Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

jueves, 26 de septiembre de 2013

DeGENERES: When I first sat down to write

When I first sat down to write, I stared at the blank page and tried to think of some strategies for getting started. When I want a guest on my show to start talking and telling a good story, I ask them a question. So I asked myself a question that I would ask a guest: “When did you first fall in love with Tim McGraw?”

That didn’t get me anywhere and I quickly realized I shouldn’t ask myself questions that are so specific to Faith Hill.

So I asked myself a different question.“What made you take on the role of Precious?”

That didn’t work, either. So then I began to think about you, the readers. Who are you? What are you doing? What are you wearing? (Not in a weird way.) I thought it would help to put myself in your shoes for a moment. It always helps to think about other people instead of just ourselves.

Ellen DeGENERES, Seriously... I'm kidding, Grand Central, N.Y., 2011.

martes, 24 de septiembre de 2013

KING: ¡La novela!

  • Un niño descubre que su padre y madre están teniendo aventuras...
  • Un niño, ciego desde el nacimiento, es secuestrado por su abuelo lunático que...
  • Un adolescente se enamora de la mejor amiga de su madre y...
  • Un tímido pero dedicado profesor de una pequeña escuela y su atlética pero en gran parte analfabeta novia tienen una pelea tras...

Stephen KING, UR, 2009.

lunes, 23 de septiembre de 2013

S.T.T.L. Mutis

Todo comenzó cuando Maqroll se fue quedando en el puerto de La Plata y pospuso, por un tiempo indefinido, la continuación de su viaje río arriba. Se trataba, en esta navegación hacia las cabeceras del gran río, de encontrar alguna huella de vida de quienes compartieron, años atrás, algunas de sus miríficas empresas. Desalentado por la ausencia de la menor noticia sobre sus antiguos compañeros y con amargo sabor en el alma al ver cómo se agotaban las últimas fuentes que nutrían esa nostalgia que lo había traído desde tan lejos, concluyó que le daba igual quedarse allí, en el humilde caserío, o seguir remontando la corriente, ya sin motivo alguno que lo moviera a hacerlo.

Álvaro MUTIS, Un bel morir, Norma, Bogotá, 1992.

viernes, 20 de septiembre de 2013


APPY: Me arrastró y me sacó del agua


En 1994 viajó a Vietnam. Un día fue a la Playa China cerca de Danang, al atardecer se dio un baño y de repente se vio atrapado por una fuerte corriente.

"Pensé: ¡Qué absurdo! ¡Sobreviví a la guerra y ahora me estoy ahogando como un turista! No hacía mas que tragar agua y me veía realmente apurado. De pronto apareció justo frente a mí un hombre de unos cuarenta kilos, como un dardo. Lo primero que pensé fue: ¡Vietcong! Nos miramos frente a frente, sondeando cada uno el alma del otro, y al final aquel joven socorrista vietnamita me arrastró y me sacó del agua."

 Christian G. APPY, La guerra de Vietnam. Una historia oral, Crítica, Barcelona, 2009.

jueves, 19 de septiembre de 2013

ARENAS: Llorando de impotencia por no poder escribir

Lázaro se sentaba en la escalera del edificio, hablando solo, increpando al techo, diciendo cosas incoherentes. En esas ocasiones no conocía a nadie, ni siquiera a mí. Quería escribir y no podía hacerlo; a las dos o tres líneas soltaba el papel y lloraba impotente. Yo le decía que él era un escritor aun cuando nunca lograra escribir una cuartilla y eso lo consolaba. Quería que yo lo enseñara a escribir, pero escribir no es una profesión, sino una especie de maldición; lo más terrible era que él estaba tocado por esa maldición, pero el estado en que se encontraban sus nervios le impedía escribir. Nunca lo quise tanto como aquel día en que lo vi sentado frente al papel en blanco, llorando de impotencia por no poder escribir.

Reinaldo ARENAS, Antes que anochezca, Tusquets, Barcelona, 1992.

PIÑERA: El infierno

Cuando somos niños, el infierno es nada más que el nombre del diablo puesto en la boca de nuestros padres. Después, esa noción se complica, y entonces nos revolcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman, ¡las llamas de la imaginación! Más tarde, cuando ya nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia noz ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podríamos aclimatarnos. Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos todavía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la parte de sufrimiento. Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues ¿quién renuncia a una querida costumbre? 

Virgilio PIÑERA, El infierno.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

S.T.T.L. Martí de Riquer

 

Don Quijote no fue caballero por tres razones: porque estaba loco, porque era pobre y porque una vez recibió por escarnio la caballería. Aunque hubiera recobrado la razón y aunque hubiera allegado una cuantiosa hacienda, el hidalgo manchego jamás hubiera podido ser armado caballero, porque una vez, contra lo legislado en la Segunda Partida, recibió la caballería por escarnio.

Obsérvese que toda la novela transcurrirá acomodada a este equívoco inicial. Las personas sensatas que toparán con don Quijote comprenderán al punto que se trata de un loco que se figura que es caballero. Sólo los rústicos, como los cabreros, los chiflados, como el primo, o los tontos, como doña Rodríguez, se tomarán en serio la caballería del hidalgo manchego. Y también Sancho Panza, a pesar de su sentido común. Pero Cervantes ha sido muy hábil, y ha colocado el episodio del "armazón" de la caballería antes de que en la novela aparezca el escudero. Si Sancho hubiese estado en la venta cuando don Quijote fue armado hubiera visto la realidad: que aquello era venta y no castillo, que el ventero no era ningún castellano y que toda la escena fue una farsa.

La novela se basa, pues, en un error, producto de la locura del protagonista, que, como buen monomaníaco es un hombre sensato, prudente y entendido en todo menos en lo que afecta a su desviación mental. Don Quijote, hombre bueno, inteligente, de agudo espíritu, de un atractivo sin límites y admirable conversador, sólo denuncia su locura al creerse caballero y al amoldar cuanto le rodea al ficticio y literario mundo de los libros de caballerías.

Martín de RIQUER, Aproximación al Quijote,  Salvat, Barcelona, 1969.

martes, 17 de septiembre de 2013

ARENAS: Orden de Rompimiento de Amistad

Señor:

De acuerdo con el balance de liquidación de amistades que cada fin de año realizo, basado en rigurosas constataciones, paso a comunicarle que usted ha pasado a engrosar la lista del mismo.

Atentamente,

Reinaldo Arenas

Reinaldo ARENAS, Antes que anochezca,  Tusquets, Barcelona, 1992.

lunes, 16 de septiembre de 2013

domingo, 15 de septiembre de 2013

VERMES: Usted y todas las mujeres alemanas

 

Miré enternecido a aquella joven que, infatigable y con paso elástico, caminaba a mi lado. Me aclaré la garganta, pero me temo que se notó un poco mi emoción cuando le dije:

—Es usted muy valiente.

—Desde luego —dijo sonriente—, no quiero tener este puesto subalterno toda mi vida.

Claro. Puesto subalterno. Tenían que prestar servicios auxiliares, para los rusos. No pude explicarme de buenas a primeras cómo ocurría eso en este mundo nuevo, pero no podía ser más típico de aquella escoria de la humanidad. No quería imaginar en qué podrían consistir esos servicios auxiliares bajo el yugo bolchevique. Me detuve de golpe y la agarré por el brazo.

—¡Míreme! —dije. Y cuando se volvió hacia mí un poco sorprendida, la miré fijamente a los ojos y añadí con solemnidad—: Le prometo firmemente que tendrá el porvenir que corresponde a su origen. ¡Trabajaré personalmente con todas mis fuerzas para que usted y todas las mujeres alemanas no sigan sirviendo mucho tiempo a esas gentes inferiores! Le doy mi palabra, señorita…

—… Özlem —dijo.

Timur VERMES, Ha vuelto,  Seix Barral, Barcelona, 2013.

jueves, 12 de septiembre de 2013

miércoles, 11 de septiembre de 2013

GARCÍA SERRANO: Cataluña libre


Resulta que Cabanellas fue a visitar en 1936 a la centuria catalana de Nuestra Señora de Montserrat, que se batía en Espinosa. "Os traigo turrones y vinos, y cuanto precisáis para pasar las próximas fiestas navideñas. Ya sé que estáis lejos del hogar, pero yo os prometo que pronto tendréis la Cataluña libre... (codazo del ayudante y sonrisas en la centuria), libre... ¡libre de los rojos que la subyugan!".

Rafael GARCÍA SERRANO, Diccionario para un macuto, Editora Nacional, Madrid, 1964.

lunes, 9 de septiembre de 2013

BIERCE: Rezar

Rezar. Pedir que las leyes del universo sean anuladas en beneficio de un solo peticionante, confesadamente indigno.

Ambrose BIERCE, Diccionario del Diablo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

GARCÍA SERRANO: Guerra química a la española

Un veterano carlista explica a Mola la receta para tomar fortines o casas donde el enemigo se las tenga tiesas: "Primero se derriba la puerta a cañonazos. Luego se penetra en el portal por medio de un auto blindado, y una vez ganada la planta baja, se vierte en ella un costal de paja, se le prende fuego y se arroja sobre la hoguera una docena de guindillas bien secas, las cuales invadirán con un vapor todo el edificio que les pondrá en la alternativa de asfixiarse todos, entregarse o huir. Con este motivo le saluda este pobre veterano, cadete de Carlos VII, que desea el triunfo de la religión, de la patria y de un rey católico que extirpe todas las herejías... Así se evitan derramamientos de sangre".

Echar el pulmón por la boca no le parecía derramamiento de sangre a este arbitrista militar, que no andaba muy descaminado en su invento, pues a guindillazos rindió Espoz y Mina, un tipo de una vez, a los gabachos que guarnecían Puente la Reina, en pleno camino de Santiago, y algo así hizo Zumalacárregui en la ribera de Navarra.

Rafael GARCÍA SERRANO, Diccionario para un macuto, Editora Nacional, Madrid, 1964.

viernes, 6 de septiembre de 2013

LAPIERRE: Virginidad universitaria

Cuando llegamos a Austin me propusieron visitar la universidad. Era muy grande y ultramoderna. Los estudiantes jóvenes, hermosos y ruidosos, se divertían en la piscina o en el restaurante. Algunas parejas paseaban por el campus cubierto de césped y bordeado de robles. Alrededor del campus había numerosos pilares. Pregunté para qué servían. La respuesta fue maravillosa:

—En lo alto de los pilares hay unos focos que iluminan todo el campus desde el anochecer e imitan, con sus reflejos, el claro de luna. Sirven para impedir cualquier actividad amorosa nocturna. Los instalaron después de que se produjeran unos cuantos escándalos —concluyó mi interlocutor, entre risas.

Un poco más allá pasamos ante la estatua del fundador de la universidad, que estaba sentado en un sillón.

—¿Ve esta estatua? —prosiguió mi amigo—. Según un proverbio de la universidad, cuando una chica, después de cuatro años de estudios y de vida en el campus sigue virgen y pasa ante esta estatua, la estatua se levanta.

Dominique LAPIERRE, Un dólar cada mil kilómetros, Planeta, Barcelona, 2001.

GARCÍA MÁRQUEZ: Obras públicas ornamentales

Lo que hizo la Junta Militar fue dar una apariencia impresionante de prosperidad inmediata. El resultado, una explosión de obras públicas ornamentales que fomentaban la ilusión de una bonanza espectacular.

Gabriel GARCÍA MÁRQUEZ, La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile, Grijalbo, Barcelona, 1995.

jueves, 5 de septiembre de 2013

GARCÍA SERRANO: Bombas vegetales

El más insólito bombardeo de la historia de la aviación lo llevaron a cabo José María Osborne y el marqués de Paradas, del Club Aéreo sevillano. Un hermano del primero, que aguantaba con un puñado de hombres las tarascadas rojas en un pueblecito de Sevilla, les pidió auxilio. Como no tenían bombas —cuenta en su divertido y sencillo volumen de memorias militares Combate sobre España el capitán José Larios, duque de Lerma— cargaron su avioneta con sandías, las cuales, al ser arrojadas a mano y con ira producían un silbido precursor del de los Stukas, y además reventaban con tal calidad y profusión de tonalidades rojas y pepitas negras, que el cerco fue levantado por retirada del enemigo. Hay momentos en que el ánimo no se inclina a la metódica observación de los hechos, ni mucho menos a extraer de ella las lógicas consecuencias.

Rafael GARCÍA SERRANO, Diccionario para un macuto, Editora Nacional, Madrid, 1964.

MARÍAS: Sterne

Fue enterrado con poco acompañamiento en el cementerio de una iglesia de Hanover Square, y de allí fue robado unos días después para ser vendido al profesor de anatomía de la Universidad de Cambridge, precisamente donde él había estudiado. Al parecer, cuando ya estaba acabando la disección del cuerpo, uno de dos amigos a quienes el profesor había invitado a presenciar la sesión, descubrió por azar el rostro del muerto y reconoció a Sterne, a quien de hecho había sido presentado no hacía mucho. El invitado se desmayó, y el profesor, al enterarse de a qué ilustre gloria había sometido al escalpelo, se cuidó de que al menos el esqueleto fuera conservado. En la colección de huesos cantabrigense se ha intentado identificar más de una vez su calavera, pero sin éxito, por lo que en verdad se ignora dónde yace el buen Laurence Sterne. Probablemente a él no le habría importado, pues si bien dijo, al echársele la muerte encima, que le "habrían gustado otros siete u ocho meses... pero sea como Dios lo quiera".

Javier MARÍAS, Vidas escritas,  Círculo de Lectores, Barcelona, 1996.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

LAWRENCE: Tallal cabalga hacia la muerte


Tallal había visto cuanto había que ver. Empezó a sollozar como un animal herido; luego se dirigió a un altozano y se quedó allí quieto sobre su yegua, tiritando y con la mirada puesta en los turcos. Me acerqué a él para hablarle, pero Auda me cogió de las riendas y me detuvo. Muy lentamente, Tallal se tapó la cara con su pañuelo, y de pronto pareció dueño de nuevo de sí mismo, porque clavó las espuelas en los flancos de su yegua y arrancó al galope, inclinado hacia delante y bamboleándose en la silla, derechamente al grupo principal del enemigo.

Fue una larga cabalgada por una suave pendiente y a través de una hondonada. Nos quedamos allí quietos como piedras, mientras él se abalanzaba hacia su objetivo, con el ruido de sus cascos tamborileándonos extrañamente fuerte en los oídos, porque habíamos dejado de disparar y los turcos se habían detenido. Ambos ejércitos lo esperaban, y él siguió avanzando en medio del calmo atardecer hasta quedar a poca distancia del enemigo. Entonces se enderezó en la silla y profirió su grito de guerra: "¡Tallal! ¡Tallal!", dos veces, con tremenda voz. Al instante, los rifles y ametralladoras empezaron a disparar, y él y su yegua, atravesados por múltiples balas, cayeron muertos entre las puntas de las lanzas.

T.E. LAWRENCE, Los siete pilares de la sabiduría, Ediciones B, Barcelona, 1997.

viernes, 30 de agosto de 2013

HERZOG: Hay otros Annapurna


Pienso en esta aventura que está terminando, en esta victoria inesperada. Siempre se habla del ideal como de un fin al que se tiende siempre sin alcanzarlo nunca. 

El Annapurna, para todos nosotros, es un ideal realizado; en nuestra juventud no nos absorbían los relatos imaginarios ni los sangrientos combates que las guerras modernas ofrecen a la imaginación de los niños. La montaña fue para nosotros un campo de batalla natural en el que, jugando en las fronteras de la vida y de la muerte, buscábamos la libertad que oscuramente anhelábamos y que necesitábamos tanto como el pan.

El Annapurna, hacia el que hubiéramos ido todos con las manos vacías, es un tesoro sobre el cual viviremos… Con esta realización, una página se dobla… Una nueva vida empieza.

Hay otros Annapurna en la vida de los hombres

Maurice HERZOG, Annapurna. Primer ochomil,Ediciones Desnivel, Madrid, 2010.

lunes, 26 de agosto de 2013

GÓMEZ DE LIAÑO: Micaela Albite Portociños, testigo

Para historieta la que Camilo José Cela narra y que tiene como protagonista a una mujer de su villa natal, o sea, Padrón, que ejercía de testigo falso. Su nombre era Micaela Albite Portociños, alias Anduriña Tola, viuda de don Perpetuo Restande, alias Cagón do Demo, del comercio al detall. De ella, de Micaela, nuestro Nobel cuenta que se instalaba a eso de las nueve en el zaguán del juzgado, sacaba su calceta y esperaba a que alguien requiriera sus servicios y que podían ser varios. Desde la inscripción de un recién nacido en el registro civil hasta convencer al señor juez de que quien empezó la gresca en la romería y sacó la navaja cabritera fue fulano o mengano, aunque ella no podría jurarlo, si bien le parecía que sí, pero que no obstante la memoria le fallaba para ese preciso instante. Así de esta forma se pasaba toda la mañana hasta que daba la una y media y se iba a comer. "A tanto el testimonio, y aquí paz y después gloria", decía. Esto no lo cuenta mi admirado y tan a menudo añorado Cela, pero tras las indagaciones oportunas, me informan que la testigo Micaela falleció a los 96 años y que en su lápida, por debajo del nombre y de la fecha del óbito, algún paisano añadió: "Murió después de cumplir con su deber durante 15 trienios".

Javier GÓMEZ DE LIAÑO, De profesión, testigo

El Mundo, miércoles 21 de agosto de 2013.

 

POSADAS: Beefeaters

—Resulta —comenzó a contar Carmen— que de pronto se nos acerca él con aire de seductor de los años cuarenta, jugueteando con los gemelos de su camisa como siempre hace, y, después de preguntar eso tan original de "How do you do" y "Do you like London"...

—Sí —la interrumpió Dolores—, después de tan gran esfuerzo mental debió de pensar: "Voy a salirme un poco del guión preguntando algo realmente novedoso" , y dijo: "¿Y de qué país son?".

—"De Uruguay", contestamos nosotras —siguió Carmen—. "Venimos de Uruguay2...

—Y entonces —apuntó Dolores, nunca las había visto tan sincronizadas, a estas hijas mías—, supongo que para demostrarnos que sabía geografía y biología y ganadería todo al mismo tiempo, ¿qué crees que se le ocurrió decirnos, al muy ingenioso? Pues resulta que bajó la voz, se acarició los gemelos con aire irónico, rió y dijo: "Jo, jo, jo, de Uruguay, ¿eh? ¡En ese caso, vosotras sois las verdaderas Beefeaters!" . Y con otro jo, jo como los de Papá Noel cuando habla con los niños en los grandes almacenes, siguió de largo para saludar al embajador de Afganistán. Seguramente se creerá muy gracioso, el muy gilipollas.

—Y lo peor viene luego —continuó Carmen—. Como después de aquello debió de creerse que estaba en racha, tras preguntarle al embajador de Afganistán de dónde era, va y le dice: "¡Ah! Si ellas son del país de los Beefeaters, usted es del país de los comedores de opio. Jo, jo, jo" . "¿Su alteza lo ha probado esta noche?", le contestó el embajador con la misma rapidez que podía haberse sacado del traje regional afgano una faca o algo así. Menos más que allí estaban los acólitos para solucionar la cosa: uno de esos dos clones suyos que lo acompañaban cogió suavemente al príncipe por el codo y lo empujó hacia delante, hacia el siguiente embajador.

Carmen POSADAS, Gervasio POSADAS, Hoy caviar, mañana sardinas, RBA,Barcelona, 2008.

domingo, 25 de agosto de 2013

HERZOG: Una nueva vida

La noticia es dura, pero todavía ayer creía que las consecuencias serían mucho más crueles. Para mí, esto significa el abandono de muchos proyectos, implica también una nueva vida, tal vez otra concepción de la existencia… Todo es demasiado nuevo, y no tengo ni la fuerza ni la voluntad de mirar hacia el porvenir.

Maurice HERZOG, Annapurna. Primer ochomil,Ediciones Desnivel, Madrid, 2010.

sábado, 24 de agosto de 2013

MORO: No hay que huir de las montañas


 De nada sirve retirarnos dentro de nuestros hogares o refugiarnos en vidas acomodadas de lo que el destino nos tiene preparado. Incluso cuando nos escondemos en nuestros hogares, las enfermedades o accidentes pueden llegar por sorpresa y, sin previo aviso, entrar y atacarnos, poniendo nuestra resistencia a prueba. Muchas veces un destino implacable nos obliga a librar batallas sólo para recordarnos que la muerte está ahí. Otras veces tenemos que luchar mucho para librarnos de ella. Por eso no creo que huir de las montañas sirva para evitar estas pruebas. Tal vez podrían haber llegado de diferentes maneras o en diferentes momentos. A lo mejor, si me hubiera visto luchando a mí mismo contra la frustración, sentado en el coche en mitad de un atasco o luchando contra un amor no correspondido, habrían llegado en una forma diferente o en otro momento.

**

 Muchas veces he pensado en la avalancha que segó la vida de Anatoli y Dimitri, sus pasiones, sus miedos y la asimilación de los riesgos. Sin embargo, fue también esa avalancha la que me devolvió la vida, la que me decidió a no aceptar la derrota. Si dejase de escalar montañas, significaría que la avalancha me habría quitado la vida a mí también.

Simone MORO, Estrellas en el Annapurna, Ediciones Desnivel, Madrid, 2011.


viernes, 23 de agosto de 2013

BOUKREEV: Acumulación de experiencia

 

Yo me había educado en la tradición de la Escuela Rusa de Montañismo de Altitud, donde el esfuerzo colectivo y el trabajo en equipo adquieren siempre el papel preponderante, en tanto las ambiciones personales quedan relegadas a un segundo plano. Nuestra práctica en la formación y preparación de los escaladores persigue una acumulación de experiencia y confianza por parte del alumno durante un largo período de tiempo, comenzando en las montañas bajas y progresando hasta los ochomiles una vez se ha alcanzado la preparación adecuada. Pero aquí, según mi entender y tal y como había sido el caso en otras expediciones comerciales, mi papel consistía en preparar la montaña para los clientes, y no al revés.

Anatoli BUKREEV, G.W. DeWALT, Everest 1996, Ediciones Desnivel, Madrid, 2011.

CHAVES NOGALES: Pinturas patrióticas

Se habían creado unos Hogares del soldado cuya finalidad parecía no ser otra que la de sumir en la memez y la insustancialidad a los hombres. Un joven pintor de gran talento que se hallaba movilizado me contaba que un día le había llamado su comandante para encargarle la decoración de una vasta sala en la que había de ser instalado el hogar del soldado.

—Pínteme usted en las paredes —le había dicho — algo que sea divertido y patriótico, para que los muchachos estén alegres y tengan buena moral.

—Yo no sé pintar nada divertido y patriótico —replicó malhumorado el artista.

—¡Cómo! ¿Pues no es usted pintor? ¿Qué pinta usted entonces?

—Yo hago pintura abstracta —repuso el artista con altivez.

El comandante frunció las cejas y luego, alzándose de hombros, añadió:

—Bueno; pinte usted lo que le dé la gana con tal de que no sea comunista. Como me pinte usted algo que huela a comunismo lo encierro en el calabozo durante dos meses. ¡Ah! ¡Y ponga usted banderitas, muchas banderitas tricolores!

Manuel CHAVES NOGALES, La agonía de Francia, Libros del Asteroide, Barcelona, 2010.

jueves, 22 de agosto de 2013

AL-HAKIM: Me parece que tu señoría está haciendo oposiciones a pasar calor en el Sur

Subí a mi despacho, y encontré en él, esperándome, al señor cadí «residente», al que el criado había servido el café. Apenas me vio, me dijo:

—Se acabó. La anarquía reina en el país.

Quise abrir la boca para pedirle una explicación; pero no me dejó tiempo y siguió:

—Pasó a la historia el respeto a las sentencias.

—Pues ¿qué sucede?

—Sucede, señor mío, que yo dicté una sentencia civil contra un alcalde de los afectos al gobierno y que ha desaparecido el alguacil que la iba a hacer ejecutiva. ¿Sabes cómo pasó?

—No.

—Con conocimiento del alcalde le dieron un golpe, pero de los buenos, y estuvo detenido veinticuatro horas en la cabina del teléfono.

—Y ¿la delegación ha instruido un sumario?

—¡Ca! Lo grave no está ahí. Ni hay sumario ni comunicación. Se rieron del compareciente y le dijeron que retirara su demanda, y se la quitaron.

—Pues si se la quitaron, ya se acabó.

—¿Cómo que se acabó? Yo no puedo callarme en un asunto como éste. Esto se llama delito. La policía delinque…

—Me parece que tu señoría está haciendo oposiciones a pasar calor en el Sur.

—¿Es que van a trasladar a un cadí al Sur porque quiere impedir a la delegación que se burle…?

—Lo han hecho muchas veces. A un cadí lo trasladaron a lo más remoto del Alto Egipto porque en un pleito de demanda reconvencional puso en libertad a unos individuos que se manifestaban como enemigos del gobierno, y eso que el cadí estaba del todo desligado de los partidos y de la política. Tú, en cambio, bien lo sabes, has tenido con el delegado gubernativo un disgusto familiar, y es seguro que en este momento el delegado ya habrá enviado informes confidenciales sobre ti, acusándote de ser enemigo del gobierno y fautor de rebeliones e intrigas, y diciendo que persigues a los que apoyan al ministerio, que eres un peligro para su política actual, con otras cosas del mismo jaez bien sabido.

Tawfiq AL-HAKIM, Diario de un fiscal rural, Ediciones del Viento, La Coruña, 2003.

martes, 20 de agosto de 2013

S.T.T.L. Elmore Leonard

If it sounds like writing, I rewrite it.

Elmore Leonard’s 10 Rules of Writing.

lunes, 19 de agosto de 2013

BRENAN: La causa de la decadencia de España

A veces se me ha ocurrido pensar que una de las causas de la decadencia española durante el siglo XVII puede radicar en esta mesa redonda. Se talaron los bosques, escaseó la leña, se difundió la idea de la vida en casa y se extendió también la costumbre masculina de apiñarse, en cómoda plática, con sus mujeres —la tía de la esposa, su madre, los hijos mayores—, en vez de estarse junto al fuego, con las piernas extendidas, y sentadas ellas en cuclillas sobre los almohadones de la estrada. Alrededor de la mesa camilla la vida familiar se espesaba, se hacía más densa, más orientalmente burguesa; la lectura cesaba en la afectada atmósfera de harén, y los clubs o cafés, que hasta hace poco fueron sitios sórdidos, mal iluminados, ofrecían la única expansión y evasión. España se convirtió en el típico lugar estancado, el imperio otomano de Occidente inmerso en sí mismo, situación de la que únicamente saldría en el ciclo actual. Los únicos que se beneficiaban con esto eran las parejas de novios, quienes, una vez aceptado el joven y admitido en la casa, podían entrelazar dichosamente sus manos durante horas, por debajo del tapete de franela.

Gerald BRENAN, Al sur de Granada, Tusquets, Barcelona, 1997.

miércoles, 14 de agosto de 2013

HARRER: El asesino

En nuestra ausencia, un hombre se ha instalado en la casa donde habíamos depositado nuestro equipaje. Lleva los pies atados con cadenas y anda a pasos muy cortos, y con la sonrisa en los labios, como si se tratara de la cosa más natural, nos explica que por un asesinato lo condenaron a recibir doscientos latigazos y a llevar durante toda su vida una cadena sujeta a los tobillos. Ante la perspectiva de pasar la noche junto a un criminal, sentimos un sobresalto. ¿Acaso nos consideran a su mismo nivel? Pero resulta que nos preocupamos sin motivo: en el Tíbet, un penado goza de la misma consideración que la demás gente y no se le excluye en absoluto del trato con el prójimo, sino que toma parte en las fiestas y reuniones; como está dispensado de trabajar, solo vive de limosnas y, a juzgar por la gordura de nuestro invitado, estas deben de ser muy espléndidas.

Heinrich HARRER, Siete años en el Tíbet, Editorial Juventud, Barcelona, 1953.

martes, 13 de agosto de 2013

PIGAFETTA: Juan Serrano

Vimos entonces cómo conducían hasta la orilla del mar a Juan Serrano, herido y agarrotado. Rogó que no disparásemos más, porque le asesinarían. Le preguntamos qué les había sucedido a sus compañeros y al intérprete, y respondió que a todos los degollaron, excepto al esclavo, que se pasó a los isleños. Nos conjuró a que le rescatásemos por mercancías; pero Juan Carvajo, su compadre, con algunos más, rehusaron intentar siquiera su rescate, y no consintieron que las chalupas se aproximaran a la isla, porque el mando de la escuadra les correspondía por la muerte de los dos gobernadores. 

Juan Serrano siguió implorando la compasión de su compadre, diciendo que en cuanto nos hiciésemos a la vela le asesinarían; y viendo, al fin, que sus lamentaciones eran inútiles, lanzó terribles imprecaciones, rogando a Dios que el día del juicio final hiciera dar cuenta de su alma a Juan Carvajo, su compadre.

Antonio PIGAFETTA, Primer viaje entorno del globo, Espasa, Madrid, 2004.

lunes, 12 de agosto de 2013


CARRILLO Y SOTOMAYOR: Te fui perdiendo

¡Con qué ligeros pasos vas corriendo!
¡oh cómo te me ausentas, tiempo vano!
¡ay, de mi bien, y de mi ser tirano!
¿cómo tu altivo brazo voy siguiendo?

Detenerte pensé, pasaste huyendo,
te seguí, y ausentástete liviano,
te gasté a ti en buscarte, ¡oh, inhumano!
Mientras más te busque, te fui perdiendo.

Ya conozco tu furia, ya humillado,
de tu guadaña pueblo los despojos;
¡oh, amargo desengaño no admitido!

Ciego viví, y al fin, desengañado,
hecho Argos de mi mal, con tristes ojos,
huir te veo, y véote perdido.

Luis CARRILLO SOTOMAYOR

domingo, 11 de agosto de 2013

HARRER: Los khampas

Los khampas viven siempre agrupados a razón de tres o cuatro familias. Armados de espadas y fusiles, los hombres se dedican al pillaje: cuando le han echado el ojo a alguna tienda de nómadas, entran en ella y exigen que se les sirva una comida, y el propietario, asustado, se apresura a complacerlos. Una vez saciados, se marchan llevándose una o dos cabezas de ganado, después de apoderarse, además, de los objetos personales de la víctima. Luego van repitiendo la operación, hasta que la comarca queda exhausta. Entonces levantan el campo y se van a plantar sus tiendas en otra parte, donde vuelven a empezar con lo mismo. Los nómadas no pueden oponerse a las expoliaciones de los khampas, tanto más cuanto que estos atacan en grupo y además, en estas apartadas regiones, el Gobierno resulta impotente contra esas bandas. Por otra parte, si por azar algún gobernador de distrito consigue exterminar a alguna de esas tribus, el botín pasa a ser de su propiedad y no vuelve a los perjudicados. El castigo impuesto a los bandidos es verdaderamente horroroso: se les cortan ambos brazos; pero esa cruel perspectiva no ha arredrado hasta ahora a los khampas en sus funestas actividades.

Heinrich HARRER, Siete años en el Tíbet, Editorial Juventud, Barcelona, 1953.

viernes, 9 de agosto de 2013


MONTGOMERY: Move on, move on

 

The Indians fought because they wanted to keep the west for themselves. They felt as an old chief did, who had been forced to move many times by the white men. One day a military officer came to his wigwam to tell him that he and his tribe must go still further west. The chief said, General, let's sit down on this log and talk it over. So they both sat down. After they had talked a short time, the chief said, Please move a little further that way; I haven't room enough. The officer moved along. In a few minutes the chief asked him to move again, and he did so. Presently the chief gave him a push and said, Do move further on, won't you? I can't, said the general. Why not? asked the chief. Because I've got to the end of the log, replied the officer. Well, said the Indian, now you see how it is with us. You white men have kept pushing us on until you have pushed us clear to the end of our country, and yet you come now and say, Move on, move on.  

D.H. MONTGOMERY, The Beginner's American History, 1893. 

Project Gutenberg

jueves, 8 de agosto de 2013

PIGAFETTA: In hoc signo


Mandó traer una gran cruz con los clavos y la corona de espinas, delante de la cual nos prosternamos, imitándonos también los isleños. Entonces el capitán, por medio del intérprete, dijo a los reyes que esta cruz era el estandarte que le había confiado su emperador para plantarla allí donde pisase, y que, por consiguiente, quería elevarla en esta isla, a la cual el santo signo sería además favorable, porque todos los navíos europeos que en adelante la visitasen conocerían al verla que a nosotros nos habían recibido como amigos y no harían ninguna violencia ni a ellos ni a sus propiedades, y que en el caso de que alguno de ellos fuese hecho prisionero, no tendría más que mostrar la cruz para que en el acto le pusiesen en libertad. Añadió que era preciso colocar la cruz sobre la más elevada cima de las cercanías, a fin de que todos pudiesen verla, y que cada mañana debían de adorarla, pues siguiendo su consejo ni el rayo ni las tormentas les ocasionarían daños. Los reyes, que no dudaban de ningún modo lo que el capitán acababa de decirles, le dieron las gracias y le aseguraron por el intérprete que estaban muy satisfechos y que tendrían un gran placer en ejecutar lo que acababa de proponerles.

Antonio PIGAFETTA, Primer viaje entorno del globo, Espasa, Madrid, 2004.

lunes, 5 de agosto de 2013

DARWIN: ¡Que ardan todas las casas!


Era un hombre desilusionado y descontento; y tenía una expresión a menudo o generalmente taciturna. No creo que fuera ni la mitad de huraño de lo que aparentaba. Un día me dijo que había inventado un proyecto para acabar eficazmente con cualquier incendio, pero añadió: "No voy a publicarlo, maldita sea: que ardan todas sus casas". Las personas a las que iba dirigida su maldición eran los habitantes de Londres.

Charles DARWIN, Autobiografía, Alianza, Madrid, 1993.

AL-HAKIM: Diez folios

Siempre me acuerdo de lo que cierto día me dijo el jefe de la fiscalía, al recibir un atestado de diez folios:

—¿Contravención? ¿Falta?

Al decirle yo que se trataba de un asesinato, exclamó sorprendido:

—¿Una causa de asesinato instruida en diez folios nada más? ¡Asesinato! ¡El asesinato de un ser humano en diez folios!

Me atreví a explicarle:

—¿Y si hemos atrapado al criminal con esos pocos folios…?

Pero no me hizo caso y se marchó pesando el atestado en la delicada balanza de su mano:

—¿Quién creería que este atestado es el asesinato de un hombre?

Tawkiq AL-HAKIM, Diario de un fiscal rural, Ediciones del Viento, La Coruña, 2003.

domingo, 4 de agosto de 2013

MONTGOMERY: Nations

A nation is a people born in the same country and living under the same government; as the American nation, the French nation, the English nation. 

D.H. MONTGOMERY, The Beginner's American History, 1893. 

Project Gutenberg

viernes, 2 de agosto de 2013


DARWIN: Todas las novelas deberían tener un final feliz


Las novelas que son productos de la imaginación, aunque no sean de orden superior, han constituido para mí durante años un maravilloso alivio y suelo bendecir a todos los novelistas. Me han leído en voz alta un número sorprendentemente alto de novelas y, con tal de que sean moderadamente buenas y tengan un final feliz, me gustan todas —debería dictarse una ley contra las que acaban mal—. Según mi gusto, una novela no es de primera categoría a menos que contenga algún personaje a quien se pueda amar plenamente; y si es una mujer hermosa, tanto mejor.

Charles DARWIN, Autobiografía, Alianza, Madrid, 1993.

miércoles, 31 de julio de 2013

DARWIN: Acontecimientos dolorosos

Mi padre era muy sensible, de modo que muchos pequeños sucesos le irritaban o apenaban considerablemente. En cierta ocasión le pregunté, cuando ya era anciano y no podía caminar, por qué no salía en coche para hacer ejercicio. Él me respondió: "Cualquier carretera que parta de Shrewsbury está asociada en mi mente a algún acontecimiento doloroso".

Charles DARWIN, Autobiografía, Alianza, Madrid, 1993.

viernes, 26 de julio de 2013

GUERRA: La presunción literaria de Semprún

El primero en llegar era siempre yo, seguido de Paco Fernández Ordóñez; un rato después aparecía inexorablemente el ministro de Cultura, Jorge Semprún. Cuando él llegaba estábamos enfrascados en una revisión de nuestras lecturas, dando nuestro criterio sobre novelas y personajes. Semprún siempre corroboraba lo que estábamos diciendo. Sabíamos de su calidad literaria, especialmente por la lectura de su magnífico Le grand voyage (El largo viaje), pero nos escamaba que en todo momento ratificase nuestras opiniones sin añadir nada más. Concebimos Paco y yo una broma que nos despejase la duda de si él verdaderamente había leído todo lo que comentábamos. Acordamos que a la siguiente sesión del consejo hablaríamos de una novela inexistente y ponderaríamos a un personaje de tal novela, por supuesto una invención. Él nos siguió la broma, había leído la novela, confirmaba nuestro criterio acerca del personaje. No podíamos aguantar de risa, pero le ahorramos la crueldad de colocarlo ante su presunción.

Alfonso GUERRA, Una página difícil de arrancar, Planeta, Barcelona, 2013.

jueves, 25 de julio de 2013

CROSS: Underlines

"He underlines.... We tend to underline all the visions that confirm our view of the world." 

Luther, Season 3, Episode 2 (2013).

martes, 23 de julio de 2013

RAMÓN: Los papeles de Baarcenas

"Al final la vida es resistir y que alguien te ayude." Brey, señor de Puerto Gaviota

Grafton hizo un gesto a la joven esclava myriense para que no le llenara la copa: no tenía ganas de beber. Se paseaba nervioso por la habitación. El rollizo eunuco pidió permiso para sentarse. Grafton le indicó que podía hacerlo: en esos momentos, el protocolo era la menor de sus preocupaciones.

–¿Has leído los papeles?

El eunuco se tomó un tiempo para responder. Saboreaba el vino. Tenía pocas aficiones, y una de ellas eran los buenos caldos. Aquel parecía bueno, a pesar de la gaviota grabada en la copa. En los años que llevaba sirviendo en Desembarco del Rey había bebido en copas marcadas con el escudo de casi todas las casas, y hacía mucho tiempo que había decidido que lo único importante era el vino. Y aquel era realmente exquisito.

–¿Son verdaderos? –preguntó el eunuco, que lanzó una mirada displicente a las hojas que había sobre la mesa.

–Desde luego. Él los escribió.

–Eso no es lo que os he preguntado. Yo puedo decirle al rey, si me interrogara, que no salí de la torre de la mano en todo el día y no contarle que me he encontrado con alguien de la Casa Grafton. Quiero decir, mi señor, que existen las verdades, las mentiras y lo que no contamos.

–Casi todo lo que contienen los papeles es verdadero, terriblemente verdadero. Tenemos que hacer algo con... el traidor.

El eunuco no pudo menos que sonreír: los Grafton evitaban pronunciar el nombre de Baarcenas, como si articular aquellas pocas sílabas equivaliera a lanzar una maldición capaz de llevar la ruina y la desolación a Desembarco del Rey o Puerto Gaviota. Últimamente, le llamaban el delincuente, el canalla. Incluso utilizaban epítetos más habituales en los callejones de Lecho de Pulgas que en la Fortaleza Roja.

–Olvidaos de Baarcenas. Los banqueros de Braavos han bloqueado todo su dinero. Nada se puede hacer por esa parte. Mientras continúe encerrado en Soto del Rey no será un problema.

–Seguirá escupiendo denuncias falsas, atosigándonos con sus insididas.

–Nadie le hará caso. Se cree, se creía muy listo, pero siempre he sido de la opinión de que sólo los estúpidos acaban en una mazmorra. No tiene dinero, ni poder: lo ha perdido todo. Cuando pasé unos meses en la cárcel acabará comprendiendo que un hombre solo no puede enfrentarse a una casa, a nosotros, los maestres. Llegarán otros problemas, una mala cosecha, una invasión, y la gente olvidará a Baarcenas.

–Nunca debimos confiar en él.

El eunuco permaneció callado: no estaba claro si él tenía que ser leal al Estado o la casa cuya bandera ondeaba en la torre de la mano. Por otra parte, Baarcenas nunca le había considerado tan importante como para entregarle dinero. Su interlocutor, empero, sí que había recibido unos cientos de dragones que valían menos, desde luego, que las preocupaciones que ahora le causaban.

–¿Y su mujer? ¿Qué vamos a hacer con su mujer?

El eunuco pensó que no casarse acababa teniendo sus ventajas.

–La encerraremos junto a las putas de Lecho de Pulgas.

–Dejad que os diga, mi señor, que para una dama la amenaza de la cárcel es casi tan temible como la propia cárcel.

–El mayor problema son los Tyrell. Quieren aprovecharse de la traición de Baarcenas hacia nuestra casa para recuperar el poder que tenían años atrás... Los Tyrell se están aliando con otras casas. Quieren acabar con nosotros.

–Sin duda.

–Sueñan con el momento en que su bandera floreada ondee de nuevo en la torre de la mano.

El eunuco se acercó la copa a los labios. Decididamente, aquel licor era delicioso: ¿de dónde procedería?

–No os engañéis –dijo el eunuco–. Los Tyrell perdieron el poder hace años y desde entonces se han debilitado más y más. Temen a los Grafton, pero más a la gente de las Montañas Rojas: siempre es mejor ser la segunda casa de Poniente que la cuarta o la quinta.

–Piensan que cuando acaben con nosotros podrán ocuparse de las otras casas.

–No, no, mi señor. Recordad la última vez que un Tyrell fue mano del rey. Tenía que discutir cada pequeño asunto con las casas aliadas. Os puedo asegurar que no era nada agradable tener tantas voces discrepantes en la mesa del consejo. Cada venado, cada estrella, cada centavo que había que gastar provocaba interminables discusiones. Los Tyrell quieren que la gente de Puerto Gaviota se siga debilitando, para quitarle el poder cuando llegue el momento, pero no antes, no antes. No quieren depender de las otras casas otra vez.

Grafton se asomó a la ventana. Un barco estaba abandonando el puerto  de Desembarco del Rey.

–¿Y si sacáramos a Baa… al delincuente de Soto del Rey?

–Sí, claro, ¿por qué no? Le dais unos cientos de lunas de plata y le invitáis a huir al otro lado del mar… No, son los Tyrell los que tratarán de sacar a Baarcenas de la cárcel. Les interesaría hacer creer que los Grafton lo han hecho. Sí, ha entregado al juez estas cuentas amañadas –dijo el eunuco lanzando los papeles al suelo–, pero no tiene nada más. Sólo queda él mismo. Y os puedo asegurar que, aunque Soto del Rey no es como otras prisiones, Baarcenas dejará allí su altivez, su arrogancia.

El eunuco se levantó trabajosamente. La entrevista había llegado a su fin.

–Una vez fui magistrado en Lecho de Pulgas. No es algo de lo que me enorgullezca, pero alguien como yo siempre tiene que servir al Estado allí donde se le requiera.

Grafton dio unos pasos para alejarse del eunuco. No le gustaban los de su clase, aunque trataba de disimularlo lo mejor posible. –¿Magistrado en Lecho de Pulgas? ¿Qué tiene que ver eso con el traidor?

–Me encontré con muchos delincuentes: manilargos, rateros, toda clase de ladrones. Uno de ellos trató de robarme este anillo. Le acabé perdonando porque me dio un consejo que siempre he seguido.

–¿Cuál es? –preguntó Grafton intrigado.

–Nunca hay que guardar todo el botín en el mismo agujero.

–¿Qué quiere decir eso?

–Muchas cosas. Desde luego, que Baarcenas nunca debió llevar todo su dinero a Braavos, pero también que los Grafton nunca debieron depositar toda su confianza en alguien como él. El eunuco apuró la copa de un sorbo. –Por cierto, ¿dónde habéis conseguido este vino ?

Francisco RAMÓN, Cuentos de los diecisiete reinos y de las dos ciudades semilibres.

domingo, 21 de julio de 2013

POWELL: Entremés de arenque ahumado

Lo único bueno que saqué de aquella casa es que allí inventé mi famoso entremés de arenque ahumado. Sucedió de una forma muy graciosa. Una mañana, para el desayuno, serví arenque ahumado, y la señora Bernard, que siempre desayunaba en la cama, no se comió el suyo. Cuando Ethel bajó la bandeja, yo lo cogí y lo tiré al cubo de los desperdicios. Pero cuando el señor Bernard bajó para darme las instrucciones para el día, dijo: «Cocinera, la señora quiere que le haga un entremés para la cena con el arenque que no se ha tomado en el desayuno». Se me cayó el alma a los pies. No me atreví a decir que lo había tirado, porque eso habría destrozado a la pareja, y no me parecía bien dejar a nadie destrozado por culpa de un arenque. Así que me limité a decir: «Sí, señor, de acuerdo». En cuanto se dio la vuelta, corrí al cubo de los desperdicios y pesqué el arenque. Estaba cubierto de hojas de té y de trocitos de cosas asquerosas. Así que abrí el grifo para enjuagarlo. La mala suerte quiso que en ese momento estuviera fregando, y el arenque se me cayó en una palangana de agua jabonosa. Volví a pescarlo y lo pasé otra vez bajo el grifo, olisqueándolo todo el rato para asegurarme de que no oliera a jabón. Al final, creí haberlo conseguido. Faltaba por saber si no iba a tener un regusto jabonoso. Yo, en todo caso, le saqué toda la carne y la machaqué bien en el mortero, y añadí salsa Escoffier. Esta salsa es fantástica para disfrazar el sabor de algo que no quieres que se note. Lo envié arriba con su guarnición y bien decorado, y para mi sorpresa la señora Bernard mandó abajo a la camarera con una felicitación: «Dígale a la cocinera que es el mejor entremés que he comido nunca». Yo pensé: «Chica, ya lo sabes. Si quieres sabor auténtico, empieza por revolver las cosas en el cubo de los desperdicios». 

Margaret POWELL, En el piso de abajo, Alba, Barcelona, 2013.

miércoles, 17 de julio de 2013

AGUIRRE ZIMERMAN: La utilidad de Dios

Ahora sí entiendo por qué los humanos tuvieron que inventarse un Dios. Desde hace varios días, y luego de ver lo que he visto y compartir la cotidianidad con quienes la he compartido, he llegado a la conclusión de que aquellos primeros hombres que habitaron el planeta no tuvieron otra opción que inventarse un Dios y un cielo para poder mirar siempre hacia adelante y soportar lo que tenían que soportar. 

No es que súbitamente me haya cogido un ataque de religiosidad sino que, por el contrario, en este momento puedo comprender con más claridad por qué los humanos (supuestos seres racionales) adoptan ideas tan absurdamente ilógicas y tan poco demostrables. Es muy fácil no creer cuando uno lo tiene todo: familia, agua, control sobre el cuerpo, control sobre el ánimo, control, aunque sea, sobre los hijos que parirá. Pero cuando uno no tiene nada, no le queda otra opción que soñar e inventarse cosas para creer que uno tiene por lo menos algo de control. Si no tengo cómo proteger a mis hijos, por lo menos puedo rezar para que alguien más lo haga. Pero es completamente lógico aferrarse a un supuesto ser superior cuando tu hijo sale por la noche a entrar las ovejas y se lo puede comer un lobo. 

Natalia AGUIRRE ZIMERMAN, 300 días en Afganistán, Anagrama, Barcelona, 2006.

lunes, 15 de julio de 2013


POWELL: Sencillamente, me marché y la dejé ahí

 

En uno de aquellos trabajos apenas duré una semana. Consistía en pasear a una vieja cascarrabias en silla de ruedas. Por su aristocrático modo de hablar debió de haber sido alguien tiempo atrás, pero lo único que conservaba de entonces era un viejo criado que cuidaba de ella, y una casa enorme. Mi trabajo consistía en ir allí por la mañana y ayudar a la señora a sentarse en su silla de ruedas. Créanme, con la toca, la esclavina y las botitas abotonadas, aquello no era moco de pavo, y encima, mientras yo lo hacía, ella no paraba de incordiarme. Una vez que conseguía instalarla cómodamente en la silla, tenía que llevarla de tiendas. A mí me tocaba entrar en los establecimientos y decir: «La señora Graham está fuera. ¿Tendría la amabilidad de salir para tomar su pedido?». ¿Se imaginan entrar hoy en una tienda y pedir al tendero que salga para tomar nota? Pero por aquel entonces, pese a que ella era más pobre que las ratas, con sus modales aristocráticos, los tenderos salían obsequiosos y solícitos para atenderla, y luego le mandaban todo lo que había pedido. 

Nada de lo que yo hiciera estaba bien para su gusto. O no la había colocado bien fuera de la tienda, o le daba el sol en los ojos, o yo le había dado en la espalda. 

Una mañana de un precioso día de verano me pidió que la llevara a pasear junto a la orilla del mar. Fuimos hasta el Muelle Oeste, que quedaba a unos dos kilómetros. Allí me pidió que colocara la silla de manera que el viento le diera por detrás y que, a la vez, pudiera seguir viendo a la gente. Tenía un día malísimo y se lo pasó entero quejándose, así que tuve que colocarla como seis veces y seguía estando mal. Al final, abandoné. No dije nada. Sencillamente, me marché y la dejé ahí. Nunca supe qué le pasó luego, ni cómo volvió a su casa, ni nada.

Margaret POWELL, En el piso de abajo, Alba, Barcelona, 2013.

viernes, 12 de julio de 2013


GOLDBERG: Seven rules for writing practice

Keep these in mind when you’re writing in your notebooks. 
1. Keep your hand moving 
2. Be specific 
3. Don’t think 
4. Lose control 
5. Don’t worry about spelling, punctuation, or grammar 
6. You are free to write the worst junk in America 
7. Go for the jugular (don’t be afraid to write about difficult things)

ROSÁN: Australopithecus australopitheci megantereon

Somos fuertes, ¿a que sí? Sólo los más fuertes lo logran, resolló. Los rugidos se escuchaban ahora más cerca. Sé que lo conseguiremos. No podrán alcanzarnos. Reanudó la carrera. Aproveché que me daba la espalda para coger un palo. Miré hacia atrás, pero la hierba ocultaba a nuestros perseguidores. Comencé a correr hasta alcanzarle. Luego, seguí corriendo y sólo cuando le escuché gritar me di cuenta de que seguía aferrando el palo. Lo dejé caer. El árbol estaba a unos pocos pasos. Los gritos continuaron durante un rato. Sí, es verdad que sólo los más fuertes lo logran.

miércoles, 10 de julio de 2013

AGUIRRE ZIMERMAN: El león y el comandante

El león del zoo de Kabul

Hace siete años cuando los mujaidines reinaban en Afganistán (eran unos comandantes súper atarvanes y bárbaros) uno de ellos se tomó a Kabul. Como prueba de su poderío, decidió ir al zoológico (que en realidad sólo tiene conejos y en ese entonces un león) y meterse a pelear a mano limpia con el único león de Afganistán. (Definitivamente los hombres se vuelven locos cuando tienen el poder). Este león era el orgullo de la ciudad porque era muy peludo y rugía muy duro. (A los afganos les encantan las muestras de poder). El pendejete se metió a la jaula sin armas y, como era de esperarse, el león lo mató de un zarpazo y casi se lo come. Lograron sacar el cadáver y al otro día un hermano del comandante, que había decidido vengarse del animal, se fue para el zoológico y le tiró una granada a la jaula. Afortunadamente no lo mató, pero le dañó la mandíbula. Los habitantes se pusieron muy tristes y llamaron a MSF para que lo atendiera. MSF puso todo su empeño en salvarlo y lo logró. Lastimosamente el león quedo un poco boquineto y cicatrizado y hace apenas dos años se murió de viejo. Son una leyenda en la ciudad: el león, por matar al comandante, y MSF, por salvar al león.

Natalia AGUIRRE ZIMERMAN, 300 días en Afganistán, Anagrama, Barcelona, 2006.

martes, 9 de julio de 2013

RAMÓN: El pospartido


Había sido una paliza: el Equipo Rojo había encajado tres goles y no había sido capaz de meter ninguno. Cuando el árbitro pitó el final, los jugadores arrastraron los pies hacia el área que habían estado defendiendo durante la segunda parte: allí esperarían el veredicto.

Los jugadores del Equipo Amarillo, por su parte, estaban exultantes: no se habían limitado a derrotar al hasta entonces equipo campeón, le habían vapuleado.

–¡AHORA COMENZARÁ LA VOTACIÓN DEL JUGADOR MÁS DECISIVO! –anunció en seis idiomas la megafonía del estadio.

Aolebra, lateral derecho del Equipo Rojo, era consciente de que no había hecho un buen partido, pero su misión había sido la más difícil: tratar de frenar a la estrella del Equipo Amarillo. Se dio cuenta de que sus compañeros le evitaban. Sí, él iba a ser uno de los chivos expiatorios. ¡Demonios, nadie hubiera sido esa noche capaz de frenar a Ramyen!

En los seis continentes, cientos de millones de espectadores estaban votando. Algunos lo harían tres, cuatro veces: querían asegurarse que ganara su jugador favorito, aunque esa noche el resultado estaba bastante claro. Ramyen sólo había hecho subir un tanto al marcador, pero había sido un golazo antológico. Sallisac no había podido hacer nada. Es lo que le estaba diciendo a Somar.

–Me dobló los dedos. Fue un trallazo, colega.

–Eso era imparable –decía Somar, que todavía le daba vueltas al penalti que había fallado.

–Y el primer gol… Tuvimos mala suerte. Derf se encontró con la pelota en el suelo y tuvo la suerte de empujarla.

Somar le puso la mano en el hombro a Sallisac.

–Vamos, ánimo. Hemos luchado durante todo el campeonato. La gente lo ha visto.

–¡YA SABEMOS QUIEN HA SIDO EL MEJOR JUGADOR DEL TORNEO! –anunció la megafonía.
Los jugadores se volvieron hacia el videomarcador–. ¡¡EL MEJOR JUGADOR HA SIDO… RAMYEN!!

Comenzaron a repetir el segundo gol, el que Ramyen marcó a dos minutos del final de la primera parte, el gol que acabó hundiendo al Equipo Rojo.

El delantero del Equipo Amarillo se dirigió al centro del campo y recogió el trofeo. Saludó al público. Desde el área del Equipo Rojo, Ivax sintió un nudo en el estómago. Él había obtenido ese trofeo en el anterior torneo, pero en éste no habían dejado de criticarle desde el primer partido. Hasta sintió un poco de temor por lo que pudiera ocurrir en la siguiente votación… No, imposible. Otros jugadores lo habían hecho peor: Aolebra, que había dejado un hueco tremendo en la banda derecha; Somar, empeñado en meter gol para impresionar a su novia; Sallisac, que ya no paraba nada; Serrot, el delantero que no metía goles; Euqip, que había sido expulsado; Ordep, que había fallado un gol cantado en el momento decisivo.

Aolebra contempló el trofeo que exhibía Ramyen. Quizá hubiera debido castigarle más los tobillos. Ohniroum, su anterior entrenador, le habría animado a hacerle faltas continuas a Ramyen.  Pero este Euqsobled… ¿Les había dicho que vigilaran las faltas?

–AHORA COMIENZA LA NOMINACIÓN DE LOS TRES PEORES JUGADORES –anunció la megafonía.

Los jugadores del Equipo Rojo se abrazaron, como era costumbre. Dejaron a Aolebra en uno de los extremos.

–Vamos, compañeros, que no lo hemos hecho tan mal –gritó Somar–. No lo hemos hecho tan mal.

El campo estalló en aplausos cuando salió la excavadora. Se dirigió hacia una de las pocas zonas libres del estadio: se llevaban celebrando partidos allí desde hacía más de sesenta años; pronto estaría lleno. Aolebra pensó por unos instantes que bajó sus pies se encontraban decenas de futbolistas ilustres. Jugadores que aparecían en todos los libros de historia.

–¡¡ATENCIÓN!! ¡¡ATENCIÓN!!

Los jugadores del Equipo Rojo sintieron un estremecimiento. La mayoría de ellos habían pasado por la misma situación en otras ocasiones, pero cada vez era tan terrible como la primera.

–LOS ESPECTADORES DE TODO EL MUNDO HAN VOTADO. LOS PEORES JUGADORES DE LA FINAL HAN SIDO… AOLEBRA…, SALLISAC Y… ATAM.

El campo estalló en un escándalo terrible: pitidos, gritos. Los jugadores que habían sido indultados se dirigieron rápidamente a la salida. Aolebra se dio cuenta de que sentía una cierta alegría: ¿creía Sallisac que se iba a librar? Siempre pensó que era un jugador sobrevalorado. Pero, ¿Atam? Le miró: el centrocampista parecía haber sufrido un ataque cataléptico.

Poco a poco, el estadio se fue quedando sin público. Apagaron casi todos los focos. En un extremo, después de que retiraran un trozo de césped, la excavadora había comenzado a sacar paletadas de tierra.

–Hemos hecho todo lo posible, colegas –dijo Sallisac–. Prefiero que me haya sucedido esto en una final que hemos perdido por mala suerte que en cualquier otro partido. Los once merecíamos estar aquí. Los once o ninguno.

Atam no estaba escuchando esas palabras de consuelo. No había parado de repetirse que había jugado como siempre, había jugado como siempre, había jugado como siempre.

–¿Están preparados? –preguntó una voz.

Sólo entonces Aolebra se dio cuenta de que no había marcha atrás. Tendría que haber machacado a faltas a ese maldito Raymen, haberle destrozado la rodilla.

–Vamos.

VELÁSQUEZ: Una buena reputación de gran tirador

La amistad con Daniel Ortega le facilita inmensamente el desarrollo de sus actividades. Tal es la relación con el jefe sandinista que, estando en una base militar junto con él e Iván Marino Ospina, Pablo les propuso dispararle a una botella, para ver quien tenía mejor puntería. Los dos hombres aceptaron el reto entre risas. Una botella fue colocada a 30 metros de distancia, en lo alto de un estacón de la alambrada de púas. Ortega le facilitó una pistola a Iván Marino, de un subalterno suyo. Le pidieron a Pablo que disparara primero; éste no se hizo rogar y sacó la suya que siempre lo acompañaba; dió en el blanco disparando con naturalidad. Una nueva botella se colocó; el turno fue para Ortega, errando su disparo; le siguió Iván Marino, quien igualmente no dio en el blanco. Los tres se miraron, una sonrisa de triunfo se dibujo en los labios de Pablo. Éste apunto de nuevo su arma a la botella y Ortega le dice: "¡Pablo no quede mal, no lo intente de nuevo que ya lo logró!" Iván Marino le da la razón a Ortega. El Patrón sin contestar nada, dispara, dando de nuevo en el blanco; esto le valió una buena reputación de gran tirador entre los dos líderes de izquierda.

Astrid LEGARDA, El verdadero Pablo,  Dipon/Gato Azul, Bogotá, 2005.