Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

SAMANIEGO: El ratón de la corte y el del campo


Un Ratón cortesano
convidó con un modo muy urbano
a un Ratón campesino.
diole gordo tocino,
queso fresco de Holanda,
y una despensa llena de vianda
era su alojamiento,
pues no pudiera haber un aposento
tan magníficamente preparado,
aunque fuese en Ratópolis buscado
con el mayor esmero,
para alojar a Roepan primero.
sus sentidos allí se recreaban;
las paredes y techos adornaban,
entre mil ratonescas golosinas,
salchichones, perniles y cecinas.
saltaban de placer, ¡oh qué embeleso!
de pernil en pernil, de queso en queso.
En esta situación tan lisonjera
llega la Despensera.
oyen el ruido, corren, se agazapan,
pierden el tino, mas al fin se escapan
atropelladamente
Por cierto pasadizo abierto a diente.
"¡Esto tenemos! -dijo el campesino-;
reniego yo del queso, del tocino
y de quien busca gustos
entre los sobresaltos y los sustos."
volvióse a su campaña en el instante
y estimó mucho más de allí adelante,
sin zozobra, temor ni pesadumbres,
su casita de tierra y sus legumbres.

CERVANTES: Nuestra Señora de la Cabeza

Mi peregrinación es la que usan algunos peregrinos: quiero decir que siempre es la que más cerca les viene a cuento para disculpar su ociosidad; y así, me parece que será bien deciros que por ahora voy a la gran ciudad de Toledo, a visitar a la devota imagen del Sagrario, y desde allí me iré al Niño de la Guardía, y, dando una punta, como halcón noruego, me entretendré con la santa Verónica de Jaén, hasta hacer tiempo de que llegue el último domingo de abril, en cuyo día se celebra en las entrañas de Sierra Morena, tres leguas de la ciudad de Andújar, la fiesta de Nuestra Señora de la Cabeza, que es una de las fiestas que en todo lo descubierto de la tierra se celebra; tal es, según he oído decir, que ni las pasadas fiestas de la gentilidad, a quien imita la de la Monda de Talavera, no le han hecho ni le pueden hacer ventaja. Bien quisiera yo, si fuera posible, sacarla de la imaginación, donde la tengo fija, y pintárosla con palabras, y ponérosla delante de la vista, para que, comprehendiéndola, viérades la mucha razón que tengo de alabárosla; pero esta es carga para otro ingenio no tan estrecho como el mío. En el rico palacio de Madrid, morada de los reyes, en una galería, está retratada esta fiesta con la puntualidad posible: allí está el monte, o por mejor decir, peñasco, en cuya cima está el monasterio que deposita en sí una santa imagen, llamada de la Cabeza, que tomó el nombre de la peña donde habita, que antiguamente se llamó el Cabezo, por estar en la mitad de un llano libre y desembarazado, solo y señero de otros montes ni peñas que le rodeen, cuya altura será de hasta un cuarto de legua, y cuyo circuito debe de ser de poco más de media. En este espacioso y ameno sitio tiene su asiento, siempre verde y apacible, por el humor que le comunican las aguas del río Jándula, que de paso, como en reverencia, le besa las faldas. El lugar, la peña, la imagen, los milagros, la infinita gente que acude de cerca y lejos, el solemne día que he dicho, le hacen famoso en el mundo y célebre en España sobre cuantos lugares las más estendidas memorias se acuerdan.

Miguel de CERVANTES, Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

SAMANIEGO: La mona

Subió una Mona a un nogal.
y cogiendo una nuez verde,
en la cáscara la muerde;
con que la supo muy mal.
Arrojóla el animal,
y se quedó sin comer.

Así suele suceder
a quien su empresa abandona.
Porque halla, como la mona,
al principio qué vencer.

SABATO: Novelas policiales

—Mi teoría —explicó— es la siguiente: la novela policial representa en el siglo veinte lo que la novela de caballería en la época de Cervantes. Más todavía: creo que podría hacerse algo equivalente a Don Quijote: una sátira de la novela policial. Imaginen ustedes un individuo que se ha pasado la vida leyendo novelas policiales y que ha llegado a la locura de creer que el mundo funciona como una novela de Nicholas Blake o de Ellery Queen. Imaginen que ese pobre tipo se larga finalmente a descubrir crímenes y a proceder en la vida real como procede un detective en una de esas novelas. Creo que se podría hacer algo divertido, trágico, simbólico, satírico y hermoso.

—¿Y por qué no lo haces? —preguntó burlonamente Mimí.

—Por dos razones: no soy Cervantes y tengo mucha pereza.

—Me parece que basta con la primera razón —opinó Mimí.

Ernesto SABATO, El túnel, Cátedra, Madrid, 2000.

SAMANIEGO: La zorra y el busto

Dijo la Zorra al Busto,
después de olerlo:
"Tu cabeza es hermosa,
pero sin seso".

Como éste hay muchos,
que aunque parecen hombres,
sólo son bustos.

CRICHTON: Costumbres de los oguz

Los oguz no se lavan después de defecar u orinar, ni tampoco se bañan después de eyacular, ni en ninguna otra ocasión. No tienen ningún contacto con el agua, especialmente en invierno. Ningún mercader ni otros musulmanes pueden hacer sus abluciones en presencia de ellos, salvo durante la noche, cuando los turcos no lo ven, pues se enojan y dicen: "Este hombre quiere hacernos víctimas de un sortilegio, porque está sumergiéndose en el agua", y por tanto le obligan a pagar una multa.

Ningún mahometano puede entrar en territorio turco hasta que un oguz haya accedido a ser su anfitrión, con quien se alberga y a quien trae ropas de las tierras del Islam, además de pimienta, mijo, pasas y nueces para la esposa. Cuando el musulmán llega a casa de su anfitrión, éste le levanta una tienda y le lleva ovejas para que el musulmán pueda sacrificarlas personalmente. Los turcos nunca degüellan las ovejas, sino que las golpean en la cabeza hasta matarlas.

Las mujeres oguz nunca se cubren con velo en presencia de sus propios hombres ni de otros. Tampoco se cubren ninguna parte, del cuerpo en presencia de nadie. Un día nos detuvimos a visitar a un turco y nos sentamos en su tienda. Su mujer estaba presente. Mientras conversábamos, la mujer se descubrió el pubis y se lo rascó, cosa que nosotros vimos. Nos cubrimos el rostro y dijimos: "Con el perdón de Dios". Al oír esto, el marido se echó a reír y dijo al intérprete: "Diles que nosotros descubrimos esta parte de nuestras mujeres en presencia de ellos para que la vean y se impresionen, pero no está disponible. Es mejor que cubrirla y, no obstante, permitir su uso".

Michael CRICHTON, Devoradores de cadáveres, Ultramar, Barcelona, 1983.

VAIN: Dying Chicago






Like other American cities, the old Chicago is dying, covered by the ruins. (Do not look for this Chicago on Google.)

http://romantic-ruins.blogspot.com

HOMERO: Causalidad

Meriones dejó sin vida a Fereclo, hijo de Tectón Harmónida, que con las manos fabricaba toda clase de obras de ingenio, porque era muy caro a Palas Atenea. Éste, no conociendo los oráculos de los dioses, construyó las naves bien proporcionadas de Alejandro, las cuales fueron la causa primera de todas las desgracias y un mal para los troyanos y para él mismo. Meriones, cuando alcanzó a aquél, lo alanceó en la nalga derecha; y la punta, pasando por debajo del hueso y cerca de la vejiga, salió al otro lado. El guerrero cayó de hinojos, gimiendo, y la muerte lo envolvió.

HOMERO, La Ilíada.

SAMANIEGO: La alforja

En una alforja al hombro
llevo los vicios:
los ajenos delante,
detrás los míos.

Esto hacen todos;
así ven los ajenos,
mas no los propios.

CRICHTON: No elogies

No elogies el día hasta que llegue la noche;
a una mujer, hasta que haya sido quemada;
el hielo, hasta que haya sido atravesado;
la cerveza, hasta que haya sido bebida.

Michael CRICHTON, Devoradores de cadáveres, Ultramar, Barcelona, 1983.

VILA-MATAS: El tiempo



Despertar nos lleva cada día a recordar que somos algo esencialmente misterioso. Comentando una frase de San Pablo ("Muero cada día"), dice Borges que la verdad es que morimos cada día y que nacemos cada día. Estamos continuamente naciendo y muriendo. Por eso el problema del tiempo nos toca más que los otros problemas metafísicos. Porque los otros problemas son abstractos. El del tiempo es nuestro problema. ¿Quién soy yo? ¿Quién es cada uno de nosotros?

La persona que uno era y que se separó de uno mismo al dormirse, se une a nosotros al despertar, pero no puede ser que sea exactamente la misma que la del día anterior. Tal vez por eso, cuando algún alma indiscreta me pregunta si, dada la fiebre de separaciones conyugales que nos invade, no me he planteado separarme algún día de mi pareja, suelo responder: ¿Cómo me voy a separar si cada día me separo un poco más de mí mismo?

Enrique VILA-MATAS, Dietario voluble, Anagrama, Barcelona, 2008.