato, exclamó sorprendido:

—¿Una causa de asesinato instruida en diez folios nada más? ¡Asesinato! ¡El asesinato de un ser humano en diez folios!

Me atreví a explicarle:

—¿Y si hemos atrapado al criminal con esos pocos folios…?

Pero no me hizo caso y se marchó pesando el atestado en la delicada balanza de su mano:

—¿Quién creería que este atestado es el asesinato de un hombre?

Tawkiq AL-HAKIM, Diario de un fiscal rural, Ediciones del Viento, La Coruña, 2003.

domingo, 4 de agosto de 2013

MONTGOMERY: Nations

A nation is a people born in the same country and living under the same government; as the American nation, the French nation, the English nation. 

D.H. MONTGOMERY, The Beginner's American History, 1893. 

Project Gutenberg

viernes, 2 de agosto de 2013


DARWIN: Todas las novelas deberían tener un final feliz


Las novelas que son productos de la imaginación, aunque no sean de orden superior, han constituido para mí durante años un maravilloso alivio y suelo bendecir a todos los novelistas. Me han leído en voz alta un número sorprendentemente alto de novelas y, con tal de que sean moderadamente buenas y tengan un final feliz, me gustan todas —debería dictarse una ley contra las que acaban mal—. Según mi gusto, una novela no es de primera categoría a menos que contenga algún personaje a quien se pueda amar plenamente; y si es una mujer hermosa, tanto mejor.

Charles DARWIN, Autobiografía, Alianza, Madrid, 1993.

miércoles, 31 de julio de 2013

DARWIN: Acontecimientos dolorosos

Mi padre era muy sensible, de modo que muchos pequeños sucesos le irritaban o apenaban considerablemente. En cierta ocasión le pregunté, cuando ya era anciano y no podía caminar, por qué no salía en coche para hacer ejercicio. Él me respondió: "Cualquier carretera que parta de Shrewsbury está asociada en mi mente a algún acontecimiento doloroso".

Charles DARWIN, Autobiografía, Alianza, Madrid, 1993.

viernes, 26 de julio de 2013

GUERRA: La presunción literaria de Semprún

El primero en llegar era siempre yo, seguido de Paco Fernández Ordóñez; un rato después aparecía inexorablemente el ministro de Cultura, Jorge Semprún. Cuando él llegaba estábamos enfrascados en una revisión de nuestras lecturas, dando nuestro criterio sobre novelas y personajes. Semprún siempre corroboraba lo que estábamos diciendo. Sabíamos de su calidad literaria, especialmente por la lectura de su magnífico Le grand voyage (El largo viaje), pero nos escamaba que en todo momento ratificase nuestras opiniones sin añadir nada más. Concebimos Paco y yo una broma que nos despejase la duda de si él verdaderamente había leído todo lo que comentábamos. Acordamos que a la siguiente sesión del consejo hablaríamos de una novela inexistente y ponderaríamos a un personaje de tal novela, por supuesto una invención. Él nos siguió la broma, había leído la novela, confirmaba nuestro criterio acerca del personaje. No podíamos aguantar de risa, pero le ahorramos la crueldad de colocarlo ante su presunción.

Alfonso GUERRA, Una página difícil de arrancar, Planeta, Barcelona, 2013.

jueves, 25 de julio de 2013

CROSS: Underlines

"He underlines.... We tend to underline all the visions that confirm our view of the world." 

Luther, Season 3, Episode 2 (2013).

martes, 23 de julio de 2013

RAMÓN: Los papeles de Baarcenas

"Al final la vida es resistir y que alguien te ayude." Brey, señor de Puerto Gaviota

Grafton hizo un gesto a la joven esclava myriense para que no le llenara la copa: no tenía ganas de beber. Se paseaba nervioso por la habitación. El rollizo eunuco pidió permiso para sentarse. Grafton le indicó que podía hacerlo: en esos momentos, el protocolo era la menor de sus preocupaciones.

–¿Has leído los papeles?

El eunuco se tomó un tiempo para responder. Saboreaba el vino. Tenía pocas aficiones, y una de ellas eran los buenos caldos. Aquel parecía bueno, a pesar de la gaviota grabada en la copa. En los años que llevaba sirviendo en Desembarco del Rey había bebido en copas marcadas con el escudo de casi todas las casas, y hacía mucho tiempo que había decidido que lo único importante era el vino. Y aquel era realmente exquisito.

–¿Son verdaderos? –preguntó el eunuco, que lanzó una mirada displicente a las hojas que había sobre la mesa.

–Desde luego. Él los escribió.

–Eso no es lo que os he preguntado. Yo puedo decirle al rey, si me interrogara, que no salí de la torre de la mano en todo el día y no contarle que me he encontrado con alguien de la Casa Grafton. Quiero decir, mi señor, que existen las verdades, las mentiras y lo que no contamos.

–Casi todo lo que contienen los papeles es verdadero, terriblemente verdadero. Tenemos que hacer algo con... el traidor.

El eunuco no pudo menos que sonreír: los Grafton evitaban pronunciar el nombre de Baarcenas, como si articular aquellas pocas sílabas equivaliera a lanzar una maldición capaz de llevar la ruina y la desolación a Desembarco del Rey o Puerto Gaviota. Últimamente, le llamaban el delincuente, el canalla. Incluso utilizaban epítetos más habituales en los callejones de Lecho de Pulgas que en la Fortaleza Roja.

–Olvidaos de Baarcenas. Los banqueros de Braavos han bloqueado todo su dinero. Nada se puede hacer por esa parte. Mientras continúe encerrado en Soto del Rey no será un problema.

–Seguirá escupiendo denuncias falsas, atosigándonos con sus insididas.

–Nadie le hará caso. Se cree, se creía muy listo, pero siempre he sido de la opinión de que sólo los estúpidos acaban en una mazmorra. No tiene dinero, ni poder: lo ha perdido todo. Cuando pasé unos meses en la cárcel acabará comprendiendo que un hombre solo no puede enfrentarse a una casa, a nosotros, los maestres. Llegarán otros problemas, una mala cosecha, una invasión, y la gente olvidará a Baarcenas.

–Nunca debimos confiar en él.

El eunuco permaneció callado: no estaba claro si él tenía que ser leal al Estado o la casa cuya bandera ondeaba en la torre de la mano. Por otra parte, Baarcenas nunca le había considerado tan importante como para entregarle dinero. Su interlocutor, empero, sí que había recibido unos cientos de dragones que valían menos, desde luego, que las preocupaciones que ahora le causaban.

–¿Y su mujer? ¿Qué vamos a hacer con su mujer?

El eunuco pensó que no casarse acababa teniendo sus ventajas.

–La encerraremos junto a las putas de Lecho de Pulgas.

–Dejad que os diga, mi señor, que para una dama la amenaza de la cárcel es casi tan temible como la propia cárcel.

–El mayor problema son los Tyrell. Quieren aprovecharse de la traición de Baarcenas hacia nuestra casa para recuperar el poder que tenían años atrás... Los Tyrell se están aliando con otras casas. Quieren acabar con nosotros.

–Sin duda.

–Sueñan con el momento en que su bandera floreada ondee de nuevo en la torre de la mano.

El eunuco se acercó la copa a los labios. Decididamente, aquel licor era delicioso: ¿de dónde procedería?

–No os engañéis –dijo el eunuco–. Los Tyrell perdieron el poder hace años y desde entonces se han debilitado más y más. Temen a los Grafton, pero más a la gente de las Montañas Rojas: siempre es mejor ser la segunda casa de Poniente que la cuarta o la quinta.

–Piensan que cuando acaben con nosotros podrán ocuparse de las otras casas.

–No, no, mi señor. Recordad la última vez que un Tyrell fue mano del rey. Tenía que discutir cada pequeño asunto con las casas aliadas. Os puedo asegurar que no era nada agradable tener tantas voces discrepantes en la mesa del consejo. Cada venado, cada estrella, cada centavo que había que gastar provocaba interminables discusiones. Los Tyrell quieren que la gente de Puerto Gaviota se siga debilitando, para quitarle el poder cuando llegue el momento, pero no antes, no antes. No quieren depender de las otras casas otra vez.

Grafton se asomó a la ventana. Un barco estaba abandonando el puerto  de Desembarco del Rey.

–¿Y si sacáramos a Baa… al delincuente de Soto del Rey?

–Sí, claro, ¿por qué no? Le dais unos cientos de lunas de plata y le invitáis a huir al otro lado del mar… No, son los Tyrell los que tratarán de sacar a Baarcenas de la cárcel. Les interesaría hacer creer que los Grafton lo han hecho. Sí, ha entregado al juez estas cuentas amañadas –dijo el eunuco lanzando los papeles al suelo–, pero no tiene nada más. Sólo queda él mismo. Y os puedo asegurar que, aunque Soto del Rey no es como otras prisiones, Baarcenas dejará allí su altivez, su arrogancia.

El eunuco se levantó trabajosamente. La entrevista había llegado a su fin.

–Una vez fui magistrado en Lecho de Pulgas. No es algo de lo que me enorgullezca, pero alguien como yo siempre tiene que servir al Estado allí donde se le requiera.

Grafton dio unos pasos para alejarse del eunuco. No le gustaban los de su clase, aunque trataba de disimularlo lo mejor posible. –¿Magistrado en Lecho de Pulgas? ¿Qué tiene que ver eso con el traidor?

–Me encontré con muchos delincuentes: manilargos, rateros, toda clase de ladrones. Uno de ellos trató de robarme este anillo. Le acabé perdonando porque me dio un consejo que siempre he seguido.

–¿Cuál es? –preguntó Grafton intrigado.

–Nunca hay que guardar todo el botín en el mismo agujero.

–¿Qué quiere decir eso?

–Muchas cosas. Desde luego, que Baarcenas nunca debió llevar todo su dinero a Braavos, pero también que los Grafton nunca debieron depositar toda su confianza en alguien como él. El eunuco apuró la copa de un sorbo. –Por cierto, ¿dónde habéis conseguido este vino ?

Francisco RAMÓN, Cuentos de los diecisiete reinos y de las dos ciudades semilibres.

domingo, 21 de julio de 2013

POWELL: Entremés de arenque ahumado

Lo único bueno que saqué de aquella casa es que allí inventé mi famoso entremés de arenque ahumado. Sucedió de una forma muy graciosa. Una mañana, para el desayuno, serví arenque ahumado, y la señora Bernard, que siempre desayunaba en la cama, no se comió el suyo. Cuando Ethel bajó la bandeja, yo lo cogí y lo tiré al cubo de los desperdicios. Pero cuando el señor Bernard bajó para darme las instrucciones para el día, dijo: «Cocinera, la señora quiere que le haga un entremés para la cena con el arenque que no se ha tomado en el desayuno». Se me cayó el alma a los pies. No me atreví a decir que lo había tirado, porque eso habría destrozado a la pareja, y no me parecía bien dejar a nadie destrozado por culpa de un arenque. Así que me limité a decir: «Sí, señor, de acuerdo». En cuanto se dio la vuelta, corrí al cubo de los desperdicios y pesqué el arenque. Estaba cubierto de hojas de té y de trocitos de cosas asquerosas. Así que abrí el grifo para enjuagarlo. La mala suerte quiso que en ese momento estuviera fregando, y el arenque se me cayó en una palangana de agua jabonosa. Volví a pescarlo y lo pasé otra vez bajo el grifo, olisqueándolo todo el rato para asegurarme de que no oliera a jabón. Al final, creí haberlo conseguido. Faltaba por saber si no iba a tener un regusto jabonoso. Yo, en todo caso, le saqué toda la carne y la machaqué bien en el mortero, y añadí salsa Escoffier. Esta salsa es fantástica para disfrazar el sabor de algo que no quieres que se note. Lo envié arriba con su guarnición y bien decorado, y para mi sorpresa la señora Bernard mandó abajo a la camarera con una felicitación: «Dígale a la cocinera que es el mejor entremés que he comido nunca». Yo pensé: «Chica, ya lo sabes. Si quieres sabor auténtico, empieza por revolver las cosas en el cubo de los desperdicios». 

Margaret POWELL, En el piso de abajo, Alba, Barcelona, 2013.

miércoles, 17 de julio de 2013

AGUIRRE ZIMERMAN: La utilidad de Dios

Ahora sí entiendo por qué los humanos tuvieron que inventarse un Dios. Desde hace varios días, y luego de ver lo que he visto y compartir la cotidianidad con quienes la he compartido, he llegado a la conclusión de que aquellos primeros hombres que habitaron el planeta no tuvieron otra opción que inventarse un Dios y un cielo para poder mirar siempre hacia adelante y soportar lo que tenían que soportar. 

No es que súbitamente me haya cogido un ataque de religiosidad sino que, por el contrario, en este momento puedo comprender con más claridad por qué los humanos (supuestos seres racionales) adoptan ideas tan absurdamente ilógicas y tan poco demostrables. Es muy fácil no creer cuando uno lo tiene todo: familia, agua, control sobre el cuerpo, control sobre el ánimo, control, aunque sea, sobre los hijos que parirá. Pero cuando uno no tiene nada, no le queda otra opción que soñar e inventarse cosas para creer que uno tiene por lo menos algo de control. Si no tengo cómo proteger a mis hijos, por lo menos puedo rezar para que alguien más lo haga. Pero es completamente lógico aferrarse a un supuesto ser superior cuando tu hijo sale por la noche a entrar las ovejas y se lo puede comer un lobo. 

Natalia AGUIRRE ZIMERMAN, 300 días en Afganistán, Anagrama, Barcelona, 2006.

lunes, 15 de julio de 2013


POWELL: Sencillamente, me marché y la dejé ahí

 

En uno de aquellos trabajos apenas duré una semana. Consistía en pasear a una vieja cascarrabias en silla de ruedas. Por su aristocrático modo de hablar debió de haber sido alguien tiempo atrás, pero lo único que conservaba de entonces era un viejo criado que cuidaba de ella, y una casa enorme. Mi trabajo consistía en ir allí por la mañana y ayudar a la señora a sentarse en su silla de ruedas. Créanme, con la toca, la esclavina y las botitas abotonadas, aquello no era moco de pavo, y encima, mientras yo lo hacía, ella no paraba de incordiarme. Una vez que conseguía instalarla cómodamente en la silla, tenía que llevarla de tiendas. A mí me tocaba entrar en los establecimientos y decir: «La señora Graham está fuera. ¿Tendría la amabilidad de salir para tomar su pedido?». ¿Se imaginan entrar hoy en una tienda y pedir al tendero que salga para tomar nota? Pero por aquel entonces, pese a que ella era más pobre que las ratas, con sus modales aristocráticos, los tenderos salían obsequiosos y solícitos para atenderla, y luego le mandaban todo lo que había pedido. 

Nada de lo que yo hiciera estaba bien para su gusto. O no la había colocado bien fuera de la tienda, o le daba el sol en los ojos, o yo le había dado en la espalda. 

Una mañana de un precioso día de verano me pidió que la llevara a pasear junto a la orilla del mar. Fuimos hasta el Muelle Oeste, que quedaba a unos dos kilómetros. Allí me pidió que colocara la silla de manera que el viento le diera por detrás y que, a la vez, pudiera seguir viendo a la gente. Tenía un día malísimo y se lo pasó entero quejándose, así que tuve que colocarla como seis veces y seguía estando mal. Al final, abandoné. No dije nada. Sencillamente, me marché y la dejé ahí. Nunca supe qué le pasó luego, ni cómo volvió a su casa, ni nada.

Margaret POWELL, En el piso de abajo, Alba, Barcelona, 2013.

viernes, 12 de julio de 2013


GOLDBERG: Seven rules for writing practice

Keep these in mind when you’re writing in your notebooks. 
1. Keep your hand moving 
2. Be specific 
3. Don’t think 
4. Lose control 
5. Don’t worry about spelling, punctuation, or grammar 
6. You are free to write the worst junk in America 
7. Go for the jugular (don’t be afraid to write about difficult things)

ROSÁN: Australopithecus australopitheci megantereon

Somos fuertes, ¿a que sí? Sólo los más fuertes lo logran, resolló. Los rugidos se escuchaban ahora más cerca. Sé que lo conseguiremos. No podrán alcanzarnos. Reanudó la carrera. Aproveché que me daba la espalda para coger un palo. Miré hacia atrás, pero la hierba ocultaba a nuestros perseguidores. Comencé a correr hasta alcanzarle. Luego, seguí corriendo y sólo cuando le escuché gritar me di cuenta de que seguía aferrando el palo. Lo dejé caer. El árbol estaba a unos pocos pasos. Los gritos continuaron durante un rato. Sí, es verdad que sólo los más fuertes lo logran.

miércoles, 10 de julio de 2013

AGUIRRE ZIMERMAN: El león y el comandante

El león del zoo de Kabul

Hace siete años cuando los mujaidines reinaban en Afganistán (eran unos comandantes súper atarvanes y bárbaros) uno de ellos se tomó a Kabul. Como prueba de su poderío, decidió ir al zoológico (que en realidad sólo tiene conejos y en ese entonces un león) y meterse a pelear a mano limpia con el único león de Afganistán. (Definitivamente los hombres se vuelven locos cuando tienen el poder). Este león era el orgullo de la ciudad porque era muy peludo y rugía muy duro. (A los afganos les encantan las muestras de poder). El pendejete se metió a la jaula sin armas y, como era de esperarse, el león lo mató de un zarpazo y casi se lo come. Lograron sacar el cadáver y al otro día un hermano del comandante, que había decidido vengarse del animal, se fue para el zoológico y le tiró una granada a la jaula. Afortunadamente no lo mató, pero le dañó la mandíbula. Los habitantes se pusieron muy tristes y llamaron a MSF para que lo atendiera. MSF puso todo su empeño en salvarlo y lo logró. Lastimosamente el león quedo un poco boquineto y cicatrizado y hace apenas dos años se murió de viejo. Son una leyenda en la ciudad: el león, por matar al comandante, y MSF, por salvar al león.

Natalia AGUIRRE ZIMERMAN, 300 días en Afganistán, Anagrama, Barcelona, 2006.

martes, 9 de julio de 2013

RAMÓN: El pospartido


Había sido una paliza: el Equipo Rojo había encajado tres goles y no había sido capaz de meter ninguno. Cuando el árbitro pitó el final, los jugadores arrastraron los pies hacia el área que habían estado defendiendo durante la segunda parte: allí esperarían el veredicto.

Los jugadores del Equipo Amarillo, por su parte, estaban exultantes: no se habían limitado a derrotar al hasta entonces equipo campeón, le habían vapuleado.

–¡AHORA COMENZARÁ LA VOTACIÓN DEL JUGADOR MÁS DECISIVO! –anunció en seis idiomas la megafonía del estadio.

Aolebra, lateral derecho del Equipo Rojo, era consciente de que no había hecho un buen partido, pero su misión había sido la más difícil: tratar de frenar a la estrella del Equipo Amarillo. Se dio cuenta de que sus compañeros le evitaban. Sí, él iba a ser uno de los chivos expiatorios. ¡Demonios, nadie hubiera sido esa noche capaz de frenar a Ramyen!

En los seis continentes, cientos de millones de espectadores estaban votando. Algunos lo harían tres, cuatro veces: querían asegurarse que ganara su jugador favorito, aunque esa noche el resultado estaba bastante claro. Ramyen sólo había hecho subir un tanto al marcador, pero había sido un golazo antológico. Sallisac no había podido hacer nada. Es lo que le estaba diciendo a Somar.

–Me dobló los dedos. Fue un trallazo, colega.

–Eso era imparable –decía Somar, que todavía le daba vueltas al penalti que había fallado.

–Y el primer gol… Tuvimos mala suerte. Derf se encontró con la pelota en el suelo y tuvo la suerte de empujarla.

Somar le puso la mano en el hombro a Sallisac.

–Vamos, ánimo. Hemos luchado durante todo el campeonato. La gente lo ha visto.

–¡YA SABEMOS QUIEN HA SIDO EL MEJOR JUGADOR DEL TORNEO! –anunció la megafonía.
Los jugadores se volvieron hacia el videomarcador–. ¡¡EL MEJOR JUGADOR HA SIDO… RAMYEN!!

Comenzaron a repetir el segundo gol, el que Ramyen marcó a dos minutos del final de la primera parte, el gol que acabó hundiendo al Equipo Rojo.

El delantero del Equipo Amarillo se dirigió al centro del campo y recogió el trofeo. Saludó al público. Desde el área del Equipo Rojo, Ivax sintió un nudo en el estómago. Él había obtenido ese trofeo en el anterior torneo, pero en éste no habían dejado de criticarle desde el primer partido. Hasta sintió un poco de temor por lo que pudiera ocurrir en la siguiente votación… No, imposible. Otros jugadores lo habían hecho peor: Aolebra, que había dejado un hueco tremendo en la banda derecha; Somar, empeñado en meter gol para impresionar a su novia; Sallisac, que ya no paraba nada; Serrot, el delantero que no metía goles; Euqip, que había sido expulsado; Ordep, que había fallado un gol cantado en el momento decisivo.

Aolebra contempló el trofeo que exhibía Ramyen. Quizá hubiera debido castigarle más los tobillos. Ohniroum, su anterior entrenador, le habría animado a hacerle faltas continuas a Ramyen.  Pero este Euqsobled… ¿Les había dicho que vigilaran las faltas?

–AHORA COMIENZA LA NOMINACIÓN DE LOS TRES PEORES JUGADORES –anunció la megafonía.

Los jugadores del Equipo Rojo se abrazaron, como era costumbre. Dejaron a Aolebra en uno de los extremos.

–Vamos, compañeros, que no lo hemos hecho tan mal –gritó Somar–. No lo hemos hecho tan mal.

El campo estalló en aplausos cuando salió la excavadora. Se dirigió hacia una de las pocas zonas libres del estadio: se llevaban celebrando partidos allí desde hacía más de sesenta años; pronto estaría lleno. Aolebra pensó por unos instantes que bajó sus pies se encontraban decenas de futbolistas ilustres. Jugadores que aparecían en todos los libros de historia.

–¡¡ATENCIÓN!! ¡¡ATENCIÓN!!

Los jugadores del Equipo Rojo sintieron un estremecimiento. La mayoría de ellos habían pasado por la misma situación en otras ocasiones, pero cada vez era tan terrible como la primera.

–LOS ESPECTADORES DE TODO EL MUNDO HAN VOTADO. LOS PEORES JUGADORES DE LA FINAL HAN SIDO… AOLEBRA…, SALLISAC Y… ATAM.

El campo estalló en un escándalo terrible: pitidos, gritos. Los jugadores que habían sido indultados se dirigieron rápidamente a la salida. Aolebra se dio cuenta de que sentía una cierta alegría: ¿creía Sallisac que se iba a librar? Siempre pensó que era un jugador sobrevalorado. Pero, ¿Atam? Le miró: el centrocampista parecía haber sufrido un ataque cataléptico.

Poco a poco, el estadio se fue quedando sin público. Apagaron casi todos los focos. En un extremo, después de que retiraran un trozo de césped, la excavadora había comenzado a sacar paletadas de tierra.

–Hemos hecho todo lo posible, colegas –dijo Sallisac–. Prefiero que me haya sucedido esto en una final que hemos perdido por mala suerte que en cualquier otro partido. Los once merecíamos estar aquí. Los once o ninguno.

Atam no estaba escuchando esas palabras de consuelo. No había parado de repetirse que había jugado como siempre, había jugado como siempre, había jugado como siempre.

–¿Están preparados? –preguntó una voz.

Sólo entonces Aolebra se dio cuenta de que no había marcha atrás. Tendría que haber machacado a faltas a ese maldito Raymen, haberle destrozado la rodilla.

–Vamos.

VELÁSQUEZ: Una buena reputación de gran tirador

La amistad con Daniel Ortega le facilita inmensamente el desarrollo de sus actividades. Tal es la relación con el jefe sandinista que, estando en una base militar junto con él e Iván Marino Ospina, Pablo les propuso dispararle a una botella, para ver quien tenía mejor puntería. Los dos hombres aceptaron el reto entre risas. Una botella fue colocada a 30 metros de distancia, en lo alto de un estacón de la alambrada de púas. Ortega le facilitó una pistola a Iván Marino, de un subalterno suyo. Le pidieron a Pablo que disparara primero; éste no se hizo rogar y sacó la suya que siempre lo acompañaba; dió en el blanco disparando con naturalidad. Una nueva botella se colocó; el turno fue para Ortega, errando su disparo; le siguió Iván Marino, quien igualmente no dio en el blanco. Los tres se miraron, una sonrisa de triunfo se dibujo en los labios de Pablo. Éste apunto de nuevo su arma a la botella y Ortega le dice: "¡Pablo no quede mal, no lo intente de nuevo que ya lo logró!" Iván Marino le da la razón a Ortega. El Patrón sin contestar nada, dispara, dando de nuevo en el blanco; esto le valió una buena reputación de gran tirador entre los dos líderes de izquierda.

Astrid LEGARDA, El verdadero Pablo,  Dipon/Gato Azul, Bogotá, 2005.

viernes, 5 de julio de 2013


ECHEGARAY: Plácido

Escena primera

PLÁCIDO, en la puerta, mirando hacia fuera. 

PLÁCIDO.-Sí, la puesta del sol es muy hermosa, ¡admirable! ¡La Naturaleza ama el lujo..., ¡como yo! Pero ella es rica, puede derrochar tesoros. ¡Yo soy pobre, mis tesoros son éstos! (Viniendo al interior.) Paredes enyesadas y sucias. Muebles que se deshacen en polilla. Una mesa que vino en línea recta de aquel pinar. Y para alumbrarnos esta noche, un cabo de vela: hay que economizarlo; que si no, nos quedamos a oscuras. ¡Oh sol, párate y sigue alumbrando, que me quedo sin palmatoria! (Ríe con risa forzada. Va a sentarse, el mueble cruje y él se levanta.) ¡No puedo sentarme, que me quedo sin muebles! ¡Oh! Pero, en cambio, mi reja es un jardín. Lo cuida Blanca. ¡Qué linda es, y qué buena! ¿Y para qué le sirve la bondad? Para traerme esas flores, que siempre están asomadas a la ventana como queriendo volverse al campo. ¿Y para qué le sirve su hermosura, envuelta en miserables trapos de campesina pobre? En Madrid, ya sería otra cosa. ¡Madrid! ¡Oh! Si yo fuera muy rico, me la llevaría a Madrid..., sí, Blanca conmigo..., y después la pasearía en triunfo por Europa. Pero ahora, lindamente ataviada, está para pasearla en triunfo. ¡A la vaquería o al corral! ¡Cuando más, a la era! ¡Aunque se rompa! (Dejándose caer en el sofá.) Estoy cansado. Cansado porque no lucho; pero no lucharé. Yo he de subir: no sé cómo, como pueda... ¡Arriba, como pueda! Bien a bien, o mal a mal. Hola, ¿quién es? 

José de ECHEGARAY, A fuerza de arrastrarse.

lunes, 1 de julio de 2013

GARCÍA: Líbranos de la maleza


La maleza es el equivalente floral en América a la grasa corporal, a los actos inmorales, a la pereza, a la desidia, a la mentira e incluso a la pobreza, que todavía arrastra algún estigma en estos lares como plasmación material de las carencias espirituales. Algo que hay que erradicar de raíz en el sentido más literal del término y para lo que no hay excusas físicas, económicas o geográficas en el caso de que tu jardín se halle en una intersección o en primera línea.

Si tienes maleza, los vecinos por primera vez se involucrarán en tu vida y cuestionarán tus hábitos, tu personalidad y moralidad.

He conocido personas que por sus creencias o desconfianza en el sistema, no vacunan a sus hijos y no sufren el mismo rechazo que aquellos que dejan la maleza crecer en su propiedad. En el siglo XXI, contagiar la maleza se considera un mal peor que la tuberculosis, la difteria o incluso la obesidad por las que nadie te critica.

De todas las guerras que libran los norteamericanos en el mundo, la peor y la que afecta más la vida de las gentes pasa dentro de casa. Es la guerra contra la mala hierba, más en el sentido literal que figurado.

César GARCÍA, La obsesión por la maleza.

sábado, 29 de junio de 2013

Había perdido el juicio


Paul Troost había sido militante nacionalsocialista durante muchos años. Se había suicidado poco después de la llegada al poder de los nazis. Hitler había mantenido con ambos una relación muy estrecha durante mucho tiempo. Juntos habían trabajado en los planes para los grandiosos palacetes que Hitler quería construir para el Partido después de su ascenso al poder. A requerimiento de Hitler, Troost se encargaba de los diseños, que se convertirían en una obsesión para Hitler. Nunca se habían podido aclarar los motivos por los que el profesor Troost puso fin a su vida. En el entorno de Hitler se especulaba que después del triunfo nazi y en vista de la posibilidad de poder realizar todos sus proyectos, Troost había perdido el juicio y se había matado. 

Henrik EBERLE, Matthias UHL, El informe Hitler,Tusquets, Barcelona, 2008.

miércoles, 26 de junio de 2013

S.T.T.L. Richard Matheson

Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir. Y de pronto nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.

Tosió carraspeando. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se tomaba las pildoras. Se estrecha el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo.

Soy leyenda.

Richard MATHESON, Soy leyenda, Minotauro, Barcelona,2008.

lunes, 24 de junio de 2013

BRETÓN: Solitario

No he triunfado, he fracasado... Las calles están llenas de gente pero yo estoy solitario, como un alma en pena.

Vicente GARRIDO, Patricia LÓPEZ, El secreto de Bretón, Ariel, Barcelona, 2013.

domingo, 23 de junio de 2013

DENEVI: La mujer ideal no existe

Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difunto don Quijote le había hecho de Dulcinea. Verde de envidia, Aldonza masculló:

–Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puedo asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.

Marco DENEVI, Falsificaciones, Thule Ediciones, Barcelona, 2008.

ORTEGA Y GASSET: La suprema misión de la mujer

La mujer fue primero para el hombre una presa —un cuerpo que se puede arrebatar. A esta emoción venatoria sucede un sentimiento más delicado y de signo opuesto Lo que en la mujer puede ser botín y presa que se toma de arrancada no satisface. Un mayor refinamiento del hombre le hace desear que la presa lo sea por espontánea impulsión. El botín de su feminidad, en rigor, no se posee si no se gana. La presa se torna premio. Y para alcanzarlo es preciso hacerse digno de él, adecuarse al ideal de» hombre que en la mujer dormita. Por este curioso mecanismo se invierten los papeles: el eversor cae prisionero. Si en la época del mero instinto sexual la actitud del varón es predatoria y se arroja sobre la belleza transeúnte, en esta etapa de entusiasmo espiritual se coloca, por el contrario, a distancia, se orienta desde lejos en el semblante femenino para sorprender en él la aprobación o el desdén.La verdadera misión histórica de la hembra humana aparece sin claridad por olvidarse que la mujer no es la esposa, ni es la madre, ni es la hermana, ni es la hija. Todas estas cosas son precipitados que da la feminidad, formas que la mujer adopta cuando deja de serlo o todavía no lo es. Sin duda, quedaría el universo pavorosamente mutilado si de él se eliminasen esas maravillosas potencias de espiritualidad que son la esposa, la madre, la hermana y la hija —de tal modo venerables y exquisitas, que parece imposible hallar nada superior.
Mas es forzoso decir que con ellas no están completas las categorías de la feminidad y que ellas son inferiores y secundarias si se emparejan con lo que es la mujer cuando es mujer y nada mas. Cada una de esas advocaciones del ser femenino se diferencia de las restantes y se define por su oficio eficaz. Nadie ignora lo que es ser madre y esposa, hermana o hija. Pues bien, ese cuádruple oficio conmovedor no existiría si la hembra humana no fuese además —y antes que todo eso— mujer. ¿Pero qué es la mujer cuando no es sino mujer? Yo no podría responder a esta pregunta sin rectificar antes la tradicional noción de los ideales. Desde hace doscientos años, señora, el oficio de la mujer, cuando no es sino mujer, es ser el concreto ideal («encanto», «ilusión») del varón. Nada más. Pero nada menos. Puede un hombre amar con insuperable fervor a la madre, esposa, hija o hermana sin que haya en su sentimiento la menor tonalidad de ilusión. Por el contrario, puede sentirse ilusionado, encantado, atraído, sin que experimente nada de eso que propiamente llamamos amor filial, paterno, conyugal o fraternal. Las mujeres, con su aguda intuición, distinguen perfectamente cuándo en las emociones que suscitan existe ese matiz de la ilusión y, en el secreto de su ánima, sólo entonces se sienten halagadas y satisfechas. Decía Ramón Campos, un fino escritor español de fines del siglo XVIII, que «sólo una cosa puede llenar por completo el corazón del hombre, y es el corazón de la mujer». De suerte que la mujer es mujer en la medida en que es encanto o ideal. La profunda intervención femenina en la historia no necesite consistir en actuaciones, en faenas, sino en la inmóvil, serena presencia de su personalidad. A mi juicio, es ésta la suprema misión de la mujer sobre la tierra: exigir, exigir la perfección al hombre.

José ORTEGA Y GASSET, Obras completas. Tomo III. Epílogo del libro De Francesca a Beatrice, Revista de Occidente, Madrid, 1966.

sábado, 22 de junio de 2013

S.T.T.L. Javier Tomeo

Soy un animal que jamás existió. Todo lo que les diga a partir de este momento, por lo tanto, les llega desde una dimensión mágica en la que a pesar de todo, deberían ustedes creer. 

Me llamo Unicornio. Me describen como un animal pequeño, semejante al macho cabrío, con un solo cuerno en medio de la frente. Dicen que tengo la virtud de purificar el agua de las fuentes. Mi fiereza es proverbial y los cazadores, temerosos, me rehuyen. Cuando descubro una doncella virgen, sin embargo, pierdo toda mi ferocidad. Me aproximo a ella, salto a su regazo y la dulce muchacha me acaricia, me alimenta y me conduce a su palacio. 

Estas dos circunstancias (el temor que inspiro a los cazadores y la mansedumbre que demuestro ante las doncellas) hacen, de cualquier modo, que de vez en cuando me formule algunas preguntas de difícil respuesta: 

Primera pregunta: ¿Y si los cazadores no se nos acercasen, no por el temor que podamos inspirarles, sino, simplemente, porque saben que somos una entelequia? 

Segunda pregunta: ¿Es que acaso hay cazadores tan entusiastas que persigan quimeras? 

Tercera pregunta: los libros dicen que, al ser apresados por una doncella, el demonio que hay encerrado dentro de nosotros es vencido por la castidad. Eso estaría muy bien , pero ¿ y si fuese precisamente al revés? ¿Y si fuésemos nosotros los que, atraídos por el raro perfume de las doncellas, nos acercásemos a ellas para seducirlas? 

 Cuarta pregunta: ¿Y si ellas, enardecidas por nuestras ardientes miradas, nos condujesen a sus palacios para consumar amores sin nombre, que los hombres nacidos de mujer ni siquiera son capaces de imaginar?

Javier TOMEO, El unicornio.

domingo, 9 de junio de 2013

HITCHCOCK: A stranger who doesn’t look at all the way I feel

Some writers say that Cary Grant was my fantasy alter ego. Silliness. When I look into my mirror, I don’t see Cary Grant. I look into my mirror as little as possible, because the person who looks back at me has always seemed something of a stranger who doesn’t look at all the way I feel. But, somehow, he kept getting into my mirror.

Charlotte CHANDLER, It’s Only a Movie: Alfred Hitchcock, a Personal Biography, Simon & Schuster, Nueva York, 2005.

sábado, 8 de junio de 2013


CERCAS: Empecé a escribir tarde por culpa de Borges

Era un chico de familia muy católica, y esto me da mucha vergüenza reconocerlo, hasta que a los catorce años me enamoré de una chica. Pero al final del verano regresé a Barcelona y tuve la mala idea de ir a leer un libro de Unamuno, San Manuel Bueno Mártir. Fue terrorífico. Me armó un lío tan gordo, que perdí la fe, me di al tabaco… Con Unamuno me hice un lío tan grande que todavía no lo he arreglado. Porque éste se dedica a liarte y, además, te lo dice. La literatura era un chaleco salvavidas. Era un desubicado y tenía que agarrarme a algo, así que lo hice a la literatura. Era lector desde muy pequeño, pero después de Unamuno todo cambia. A partir de ese momento leí a brazo partido, como si me fuera la vida en ello, buscando las seguridades y la supervivencia. En Wikipedia dice que Javier Cercas leyó a Borges a los 15 años y que entonces se hizo escritor. Totalmente falso. Fue justo lo contrario: leí a Borges a los 15 años y lo que hizo fue aplazar mi atrevimiento a escribir. Empecé a escribir muy tarde por culpa de Borges.

Peio H. RIAÑO,  Empecé a escribir tarde por culpa de Borges.

El Confidencial, sábado 8 de junio de 2013.

jueves, 6 de junio de 2013

S.T.T.L. Tom Sharpe

El paseo de Wilt era un paseo interior y seguía un itinerario completamente distinto de su propia apariencia y de la de su ruta. Era en realidad una jornada de pensamiento ávido, un peregrinaje por sendas de posibilidad remota que implicaban la desaparición irrevocable de la señora Wilt, la adquisición súbita de riqueza, de poder, lo que haría él si le nombrasen ministro de educación, o, aún mejor, primer ministro. 

Tom SHARPE, Wilt, Anagrama, Barcelona, 2005.

lunes, 3 de junio de 2013

MACHADO: Ruteñismo


 Que usted haya nacido en Rute, y que se sienta usted relativamente satisfecho de haber nacido en Rute, y hasta que nos hable usted con cierta jactancia de hombre de Rute, no me parece mal. De algún modo ha de expresar usted el amor a su pueblo natal, donde tantas raíces sentimentales tiene usted. Pero que pretenda convencernos de que, puesto a elegir, hubiera usted elegido a Rute, o que, adelantándose a su propio índice, hubiera usted señalado a Rute en el mapa del mundo como lugar preciso para nacer en él, eso ya no me parece tan bien, querido don Cosme.

Antonio MACHADO, Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, Alianza Editorial, Madrid, 2009.