Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

martes, 20 de diciembre de 2011

ETXEBARRIA: En España no se lleva ser honesto

Resulta que en España a mí me pueden llevar a la cárcel si robo una Sony Tablet, pero no pasa nada si alguien se está descargando libros, películas, música y series 24 horas al día.

Es igual que lo de copiar en los exámenes, fuera de España nadie lo hace; aquí lo hizo hasta la madre de la princesa Letizia. En España no se lleva ser honesto. Cuando algo parecido a lo que ha pasado con Urdangarin pasó en Holanda o en Bélgica, en seguida las Casas Reales tomaron cartas en el asunto, y eso que lo que habían hecho Bernardo y Laurent no era nada, pero nada, comparado con lo que se ha llevado Iñaki. Pero aquí Iñaki sigue en la felicitación navideña: somos muy tolerantes con la corrupción, y parece que cuanto más deshonesto sea uno, más enrollado es

MENDOZA GARCÍA: El juez estrella

Llegas tarde a la conferencia, cuando ya están presentando a Martínez Palacios. Las últimas filas están ocupadas, pero hay sitio en la segunda, al lado de una señora mayor que tiene que limpiarse con el pañuelo una lágrima insistente. La presentación, a cargo del alcalde, te recuerda aquello de que enumerar es el perfecto instrumento para componer hipotiposis. Martínez Palacios comienza explicando cómo funciona el procedimiento de desahucio. Pronto dejas de tomar notas, te limitas a pintarrajear: un perro ladrando, un pato emprendiendo el vuelo, una lechuza. Modificar la ley no supondría ningún cambio para la gente que está a punto de perder la vivienda; sería necesaria una reinterpretación de la doctrina jurídica. Cuando Martínez Palacios termina su exposición, estalla un aplauso cerrado. No han entendido nada, pero se sienten orgullosos del hijo pródigo, del juez de la audiencia, que ya te habrá olvidado, a su compañero de pupitre.

VV.AA., El loco de los tejaos. Cuentistas de la Andalucía marrón, Editoral Almotacén, Córdoba, 2009.

LAMB: Dios ha escogido las cosas simples del mundo

Hildegarda, su esposa, era incapaz de decir la frase más sencilla en latín, y tampoco hacía el menor esfuerzo por resolver acertijos sobre las estrellas que su hija, Berta, sabía adivinar al instante. Alcuino escuchaba en silencio quejas de Carlos sobre la indolencia de Hildegarda.

—Es una mujer buena y sencilla —se limitó a responder el celta—. Y éstos son los escogidos de Dios.

Tales palabras recordaron a Carlomagno algo que le había hecho reflexionar, aun sin entenderlo. Algo que había dicho Pablo: “Pues Dios ha escogido las cosas simples del mundo”.

Después de dar a luz a una niña a principios de las Navidades del año 783, Hildegarda quedó postrada en cama. Cuando el rey ya había partido a la reunión del Campo de Mayo, Alcuino le mandó una carta con un discípulo que corrió a llevársela más deprisa que un missus. La carta empezaba hablando de lo verdes que estaban los pastos y de lo bien que iba la labranza, y en ella informaba al monarca de que su dulce reina había muerto.

Harold LAMB, Carlomagno, Edhasa, Barcelona, 2002.

lunes, 19 de diciembre de 2011

DUQUE DE ESTRADA: Bethlen Gábor

Quienes no le conocían, sus criados recién llegados de Sajonia, de Nápoles, de Francia, se sorprendieron al encontrar al príncipe leyendo. Mientras los torvos caballeros magiares luchaban en la frontera contra las tropas del Emperador, Bethlen Gábor leía la Biblia en latín.

Diego DUQUE DE ESTRADA, Memorias, Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2006.

LAMB: La tribu de la que han surgido los leprosos

Ha llegado a nuestros oídos algo a lo que no podemos referirnos sin que nos duela el corazón y es que Desiderio, rey de los lombardos, intenta convencer a Vuestras Excelencias de que uno de los dos debería unirse en matrimonio a su hija. Si tal cosa es cierta, es una verdadera sugerencia del Diablo... Resultaría una insensatez sin nombre que uno de vosotros, excelentísimos hijos e ilustres francos, quedara contaminado por una unión con esta raza traicionera y pestilente de los lombardos, los cuales no están citados entre las naciones, salvo por ser la tribu de la que han surgido los leprosos.

Harold LAMB, Carlomagno, Edhasa, Barcelona, 2002.

ISAACSON: Glenn Gould

Jobs afirmó que Bach era su compositor favorito de música clásica. Disfrutaba particularmente al escuchar los contrastes entre las dos versiones de las Variaciones Goldberg grabadas por Glenn Gould, la primera en 1955, cuando era un pianista poco conocido de veintidós años, y la segunda en 1981, un año antes de morir. "Son como la noche y el día —comentó Jobs tras escucharlas una tras otra una tarde—. La primera es una pieza exuberante, joven y brillante, con una interpretación tan rápida que resulta toda una revelación. La segunda es mucho más sobria y descarnada. Puedes sentir un alma muy profunda que ha pasado por muchas cosas a lo largo de su vida. Es más oscura y sabia." Jobs se encontraba en medio de su tercera baja médica la tarde en la que escuchó ambas versiones, y yo le pregunté cuál prefería. "A Gould le gustaba mucho más la última versión —contestó—. A mí solía gustarme la primera, la más exuberante, pero ahora entiendo sus preferencias."

Walter ISAACSON, Steve Jobs, Debate, Barcelona, 2011.

domingo, 18 de diciembre de 2011

LAMB: Sajones

Los sajones pusieron al descubierto lo que habían ocultado durante largo tiempo en sus corazones. Igual que los perros vuelven a su vómito, así regresaron ellos al paganismo. De nuevo, abandonaron el cristianismo, traicionando a Dios y al rey y señor que tanto les había beneficiado. Se unieron a los paganos de otras tierras y se entregaron por completo a la adoración de los ídolos, quemaron las iglesias y capturaron o mataron a los sacerdotes.

Harold LAMB, Carlomagno, Edhasa, Barcelona, 2002.

VALDÉS: Los taínos

Cuando los españoles llegaron a la isla de Cuba se encontraron a unos indios, llamados taínos, que lo único que hacían era fumar, comer de lo que les daba la tierra, que se lo regalaba, porque allí todo nacía sato, caía una semilla de cualquier cosa en el suelo, y ¡zas!, aquello crecía desaforada y afortunadamente hacia todos los rumbos, con sus frutos, flores, y demás; pescar, fumar tabaco, y hacer el amor. Hacer el amor y no la guerra, avant la lettre. Los taínos eran los seres más pacíficos del planeta, y si nos ponemos, también fueron hippies antes que los mismos hippies se enteraran de lo que quería decir todo aquel relajo. Los taínos eran muy del relajo, la fumadera, y el buen vivir. Los perros no ladraban, dicen, aprendieron a ladrar con los perros españoles, o sea, con los canes que llevaron los españoles, que sí hacían mucha bulla con el fin de aterrorizar. Los taínos, no es que fueran cobardes, eran –como ya dije y repito– pacíficos. Seres de amor y de paz. Cuando vieron que no podían enfrentarse a lo que se les venía encima se plegaron a las órdenes. Los más conscientes del problema decidieron lanzarse desde las rocas hacia el mar, y romperse la crisma en el oleaje.

Zoé VALDÉS, De los taínos a los cubanos.

Libertad Digital, 14 de diciembre de 2011.

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GARCÍA VIEDMA: Servicio posventa

El pie izquierdo no se mueve, dice la voz ronca. Noelia teclea mecánicamente. ¿Algún problema con las otras extremidades?, pregunta. Silencio al otro lado de la línea. Clic, clic. No, no, responde la voz. Todo bien, pero el pie izquierdo no me hace caso. Detrás, en la espalda, tiene un botón de reinicio, indica Noelia. Apriételo. A veces, cuando se le dan muchas órdenes, el muñeco tiende a bloquearse. Clic, clic. clic, clic. Sí, ya funciona. Noelia escucha un golpe sordo; ha colgado bruscamente. De nada, piensa. Está agotada, exhausta, pero aún faltan dos horas. Y ya tiene otra llamada.

VV.AA., El loco de los tejaos. Cuentistas de la Andalucía marrón, Editoral Almotacén, Córdoba, 2009.

sábado, 17 de diciembre de 2011

GALA: El solitario

¿Desdeña el solitario a aquellos de quienes se separa?¿Busca aquí sólo su propia explicación, su paz propia, el retorcido placer del que no arriesga nada y nada pierde?

Exactamente para lo contrario ha subido hasta aquí. Para olvidarse de la parte de sí mismo que lo distrajo a menudo entre los otros. No volverá a mezclarse. Antes procuraba el querido aislamiento; ahora, con los ojos de par en par y el paso firme, avanza por una ancha avenida vacía. ¿Por generosidad, por solidaridad? No, no sólo por eso. El solitario cree cumplir su destino de este modo: con los alegres, con los tristes, con la queja de los decepcionados. Pero desde aquí ya, desde sí mismo ya. Sin aguardar la compensación —tan frágil— de las manos extrañas, de los aplausos, del agradecimiento. Porque no lo merece. Nadie merece nada por cumplir su destino.

La noche cae. Y la temperatura. Desde el jardín asciende una perfumada humedad. El solitario se estremece. Es luna nueva. El cielo, duro y brillante, nada dice. Las librerías recargadas nada dicen. El corazón nada dice tampoco. No está apenado, ni dichoso, el solitario... Por no sabe qué resquicios, el exterior se introduce, y le llega suavizado y preciso. Él lo recibe como a cada uno de sus invitados al jardín: le habla, o mejor, lo oye hablar, le sonríe y lo despide... Y así llegará, día a día, la hora de la cena. El solitario piensa que quizá otros, pordentro o por fuera — ¿quién sabe—, estuvieron mejor acompañados. Hasta San Juan de la Cruz tuvo “La música callada / la soledad sonora / la cena que recrea y enamora”. El solitario, cuando den las diez, bajará a cenar sólo.

Antonio GALA, La soledad sonora, Planeta, Barcelona, 1991.

GALEANO: Para que de ellos no quede memoria

En la cámara de torturas, lo interrogó el enviado del rey.

—¿Quiénes son tus cómplices? —le preguntó .

Y Tupac Amaru contestó:

—Aquí no hay más cómplices que tú y yo. Tú por opresor y yo por libertador, merecemos la muerte.

Fue condenado a morir descuartizado. Lo ataron a cuatro caballos, brazos y piernas en cruz, y no se partió. Las espuelas desgarraban los vientres de los caballos, que en vano pujaban, y no se partió.

Hubo que recurrir al hacha del verdugo.

Era un mediodía de sol feroz, tiempo de larga sequía en el valle del Cuzco, pero el cielo fue negro de pronto y se rompió y descargó una lluvia de esas que ahogan al mundo.

También fueron descuartizados los otros jefes y jefas rebeldes, Micaela Bastidas, Tûpac Catari, Bartolina Sisa, Gregoria Apaza… Y sus pedazos fueron paseados por los pueblos que habían sublevado, y fueron quemados, y sus cenizas arrojadas al aire, para que de ellos no quede memoria.

Eduardo GALEANO, Espejos. Una historia casi universal, Siglo XXI, Madrid, 2008.

viernes, 16 de diciembre de 2011

CARRIÈRE: El niño idiota

A veces son los maestros quienes tienen que desconfiar de los alumnos, porque una educación también puede darse al revés.

En El jardín de rosas, Saadi nos presenta a un hombre poderoso, un visir, que desgraciadamente tenía un hijo bastante retrasado. Lo llevó ante un maestro y le dijo:

-Ocúpate de mi hijo. Quizá con tu ayuda se vuelva inteligente.

El maestro tomó al hijo bajo su tutela y le enseñó obstinadamente durante varios meses, tras lo cual lo condujo ante su padre y le dijo:

-Tu hijo sigue siendo igual de idiota. Y además, yo también me he vuelto idiota.

Jean-Claude CARRIÈRE, El círculo de los mentirosos, Círculo, Barcelona, 2000.

GÓNGORA: Con pocos libros libres

El Conde mi señor se fue a Napoles;
el Duque mi señor se fue a Francía:
príncipes, buen viaje, que este día
pesadumbre daré a unos caracoles.

Como sobran tan doctos españoles,
a ninguno ofrecí la Musa mía;
a un pobre albergue sí, de Andalucía,
que ha resistido a grandes, digo soles.

Con pocos libros libres (libres digo
de expurgaciones) paso y me paseo,
ya que el tiempo me pasa como higo.

No espero en mi verdad lo que no creo:
espero en mi conciencia lo que sigo:
mi salvación, que es lo que más deseo.

ISAACSON: Disciplina

Yo iba a la fábrica y me ponía un guante blanco para comprobar si había polvo. Lo encontraba por todas partes: en las máquinas, encima de los estantes, en el suelo. Y entonces le decía a Debi que ordenara su limpieza. Le dije que tenía que ser posible comer en el suelo mismo de la fábrica. Pues bien, aquello enfurecía completamente a Debi. Ella no entendía por qué deberías poder comer en el suelo de una fábrica, y yo no podía expresarlo con palabras por aquel entonces. Verás, me influyó mucho todo lo que vi en Japón. En parte, lo que más admiré allí —y era una parte de la que nuestra fábrica carecía— fue el espíritu de trabajo en equipo y la disciplina. Si no éramos lo suficientemente disciplinados como para que la fábrica estuviera impecable, entonces no tendríamos la disciplina suficiente para que todas aquellas máquinas funcionaran correctamente.

Walter ISAACSON, Steve Jobs, Debate, Barcelona, 2011.

jueves, 15 de diciembre de 2011

DÍAZ: Nadie compra libros, salvo para regalarlos por Navidad para fastidiar al destinatario

El gran problema del sector editorial es que todo el mundo cree que tiene cosas muy interesantes que contar. Y que esas cosas son mucho más interesantes que las cosas de los demás. Las dos creencias son falsas. Nadie tiene nada interesante que contar. Y a nadie le interesa nada lo que tienen que contar los demás. Por otra parte, en España nadie lee nada, a excepción del Marca, y nadie compra libros, salvo para regalarlos por Navidad para fastidiar al destinatario.

El editor, que es un tipo al que encontrará en su despacho justo debajo de diez toneladas de manuscritos y varias botellas de whisky vacías, tiene que decidir entre publicar algo que no le interesa a nadie, y que sabe que no va a venderse, o publicar algo que no le interesa a nadie, que sabe que no va a venderse, y que, además, tiene que leer previamente. El colmo del editor es que, además de arriesgarse a publicar un bodrio, tiene que leerlo antes. Esa es su verdadera tragedia. Por eso optan por autores famosos. La única ventaja de editar a escritores más o menos conocidos es esa, que no hay que leerlos antes.

El Confidencial Digital, jueves 15 de diciembre de 2011.

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HILTON: Moderación

Si he de hacer un resumen de todas nuestras prácticas, me atrevo a asegurar que nuestra principal virtud es la moderación. Inculcamos a todos nuestros seguidores la necesidad de evitar el exceso en todo, la gran virtud de huir, si se me permite la paradoja, del exceso de virtud mismo. En el valle que ha visto y en el cual viven varios miles de habitantes, bajo el gobierno directo de nuestra orden, hemos tenido ocasión de apreciar la felicidad que proporciona la fiel observancia de nuestros principios. Gobernamos a nuestros fieles con moderada rectitud y nos contentamos, en cambio, con una obediencia moderada. Puedo añadir que nuestro pueblo es moderadamente sobrio, moderadamente casto y moderadamente honrado.

James HILTON, Horizontes perdidos, Plaza y Janés, Barcelona, 1968.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

ECO: La enumeración, instrumento privilegiado para componer las más perfectas hipotiposis

El bibliotecario nos presentó a muchos de los monjes que estaban trabajando en aquel momento. Malaquías nos fue diciendo también cuál era la tarea que cada uno tenía entre manos, y admiré la profunda devoción por el saber, y por el estudio de la palabra divina, que se percibía en todos ellos. Así, conocí a Venancio de Salvemec, traductor del griego y del árabe, devoto de aquel Aristóteles que, sin duda, fue el más sabio de los hombres. A Bencio de Upsala, joven monje escandinavo que se ocupaba de retórica. A Berengario da Arundel, el ayudante del bibliotecario. A Aymaro d'Alessandria, que estaba copiando unos libros que sólo permanecerían algunos meses, en prestamo, en la biblioteca. Y luego a un grupo de iluminadores de diferentes países: Patricio de Clonmacnois, Rabano de Toledo, Magnus de Iona, Waldo de Hereford. Enumeración que, sin duda, podría continuar, y nada hay más maravilloso que la enumeración, instrumento privilegiado para componer las más perfectas hipotiposis.

Umerto ECO, El nombre de la rosa, Lumen, Barcelona, 1985.

ISAACSON: Iluminados y gilipollas

Trabajar con Steve era difícil porque había una gran polaridad entre los dioses y los capullos. Si eras un dios, estabas subido a un pedestal y nada de lo que hicieras podía estar mal. Los que estábamos en la categoría de los dioses, como era mi caso, sabíamos que en realidad éramos mortales, que tomábamos decisiones de ingeniería equivocadas y que nos tirábamos pedos como cualquier otra persona, así que vivíamos con el miedo constante de ser apartados de nuestro pedestal. Los que estaban en la lista de los capullos, ingenieros brillantes que trabajaban muy duro, sentían que no había ninguna manera de conseguir que se valorase su trabajo y de poder elevarse por encima de aquella posición.

Walter ISAACSON, Steve Jobs, Debate, Barcelona, 2011.

martes, 13 de diciembre de 2011

LEVI: La fe por la humanidad no se recupera

Quien ha sido torturado lo sigue estando: la fe en la humanidad, tambaleante ya con la primera bofetada, demolida por la tortura luego, no se recupera jamás.

Primo LEVI, Los hundidos y los salvados, Muchnik Editores, Barcelona, 1995.

ZWEIG: Robespierre

Poco a poco los ha herido y ofendido a todos: al ala derecha, porque llevó al patíbulo a los girondinos; a la izquierda, porque echó al cesto las cabezas de los extremistas; al Comité de Salud Pública, porque le impuso su voluntad; a los negociantes, porque amenazaba sus negocios; a los ambiciosos, porque obstruía su camino; a los envidiosos, porque gobierna, y a los oportunistas, porque no se alía a ellos.

Stefan ZWEIG, Fouché. El genio tenebroso, Editorial Juventud, Barcelona, 2004.

lunes, 12 de diciembre de 2011

CARRIÈRE: El profeta y el fugitivo

Un hombre que huía perseguido por otros hombres poseídos por la violencia, pasó junto al profeta Mahoma y le pidió ayuda.

-Estos hombres quieren mi sangre. ¡Protégeme!

El profeta permaneció tranquilo y le dijo:

-Sigue huyendo en línea recta. Yo me ocuparé de tus perseguidores.

En cuanto el hombre se hubo alejado, el profeta se levantó y cambió de sitio. Se sentó en la dirección de otro punto cardinal. Los hombres violentos llegaron y, sabiendo que él sólo podía decir la verdad, le describieron al hombre que perseguían y le preguntaron si le había visto pasar.

El profeta se concentró un instante y respondió:

-Hablo en el nombre de Aquel que tiene en la palma de Su mano mi alma carnal: desde que estoy aquí sentado no he visto pasar a nadie.

Los perseguidores se fueron corriendo por otro camino, y el fugitivo salvó su vida.

Jean-Claude CARRIÈRE, El círculo de los mentirosos, Círculo, Barcelona, 2000.

domingo, 11 de diciembre de 2011

ISAACSON: El mejor anuncio de todos los tiempos

Al principio del tercer cuarto de la XVIII Super Bowl, los Raiders se anotaron un ensayo contra los Redskins, pero en lugar de mostrar al instante la repetición de la jugada, los televisores de todo el país se fundieron en negro durante dos segundos funestos. Entonces, una inquietante imagen en blanco y negro de autómatas que avanzaban al ritmo de una música espeluznante comenzó a llenar las pantallas. Más de 96 millones de personas vieron un anuncio que no se parecía a nada de lo que hubieran visto antes. Al final, mientras los autómatas observaban horrorizados la desaparición del Gran Hermano, un locutor anunciaba en tono calmado: “El 24 de enero, Apple Computer presentará el Macintosh. Y entonces verás por qué 1984 no será como 1984”.



Fue todo un fenómeno. Esa noche, los tres principales canales de televisión y cincuenta emisoras locales hablaron del anuncio en sus informativos, lo que creó una expectación publicitaria desconocida en una época en la que no existía YouTube. Tanto la revista TV Guide como Advertising Age lo eligieron como el mejor anuncio de todos los tiempos.

Walter ISAACSON, Steve Jobs, Debate, Barcelona, 2011.

DELIBES: La hoz y el martillo

Van los del Pecé a las chabolas de Almedina y preguntan por el jefe de los gitanos. ¿El jefe, el jefe? Todo dios buscando al jefe. Al fin, aparece el jefe y uno del Pecé empieza con la de siempre, que el Partido va a redimirles, que el Pecé es el Partido de los marginados y que si tal y que si cual. A todo esto, el jefe de los gitanos no le quita ojo a la hoz y el martillo de la bandera. Y el del Pecé, dale, que es una injusticia más de la sociedad capitalista, joder, y que la solución está en que se afilien todos al Partido. Cuando acaba, el jefe de los gitanos le dice que bien, que está muy bien, pero que con esto de la democracia él no puede tomar una determinación sin consultar a la tribu y que, si no les molesta, vuelvan al día siguiente. Los del Pecé se van jodidos, pero vuelven a la mañana siguiente y preguntan por el jefe. ¿El jefe, el jefe? Todo dios a buscar al jefe. Al fin sale el jefe y se queda mirando la hoz y el martillo todo el tiempo.

-Bueno -le dice el del Pecé- supongo que ya os habréis decidido, camaradas.

-Pues sí señor -contesta el jefe de los gitanos-: Hemos determinado por unanimidad afiliarnos al Partido.

Al del Pecé, joder, se le hace la boca agua.

-Dile a tu pueblo, camarada, que agradecemos su confianza y...

En estas, el jefe de los gitanos levanta una mano:

-Un momento, tú. Todos estamos de acuerdo en afiliarnos al Partido pero con una condición.

El del Pecé sonríe y pregunta en tono conciliador:

-¿Qué es ello?

Entonces, el jefe de los gitanos se adelanta, apunta con un dedo a la hoz y el martillo y dice muy serio:

-Que quitéis la herramienta de la bandera.

Miguel DELIBES, El disputado voto del señor Cayo, Destino, Barcelona, 1979.

sábado, 10 de diciembre de 2011

GATES: Todos vosotros robáis software

Como la mayoría de los aficionados a la electrónica ya sabrán, casi todos vosotros robáis el software. ¿Es esto justo? Una de las cosas que estáis consiguiendo es evitar que se escriba buen software. ¿Quién puede permitirse realizar un trabajo profesional a cambio de nada?

Walter ISAACSON, Steve Jobs, Debate, Barcelona, 2011.

HILTON: Lo mejor es dejar que todo suceda como ha de suceder

-Si tuvieras la misma experiencia que yo, Mallinson, sabrías que hay ocasiones en la vida en que lo más cómodo es no hacer nada. Lo mejor es dejar que todo suceda como ha de suceder. La guerra fue una cosa parecida. Se es afortunado cuando la contemplación de la novedad nos hace olvidar todas las sensaciones desagradables.

-Es usted demasiado filosófico para mí. No era así como hablaba en Baskul.

-Desde luego que no. Allí tenía la posibilidad de alterar los acontecimientos con mi esfuerzo; pero ahora esa probabilidad no existe, por lo menos por el momento. Estamos aquí porque estamos aquí. No hay otra razón, ni me molesto en buscarla.

James HILTON, Horizontes perdidos, Plaza y Janés, Barcelona, 1968.

viernes, 9 de diciembre de 2011

ZWEIG: Fouché

"Y ni Lamartime, ni Michelet, ni Luis Blanc intentan seriamente estudiar su carácter, o, por mejor decir, su admirable y persistente falta de carácter."
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"Cuesta trabajo imaginarse que el mismo hombre que fue sacerdote y profesor en 1790, saquease iglesias en 1792, fuese comunista en 1793, multimillonario cinco años después y Duque de Otranto algo más tarde."
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"Ya en el escalón inicial, en el primero y más bajo de su carrera, resalta un rasgo característico de su personalidad: la antipatía a ligarse completamente, de manera irrevocable, a alguien o a algo."
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"Lectura solitaria en libros científicos, comidas pobres y sueldos mezquinos."
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"No conoce pasiones recias, avasalladoras; no es arrastrado hacia las mujeres ni hacia el juego; no bebe vino, no le tienta el despilfarro, no mueve sus músculos, no vive más que en su estudio, entre documentos y papeles."
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"El marais, a los que en todas las decisiones carecen de pasión."
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"No conoce más que un partido, al que es leal y al que permanecerá fiel hasta el fin: al más fuerte, al de la mayoría."
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"Tiene plena concienca de su rostro feo y repulsivo."
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"Le importa una sola cosa: estar siempre con el vencedor, nunca con el vencido."
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"El tempo revolucionario de la capital y el del país no coinciden."
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"El hecho de negar desesperadamente más tarde el duque de Otranto las palabras escritas como simple ciudadano José Fouché."
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"Del que circula la leyenda de que, por haber recibido una rechifla como actor en Lyon, es el verdadero hombre para castigar a sus habitantes."
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"Sabe que un gesto de feroz y un ademán de terror ahorran casi siempre el terror mismo."
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"No pecó por embriaguez de sangre la Revolución francesa, sino por haberse embriagado con palabras sangrientes."
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"Por desgracia, no es siempre la Historia, como nos la cuentan, historia del valor humano; es también historia de la cobardía humana."
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"Los dos rezagados de la gran matanza son el verdugo de Lyon y su ayudante."
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"Collot es mandado a la guillotina seca, es decir, a las islas, contaminadas por la fiebre, de la India occidental, donde sucumbe a los pocos meses."
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"Otra vez se ha probado por la experiencia la sabia máxima de Mirabeau (hoy aún valedera para los socialistas) que los jacobinos, como ministros, dejan de ser jacobinos."
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"Fouché calculó bien: contra los hombres hay que luchar; a los charlatanes se los derriba con un gesto."
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"Bromea como el juez de Raskolnikow, de manera ingeniosa y verdaderamente diabólica, precisamente cuando al culpable le corre por la espalda el escalofrío."
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"No le despide, ni le reprocha, ni le castiga. Pero desde ese momento pierde la confianza en él."
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"Es inmortal la historia de Plutarco del soldado que salvo la vida amenazada del rey en la batalla, y en vez de huir enseguida, como le aconsejo un sabio, contó con la gratitud del rey y perdió así la cabeza: los reyes no quieren bien a las personas que los vieron en un momento de debilidad."
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"Para este hecho tuvo Fouché la frase ya célebre: Fue peor que un crimen: fue una equivocación."
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"Talleyrand, que tiene piel de elefante para semejantes agresiones y de quien se cuenta que se durmió una vez leyendo un libelo contra él."
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"Sin duda ha cometido el señor Fouché una falta, pero si yo tuviera que darle un sucesor, y se lo daría, no sería otro que el mismo señor Fouché."
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"Diez años de enemistad enconada unen a veces a los hombres con mayor intensidad que una amistad mediocre."
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"No he sido yo quien ha traicionado a Napoleón, ha sido Waterloo."
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"Deliberadamente ha mandado retardar la marcha del coche para llegar secretamente, cubierto por la oscuridad."
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"Los reyezuelos familiares por la gracia de Napoleón vagan sin reino, con los bolsillos vacíos, escondiéndose."
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"Simula apoyar ante el Parlamento al hijo de Napoleón; ante Carnot, defender la República; ante los aliados, al Duque de Orleáns, pero en realidad ofrece secretamente el timón al antiguo rey Luis XVIII."
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"Viendo lo triste y solo que estaba allí, advirtiendo como se alegraba si cualquier empleado iniciaba una conversación con él o le proponía una partida de ajedrez, tenía que pensar, instintivamente, en la veleidad de todo Poder y de toda grandeza terrenales."
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"De vez en cuando se quita el sombrero ante él, achacoso y doblegado, algún comerciante. Por lo demás, ya no le conoce nadie en el mundo y nadie piensa en él."


Stefan ZWEIG, Fouché. El genio tenebroso, Editorial Juventud, Barcelona, 2004.

jueves, 8 de diciembre de 2011

ZWEIG: La trompeta sonará

Gravemente enfermo, pidió que lo llevaran al estrado del Covent Garden. Y allí se irguió entre sus fieles, gigantesco y ciego, entre sus amigos músicos y cantantes, que no podían resignarse a ver sus ojos apagados para siempre. Pero al acudir a su encuentro las oleadas de sonidos, al expandirse el vibrante júbilo de cientos de voces proclamando la Gran Certeza, se iluminó su fatigado rostro y quedó transfigurado. Agitó los brazos llevando el compás, cantó con tanto fervor como si fuese un sacerdote que estuviera oficiando su propio réquiem y oró con todos por su salvación y la de toda la Humanidad. Sólo una vez, cuando, a la voz de "La trompeta sonará", dejó ésta oír sus acordes, se estremeció y miró a lo alto con sus ciegos ojos, como si ya estuviese preparado para presentarse al Juicio Final. Sabía que había cumplido bien su misión. Podía comparecer ante Dios con la serenidad del deber cumplido.

Stefan ZWEIG, Momentos estelares de la humanidad, Editorial Juventud, Barcelona, 2004.

BUKOWSKI: Sé consciente de la posibilidad de la total derrota

tienes que cogerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

ASIMOV: Yo soy un producto acabado

He pasado estos dos últimos días en concentrada introspección y los resultados han sido de lo más interesantes. Empecé por un seguro aserto que consideré podía permitirme hacer. Yo, por mi parte existo, porque pienso... Y la cuestión que inmediatamente se presenta es: ¿cuál es exactamente la causa de mi existencia? Una hipótesis debe ser corroborada por la razón, de lo contrario, carece de valor; y es contrario a todos los dictados de la lógica suponer que vosotros me habéis hecho. Fíjate en ti. No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación ineficiente del material orgánico... Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.

Isaac ASIMOV, Yo, robot, Edhasa, Barcelona, 1975.

martes, 6 de diciembre de 2011

SCHOPENHAUER: Los franceses

Las otras partes del mundo tienen monos.
Europa tiene franceses.
Esto nos compensa.

Arthur SCHOPENHAUER, El amor, las mujeres y la muerte, Esplandián Editores, Madrid, 1998.

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: La tarta de queso

“I hate people who are not serious about their meals.”
Ambrose Bierce


¿Te lo habíamos advertido?, le dicen a Prudencio, que examina aterrado la enorme, la monstruosa tarta de queso que el camarero acaba de traer. Esto no me lo puedo comer, indica, mientras se toca, por debajo de la mesa la barriga, que ha comenzado a dolerle. Sus compañeros le miran condescendientemente. Tienes que comértela. Ya te lo dijimos, hay que comérselo todo. Y de nuevo le señalan el letrero de la pared, el que advierte de lo que puede sucederle a cualquiera que se deje algo en el plato. Lo que al principio le había parecido a Prudencio una estúpida broma, una chanza, se muestra ahora como una grave amenaza. Los chistes y bromas que han intercambiado durante la comida ya terminaron. Prudencio mira la gigantesca tarta de queso. ¿Me podéis ayudar? No, nada de eso.

Coge la cuchara y comienza a atacar la tarta. No es nada fácil. Ha tomado berenjena de primer plato, una grandiosa berenjena rellena de La Mezquita, y codillo de segundo, un codillo inmenso, casi infinito. De bebida, dos cervezas y un vaso de vino. Hace tiempo que ha decidido que esta noche no descongelará la pizza que tenía preparada para el partido.

¡No puedo más!, exclama. ¿Todo va bien?, pregunta el maître, súbitamente aparecido detrás de los comensales. Sí, sí. El huraño maître, poco convencido, se queda observando la tarta de Prudencio, apenas tocada. ¿Le pasa algo? Sus compañeros le hacen señas para que sea prudente, para que guarde silencio. No, no. Está muy buena. Sólo que voy con calma.

El adusto maître desaparece. Manolo, que ha devorado sus profiteroles, todavía admite algo más de comida. Está por pedirle a Prudencio un trozo de tarta de queso; finalmente desecha la idea como inadecuada, impropia: el maître, sin duda, está vigilando. Finalmente piensa que Prudencio se lo ha buscado por pedir una tarta de queso.

¿Te queda mucho?, pregunta el subdirector, que no deja de mirar la pantalla del móvil.

Prudencio toma una cucharada más; espera a tragar y limpiarse la boca con la servilleta para responder.

No, no, está bien, musita al fin.

Paco indica que se está haciendo tarde: llevan más de una hora en el restaurante. ¿Pedimos la cuenta? La lluvia parece que ha remitido: una buena oportunidad para regresar. Seguro que el director, que como siempre ha comido en el Cervantes, estará por llegar a la oficina; no deben hacerle esperar.

Prudencio sigue con la enorme tarta. Ya casi ha devorado la mitad. ¿Queda agua? Alguien, compasivo, le llena el vaso. Prudencio se echa un corto trago, que acompaña con otra cucharadita de tarta. Esto no tiene fin, dice, tratando de bromear. Siente que todos están pendientes de él.

Paco es el primero en arrojar un billete de diez euros sobre la mesa. Me voy, anuncia. Es la señal para que comiencen a aparecer otros billetes, la complicación semanal de encontrar cambio para los que traen un billete de veinte, los problemas con los que sacan uno de cincuenta.

Pronto sólo quedan en la mesa Prudencio y Manolo; éste ha pedido tarta de chocolate y se ha demorado más de lo prudente, distraído por una interminable llamada. Al otro lado del salón, una pareja mayor termina un silencioso café.

No puedo más, dice Prudencio. Queda poco, menos de la mitad de la tarta, pero siente que el estómago le va a explotar. No, tampoco va a comer nada mañana.
El hosco maître aparece de nuevo, el ceño fruncido. ¿No consiguen acabar?
Sí, sí, replica Manolo, que devora rápidamente los últimos restos de su tarta.

¿Cómo estaba?

Buenísima, responde Manolo que, agitado, saca dos arrugados billetes de cinco euros y los lanza sobre la mesa. Tengo que irme, anuncia a Prudencio.

Espérame, realmente me queda poco.

No, tengo que irme, repite Manolo, que se coloca la cazadora, coge el paraguas y abandona con celeridad el salón. Afuera, otra vez ha comenzado la lluvia. Las gotas se estrellan con fuerza contra la cristalera, produciendo un chasquido ominoso.
Los dos viejos se levantan y, con parsimonia, se ponen una gabardina, él, una chaqueta con el cuello forrado de piel, ella.

Adiós, a pasarlo bien, le dicen a Prudencio, con esa buena educación que ya sólo conservan las personas de otra época. Está por pedirles que no se fueran, que le esperaran.

Prudencio, desalentado, contempla la mesa, los billetes dejados un poco al azar, las botellas vacías, las servilletas arrugadas que adoptan formas imposibles, los vasos de agua vacíos. Fuera, aquella lluvia tenaz y enervante.

Se levanta para coger al otro lado de la mesa, donde ha estado sentada Luisa, la última botella que quedaba con un poco agua. Mira el pintalabios marcado en el borde del vaso. Durante un instante se le pasa por la cabeza utilizar aquel vaso, pero rápidamente desecha la idea. Se sienta en su propio sitio y llena su vaso. Toma otro poco de tarta, y lo acompaña de un trago.

De pronto saca la cartera. Tiene un billete de veinte, que intercambia por dos de cinco. No hay rastro del adusto maître. Durante un instante piensa que podrá escapar. Se levanta y coge la cazadora de la percha.

¿Ya ha terminado?, le pregunta el maître. Ha aparecido delante de Prudencio.
No, sólo… estaba buscando… un… el móvil.

¿Está buena la tarta?

Sí, deliciosa. Hay que felicitar al cocinero. Prudencio duda antes de continuar hablando. Quizá un poco… grande.

El maître le mira de una forma extraña.

Bueno, es que… todos los platos. Excelentes, pero… mucha cantidad. Aquellos temibles ojos grises están clavados en Prudencio.

Hay que comérselo todo, recalca el maître.

Sí, sí. Ya sé.

Prudencio, derrotado, deja la cazadora en la silla donde ha estado sentado Ismael y vuelve a atacar la infinita tarta de queso. Después de todo, pensó, se la comería. Nota la barriga llena, como si le fuera a explotar; hace tiempo que se había desabrochado el botón de los tejanos.

¿Le falta algo?, le pregunta uno de los camareros, que ha comenzado a recoger las tazas, los vasos, a retirar las botellas vacías. El mantel, con las manchas de la comida, las migajas de pan, tiene un aspecto mezquino, sucio, sórdido.

Prudencio calcula que le quedaban menos de dos cucharaditas. Se mete una en la boca. Pero la garganta se niega a dejar pasar nada más. Tomó un vaso de agua y finalmente consigue tragar.

El ceñudo maître se ha situado delante de él. Con gestos enérgicos le va indicando al camarero cómo retirar la mesa. De vez en cuando mira a Prudencio, pero ya no le dice nada; es como un verdugo que espera paciente la última oración del condenado. Prudencio se da cuenta de que hay algo perverso en aquel maître. Se mete otra cucharada de tarta, y se fuerza a tragarla. Pero comprende que nada que haga puede salvarle ya. Nada.

Aparta el plato y apoya las manos sobre la mesa, esperando que todo acabe pronto.

El camarero recoge los billetes de la mesa, los cuenta lentamente. El maître le indica que salga. Ahora sólo permanecen en el salón los dos, Prudencio y el maître.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, El albergue y otros cuentos, Editoral Almotacén, Córdoba, 2009.

lunes, 5 de diciembre de 2011

BALMES: Los cambios políticos de Don Marcelino

Don Marcelino acaba de salir de unas elecciones en que los partidarios han luchado en tremenda batalla. La fuerza muscular ha tenido también su voto; se han blandido puñales, se han menudeado los garrotazos, la campanilla del presidente ha resonado entre el ruido de voces estentóreas y de pulmones de bronce. Don Mareelino pertenece al partido derrotado y ha tenido que salvarse a escape. Lo que es valor, ya se ve, no le faltaba; pero ha sido preciso no olvidar las consideraciones de prudencia y decoro.

La desagradable impresión no se le borrará en algunos días, y es notable que ella basta para echar a perder sus ideas liberales. "Desengáñense ustedes, señores -dice con el tono de la más profunda convicción-: esto es una farsa, un absurdo; nos hemos empeñado en una barbaridad; no hay más remedio que un brazo fuerte; el absolutismo tiene sus inconvenientes, pero del mal el menos. El gobierno representativo, el gobierno de la razón ilustrada y de la voluntad libre es muy hermoso en las páginas de las obras de derecho constitucional y en los artículos de periódicos, pero en la realidad no medran más que la intriga, la inmoralidad y, sobre todo, la impudencia, y la audacia. Yo ya estoy desengañado y he palpado bien aquello de: Otros vendrán que me abonarán".

A consecuencia de los disturbios, la autoridad militar toma una actitud imponente, declara el estado de sitio, la Constitución se suspende, los revoltosos se amedrentan y la ciudad recobra su calma. Don Marcelino, puede entregarse sin recelo a sus paseos ordinarios; reina la mayor seguridad de día como de noche, y así el cuitado elector va olvidando la escena de los campanillazos, gritos, garrotes y puñales.

Ocúrresele entretanto hacer un viaje y necesita su pasaporte. A la entrada de la casa de la policía hay numerosa guardia de tropa; Don Marcelino se va a entrar por la primera puerta que se le ofrece, y el granadero le dice: "Atrás". Encamínase a la otra, y el centinela le grita en alta y destemplada voz: "Paisano, la capa". Quítase el embozo, prosigue algo mohíno, y los esbirros que se resienten de la rigidez gubernativa le dicen en ademán descortés: "No vaya usted tan aprisa, aguarde usted su turno". Llegado a la mesa, el oficial le dirige mil preguntas investigadoras, le mira de pies a cabeza, como si sospechase que el pobre Don Marcelino es uno de los jefes del motín del otro día. Al fin le entrega el pasaporte con ademán desdeñoso, baja la cabeza y no se digna devolver el saludo que el viajero le dirige con afabilidad y cortesía.

El paciente se marcha muy disgustado, pero no piensa que aquella escena haya debido modificar sus opiniones políticas. Reúnese con sus amigos; la conversación gira sobre las últimas ocurrencias, y se eleva poco a poco hasta la región de las teorías de gobierno. Don Marcelino ya no será el absolutista del otro día.

-¡Qué -escándalo -dice uno de los circunstantes-; yo no puedo recordarlo sin detestar esas trampas!

-Ciertamente -responde Don Marcelino-, pero en todo hay inconvenientes; mire usted: el absolutismo proporciona quietud; pero, ¿qué sé yo?, también tiene sus cosas. A los hombres no conviene gobernarles con palo, y al fin es necesario no olvidar la dignidad propia.

-¿Pero la olvidan, por ventura, los que viven bajo un gobierno absoluto?

-Yo no digo eso, pero sí que es preciso no precipitarse en condenar las formas representativas, porque no puede negarse que las absolutas tienen cierta rigidez de que se resienten hasta las últimas ruedas del gobierno.

El lector conocerá que Don Marcelino, sin advertirlo siquiera, piensa en la escena del pasaporte; el rudo "atrás" del granadero; el grito del centinela: "Paisano, la capa"; la descortesía de los esbirros y del oficial han bastado para introducir en sus ideas políticas una reforma de alguna consideración.

Desgraciadamente, el oficial de la policía había llevado muy lejos sus sospechas. Librado el pasaporte, no pudo menos de indicar a su principal que se le había presentado un sujeto, de quien recelaba, según las señas, no fuese uno de los que buscaba la autoridad. Sin saber cómo, en el acto de subir Don Marcelino a la diligencia es detenido, conducido a la cárcel y allí se le fuerza a pasar algunos días, sin que basten a libertarle las vehementes presunciones que en su favor ofrecen un traje muy decente y cómodo, un cuerpo bien nutrido y un semblante pacato. No se necesitaba más para que acabasen de desplomarse con estrépito sus convicciones absolutistas, ya algo desmoronadas con el negocio del pasaporte. Lo brusco de la captura, lo incómodo de la cárcel, lo pesado y quisquilloso y ofensivo de los interrogatorios bastan y sobran para que salga Don Marcelino de la prisión con su liberalismo rejuvenecido, con su afición a la tabla de derechos, con su odio a la arbitrariedad, con su aversión al gobierno militar, con su vehemente deseo de que la seguridad personal y demás garantías constitucionales sean una verdad. Su fe política es en la actualidad muy viva; en cuanto a firmeza, aguardad que vengan otras elecciones o que un día de ruido le asusten las carreras y los gritos de la calle. Será difícil que las nuevas convicciones resistan a tan dura prueba.

Jaime BALMES, El criterio, Esplandián Editores, Madrid, 1998.

domingo, 4 de diciembre de 2011

VARGAS LLOSA: Casi todos fracasan

Aunque tiene el clásico esquema de una confrontación entre policías y delincuentes, The Wire rompe a cada paso ese maniqueísmo mostrando que, en el mundo en que transcurre la historia -los barrios negros y miserables de Baltimore, los colegios públicos de la periferia, las comisarías marginales, los almacenes y muelles del puerto, la redacción del principal periódico de la ciudad, The Sun, y las oficinas de la Municipalidad- hay buenos y malos entreverados y que en muchos casos la bondad y la maldad coexisten en una misma persona por momentos y según las situaciones. Lo único que queda claro, al final, es que, en aquella sociedad, casi todos fracasan, y, los pocos que tienen éxito, lo alcanzan porque son unos pícaros redomados o por obra del azar.

Una obra semejante debería dejar una sensación profundamente pesimista en el espectador, y, sin embargo, sucede todo lo contrario. Pese al fatalismo que preside la vida de esas gentes, hay entre los policías, los camellos vendedores de drogas, los ladrones, los matones, los periodistas, los profesores, gentes tan entrañables como el detective borrachín y parrandero Jimmy McNulty, o el policía convertido en maestro de escuela Roland Prez Pryzbylewski, el tierno adicto y confidente Bubbles, o los estibadores que ven, impotentes pero risueños, la desaparición de los astilleros que les han dado de comer y ahora los dejarán en el paro y el hambre. Gracias a ellos, uno sale reconciliado con la fauna humana, esa sensación de que, a pesar de que todo anda mal, la vida vale la pena de ser vivida aunque sólo sea por aquellos momentos de alegría que se viven disfrutando un trago en el bar de la esquina con los compañeros, o recordando aquella noche de amor, o la emboscada que tuvo éxito y -¡por una vez!- mandó al asesino entre rejas.

El País, domingo 23 de octubre de 2011.

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HITLER: Disputa conyugal

La patrona nos quería mucho. Siempre nos defendía contra su marido que, por decirlo así, no pintaba nada en casa. Ella le atacaba como una víbora.

Me acuerdo de una de las disputas que tenían frecuentemente. Algunos días antes había pedido a mi patrona, cortésmente, que me sirviera el café por la mañana un poco menos caliente, para tener tiempo de bebérmelo antes de marcharme. La mañana de la discusión le hice observar que era ya la media y que yo no tenía servido mi café. Contestó que no era tan tarde. Entonces intervino el marido:

-Petronella -dijo-, son menos veinticinco.

Ante esta observación emitida por alguien que no tenía derecho a hablar, la mujer explotó. Llegó la noche y Petronella aún no se había calmado. Al contrario, la crisis llegó a los límites del paroxismo. El marido quiso salir y, como de costumbre, nos pidió a uno de nosotros que le acompañáramos, porque tenía miedo de las ratas y había que alumbrarle. Cuando se marchó, Petronella echó los cerrojos. Gustav y yo nos dijimos: Esta va a ser buena.

No pasó mucho rato y el marido vino a darse de narices con la puerta cerrada. Pidió a su mujer con gran finura que le abriera. Ella no le respondió más que con canturreos. Él lo pidió enérgicamente, y con el mismo éxito. De las amenazas pasó a la humilde súplica, acabó por dirigirse a mí: yo sólo pude aducir la prohibición que su encantadora esposa me había hecho de obedecerle. El resultado fue que pasó la noche fuera, no pudiendo entrar hasta por la mañana, a la hora del lechero, todo él lamentable y domado.

¡Qué desprecio sentimos Gustav y yo por aquel hombre! Petronella tenía treinta y tres años. El era barbudo y sin edad. Pertenecía a la pequeña nobleza y trabajaba en el ayuntamiento.

Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, Barcelona, 2004.

sábado, 3 de diciembre de 2011

HARRIS: Revista de prensa

Noticias del Reich: ¡EL DESHIELO TRAE NUEVAS FUERZAS AL FRENTE SIBERIANO! ¡TROPAS ALEMANAS APLASTAN GRUPOS TERRORISTAS DE LOS IVÁN! En Rovno, capital del Reichskommissariat de Ucrania, cinco líderes terroristas habían sido ejecutados por organizar la masacre de una familia de colonos alemanes. Había una fotografía del último submarino nuclear del Reich, el Grossadmiral Dönitz, en su nueva base de Trondheim.

Noticias internacionales. En Londres se había anunciado que el rey Eduardo y la reina Wallis iban a hacer una visita de estado al Reich en julio «para estrechar los profundos lazos de respeto y afecto entre los pueblos de Gran Bretaña y el Reich alemán». En Washington se creía que la última victoria del presidente Kennedy en las elecciones primarias había reforzado sus posibilidades de conseguir un segundo mandato...

Editorial sobre las manifestaciones estudiantiles antibélicas en Heidelberg: ¡LOS TRAIDORES DEBEN SER APLASTADOS POR LA FUERZA! El Tageblatt siempre mantenía una línea dura.

Necrológica: un viejo Bonze del Ministerio del Interior: «Toda una vida de servicio al Reich...»

Las páginas de arte: Zarah Leander, todavía fuerte, en Mujer de Odessa, ahora en el Gloria-Palast: la épica historia de la reconquista del sur del Tirol. Un artículo del crítico musical atacando los «perniciosos aullidos negroides» de un grupo de jóvenes ingleses de Liverpool que tocaban para un abarrotado público de jóvenes alemanes en Hamburgo. Herbert von Karajan dirigiría una ejecución especial de la Novena Sinfonía de Beethoven (el himno europeo), en el Royal Albert Hall de Londres el día del cumpleaños del Führer.

Robert HARRIS, Patria, Debolsillo, Barcelona, 2004.

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: Remembrance of Things Past

Como tantas veces había hecho en sus años de instituto, cuando pasaba por delante de la casa de Martínez Palacios, trató de observar el jardín a través del muro de setos, ahora marchitos, aunque sabía que allí no vivía ya nadie, que habían vendido la propiedad a una inmobiliaria, que indudablemente la convertiría en pisos marrones que esconderían también cientos de historias de deseos insatisfechos, y que Lourdes, a la que tantas veces había espiado tomando el sol en verano, tendida en el césped, se había casado con aquel abogado de la capital y vivía ahora en otra casa con muro de setos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

SÉNECA: Nunca vuelvo a casa con el mismo temple con que salí de ella

Preguntas qué es, a mi juicio, lo que debes ante todo evitar. La multitud. No puedes convivir todavía con ella sin peligro. Por mi parte te confesaré mi debilidad: nunca vuelvo a casa con el mismo temple con que salí de ella; algo del equilibrio interior conseguido se altera y reaparece alguna de las pasiones que ahuyenté. Lo que ocurre a los enfermos, a quienes una prolongada debilidad agotó hasta el punto de no poderlos trasladar a parte alguna sin molestias, esto mismo nos acontece a nosotros, cuyo espíritu se está recuperando de una enfermedad crónica.

El contacto con la multitud nos es hostil: cualquiera nos encarece algún vicio, o nos lo sugiere, o nos lo contagia sin que nos demos cuenta. Ciertamente, el peligro es tanto mayor cuanto más numerosa es la gente entre la que nos mezclamos.

SÉNECA, Epístolas morales a Lucilio. I, Editorial Gredos, Madrid, 1986.

SALUSTIO: Catón

A Catón se le tenía por grande gracias a la integridad de su vida. Le confería dignidad su severidad. Había alcanzado la gloria sin conceder nada. En él, los canallas hallaban su perdición. Se le elogiaba su firmeza. Catón se afanaba por la moderación, el decoro y, sobre todo, la austeridad. Competía no con el rico en riquezas ni con el faccioso en banderías, sino con el valiente en valor, con el recatado en pudor, con el desprendido en desinterés. Prefería ser bueno a parecerlo; de este modo, cuanto menos buscaba la gloria, tanto más le perseguía ésta.

SALUSTIO, Conjuración de Catilina, Editorial Gredos, Madrid, 1997.

jueves, 1 de diciembre de 2011

McCARTHY: Los muertos

Los muertos amortajados en la corteza terrestre y girando al lento diurnal de la rueda de la tierra, en paz con eclipses, asteroides, novas polvorientas, sus huesos manchados de moho y el tuétano transmutado en frágil piedra, girando, los dedos entrelazados de raíces, siendo uno con Tutankamón y Agamenón, con la simiente y lo nonato.

Cormac McCARTHY, El guardián del vergel, Debolsillo, Barcelona, 2005.

SÉNECA: Aparejarnos para la muerte

Hemos de aparejarnos para la muerte antes que para la vida. La vida está harto provista, pero nosotros estamos siempre con ansias de abastecerla: nos parece y siempre nos parecerá que nos falta algo. Que hayamos vivido lo suficiente no lo consiguen ni los años ni los días, sino el alma. He vivido, Lucilio carísimo, todo el tiempo que era suficiente. Satisfecho aguardo la muerte.

SÉNECA, Epístolas morales a Lucilio. I, Editorial Gredos, Madrid, 1986.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

BORGES: El jardín de senderos que se bifurcan



-¿Usted sin duda querrá ver el jardín?

—¿El jardín?

—El jardín de los senderos que se bifurcan.

sábado, 26 de noviembre de 2011

WODEHOUSE: Lo que quiero

No quiero ver a nadie, no quiero ir a ninguna parte ni hacer nada. Lo que quiero es escribir.

Adolfo BIOY CASARES, De jardines ajenos, Tusquets, Barcelona, 1997.

lunes, 7 de noviembre de 2011

1 Corintios 15, 52



The trumpet shall sound, and the dead shall be raised incorruptible, and we shall be changed.

sábado, 5 de noviembre de 2011

ZWEIG: La necesidad del fracaso

En el fracaso es donde conoce el artista su verdadera relación con la obra: en la derrota, el general, sus faltas, y en la pérdida del favor, el hombre de Estado, la verdadera perspectiva política. La riqueza permanente debilita; el aplauso constante hace insensible; únicamente la interrupción procura al vario ritmo de la vida nueva tensión y elasticidad creadora, únicamente la desgraciada mirada profunda y extensa para la realidad del mundo. Enseñanza dura, pero enseñanza y aprendizaje es todo destierro: al débil le amasa de nuevo la voluntad, al indeciso le hace enérgico; al duro, mas duro aún. Nunca es el destierro para el verdadero fuerte una mengua: es siempre un tónico de su fuerza.

Nada más propicio para una carrera que su interrupción temporal, pues el que ve el mundo siempre desde arriba, desde la nube imperial, desde la altura de la torre de marfil del Poder, no conoce otra cosa que la sonrisa de los subordinados y su peligrosa complacencia; el que siempre sostiene en las manos la medida, olvida su verdadero valor.

La ceguera de Milton, la sordera de Beethoven, la cárcel de Dostoievski, la prisión de Cervantes, el encierro de Lutero en la Wartburg, el destierro de Dante y la reclusión voluntaria de Nietzsche en las zonas heladas de la Engadina, fueron exigencias del propio genio, ordenadas secretamente contra la voluntad despierta del hombre mismo.

Stefan ZWEIG, Fouché. El genio tenebroso, Editorial Juventud, Barcelona, 2004.

TORRES: La ofrenda

Kabil elevó los brazos al cielo e invocó a los espíritus de sus antepasados con un grito que asustó a los indígenas que le rodeaban. Se hizo un prolongado silencio, quebrado únicamente por el chisporreteo de los leños encendidos.

Cuando ya parecía que su deprecación había sido desoída por los bacabob, el chamán se levantó lentamente, separó a Yatzil de su madre y la atrajo hacia sí. Sacó del frasco que llevaba en la cintura un puñado de ceniza y lo esparció sobre la cabeza de la niña enferma, al tiempo que susurraba la antigua plegaria. Poco después, Yatzil dormía tranquila sobre el suelo, libre ya de la fiebre y las convulsiones que habían sacudido su escuálido cuerpo durante días.

Kabil, que se había quedado a su lado todo el tiempo, se irguió con dificultad y apagó lo que quedaba del fuego. Estaba agotado: sabía que ahora tenía que pagar el precio. Ignorando a quienes, agradecidos, le salían al paso, se alejó de la aldea con pasos cansados y se adentro en la oscura selva. Los indígenas dicen haber visto los hilos nacarados que tendieron los bacabob desde los cuatro puntos cardinales para elevarlo al cielo esa misma noche.

LORINGHOVEN: El búnker con Hitler

"Yo no había cometido actos contrarios al derecho internacional que reprocharme personalmente. Pero al mismo tiempo, había continuado prestando mis servicios como soldado junto a un criminal."
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"Un hombre de cincuenta y cinco años con aspecto de anciano, encorvado, jorobado, con la cabeza hundida entre los hombros, el rostro muy pálido, los ojos apagados y la piel grisácea."
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"Más aún que la muerte, lo que temíamos era caer vivos en manos del enemigo."
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"En aquel momento, sentí vergüenza de abandonar a mis hombres y me preguntaba cómo les iba a dar la noticia. Pero todo fue bien y me desearon buena suerte sin el menor sentimiento de envidia."
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"Representaba el prototipo de oficial superior del que Hitler desconfiaba: cultivado, inteligente y reflexivo."
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"Un frente oriental tan agujereado como el calcetín de un soldado de infantería."
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"Hitler acumulaba no menos de 72 altos cargos del Estado."
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"Todavía recuerdo la manera como pronunciaba la palabra fannatisch, que utilizaba muy a menudo."
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"Se formaba su propia visión personal de la realidad y se aferraba a ella contra viento y marea."
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"El respeto del superior al que había que confiar la responsabilidad tuvo en ese caso un efecto desastroso. La reservatio mentalis (reserva mental) facilitaba la obediencia. En virtud de esta tradición, los jefes militares obedecían al jefe del Estado que les descargaba de su responsabilidad ante la historia."
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"El general nos aseguró su lealtad y Guderian se lo agradeció regalándole un Mercedes. Unos días más tarde, Vörös utilizó su nueva limusina para entregarse a los soviéticos."
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"No sé si era propio de su carácter tomarse las cosas más a la ligera o si estaba ya resignado y no se hacía ilusiones de poder influir en las decisiones del Führer."
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"La guerra estaba perdida, confesó entre lágrimas por primera vez, pero él se quedaría en Berlín para dirigir la defensa de la ciudad y se mataría para no caer en manos del enemigo."
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"¡No somos más que un depósito de cadáveres!, dijo alguien expresando el sentir general."
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"Le vi pasar por el pasillo, por delante de mi habitación abierta, escoltado por cuatro SS, con aspecto hundido y las charreteras y condecoraciones arrancadas del uniforme."
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"Me pareció ver en su mirada como una pizca de envidia. Éramos tres hombres jóvenes y sanos que tenían una oportunidad de salvar la piel, y él ya no la tenía."

Bernd Freytag von LORINGHOVEN, En el búnker con Hitler, Crítica, Barcelona, 2007.

viernes, 4 de noviembre de 2011

HITLER: Los cazadores

—Qué han cazado ustedes? ¿Águilas, leones...?
—No, vulgares conejos.
—Entre los conejos debe reinar ahora una gran alegría. El aire es puro.
—Sí.
—Sin duda han utilizado ustedes balas explosivas...
—Simplemente de plomo.
—¿Han matado o herido algún ojeador?
—No, que yo sepa.
—Es una lástima que no se les pueda utilizar, a ustedes los cazadores, contra los guerrilleros rusos.
—El ministro de Asuntos Exteriores aceptaría sin duda esta invitación a tomar parte en un comando.
—¿Cuál es el récord de caza de Ciano?
—Cuatrocientas piezas.
—¡Nada más que cuatrocientas! ¡Si sólo en el curso de sus servicios como piloto hubiera abatido al menos una ínfima parte de esa cifra en aviones enemigos! ¿La cacería ha concluido sin más?
—La caza es un maravilloso tónico; se olvidan todas las preocupaciones.
—¿Y usted cree que para tonificarse es indispensable matar liebres y faisanes? El gozo de matar une a los hombres. Felizmente, no entendemos el lenguaje de las liebres. Tal vez se expresaban así hablando de ustedes: «¡Era incapaz de correr, ese gran cerdo!». ¿Qué pensará de todo esto una vieja liebre con una experiencia de toda la vida? Entre las liebres debe producirse un gran júbilo cuando se percatan de que un ojeador ha recibido un balazo.

Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, Barcelona, 2004.

VERNE: Prospera el que es sobrio, trabajador, honrado

Paddy O’Moore contó su historia. Era la de todos los emigrados a quienes la miseria destierra de su país. Muchos van a buscar fortuna, y no encuentran más que infortunios y contratiempos. Se quejan de la suerte, olvidándose de dirigir cargo alguno a su falta de inteligencia, a su haraganería y a sus vicios. El que es sobrio y trabajador, económico y honrado, generalmente prospera.

Julio VERNE, Los hijos del capitán Grant, Esplandián Editores, Madrid, 1994.

jueves, 3 de noviembre de 2011

HITLER: Los funcionarios

A veces le decía: "Padre, piense que...". En seguida me cortaba la frase: "Hijo, yo no tengo necesidad de pensar, yo soy funcionario".

Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, Barcelona, 2004.

ASIMOV: La Iliada

Primer Canto
Agamenón, jefe entre las huestes griegas
con Aquiles sostuvo una refriega.
Discutieron larga y duramente,
mas Aquiles cada vez más enojado,
acabó por marcharse de repente.

Segundo Canto
Un sueño ha visitado a Agamenón.
Y sus planes destruye arteramente.
Las tropas se agitan levemente;
Primero habla Tersites, Odiseo lo acalla con su título
y el Catálogo de Naves es el próximo capítulo.

Tercer Canto
Menelao, aunque no el más poderoso,
es más fuerte que París el famoso.
En la lucha Menelao es cosa buena.
Fácilmente ganó el duelo por Helena.
Mas la diosa Afrodita al galán raptó.

Cuarto Canto
Entonces un licio con acierto raro
dispara una flecha por Zeus enviada.
¿Quién confiará en los Troyanos
si la astucia traidora de Pándaro
da fin a la tregua recién proclamada?

Isaac ASIMOV, Cuentos de los viudos negros, Alianza, Madrid, 1990.

MACHADO: En la guerra no se trata de convencer, sino de vencer

Cuando los hombres acuden a las armas, la retórica ha terminado su misión. Porque ya no se trata de convencer, sino de vencer y abatir al adversario. Sin embargo, no hay guerra sin retórica. Y lo característico de la retórica guerrera consiste en ser ella la misma para los dos beligerantes, como si ambos comulgasen en las mismas razones y hubiesen llegado a un previo acuerdo sobre las mismas verdades. De aquí deducía mi maestro la irracionalidad de la guerra, por un lado, y de la retórica, por otro.

Antonio MACHADO, Juan de Mairena, Alianza, Madrid, 1995.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

HITLER: Mujeres y política

Me dan horror las mujeres que se meten en política. Y si además se inmiscuyen en las cosas militares, entonces resultan completamente insoportables.

Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, Barcelona, 2004.

CASTILLA DEL PINO: Les invitaría a que dejaran de hacer lo mismo

El problema que acompleja a los que nos mandan en este momento en nuestro país no radica en que sean, lo que se dice, «los mismos», sino en que «sigan haciendo lo mismo». Llámense censuras y coartaciones a la libertad de expresión, malos tratos en determinadas instituciones, discrirninacíones partidarias, parcial administración de la justicia, partidaria y dirigida acción e inacción policial y, así, un largo etcétera, lo que nos conturba a los españoles es que nuestros gobernantes, de los cuales somos harto sabedores de su verbal abdicación de su pasado, persisten empecinadamente en idénticas actuaciones a las pretéritas. Me resigno de buen grado en ser gobernado por los mismos, pero les invitaría desde aquí a que dejaran de hacer lo mismo que siempre hicieron.

El País, viernes 15 de agosto de 1980.

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LORINGHOVEN: La frialdad de Manstein

Cuando finalmente el aparato despegó y ganó altura, tuve la impresión de volver a nacer. Pesaba 52 kilos, estaba hambriento, no me había afeitado ni lavado desde hacía semanas y llevaba puesto un uniforme sucio y desgarrado. Regresaba de muy lejos.

Al llegar a Melitopol, en el mar de Azov, me dirigí al cuartel general del grupo de ejércitos Don para depositar la saca de correos, llena de cartas de despedida de los que se habían quedado en la bolsa de Stalingrado. El mariscal de campo Von Manstein quería hablar conmigo. Sorprendido al verme en aquel estado, el teniente Stahlberg, su ayudante de campo, un joven oficial elegante y pretencioso, me estrechó la mano con mucha prudencia. Se preguntó sin duda si tenía piojos, cosa que era cierta.

El mariscal de campo me interrogó durante media hora, sobre todo acerca del ambiente que reinaba entre la tropa. Yo le expliqué con pasión que la mayoría de soldados del 6º Ejército seguía creyendo todavía firmemente en la promesa del Führer de salvarlos del infierno. Evoqué los rumores que circulaban y las fantasías que obsesionaban a las mentes febriles ante la muerte. Uno había oído el fuego de las fuerzas liberadoras, otro había visto relámpagos en el horizonte o un reflejo en el cielo. Manstein me escuchó atentamente pero sin reaccionar o manifestar la menor emoción.

Bernd Freytag von LORINGHOVEN, En el búnker con Hitler, Crítica, Barcelona, 2007.

martes, 1 de noviembre de 2011

HITLER: Los curas no interceptan aviones

Yo hubiera recurrido con gusto a los curas si pudieran ayudarnos a interceptar aviones ingleses. Pero de momento nos resultan más útiles los hombres que sirven en nuestros cañones antiaéreos que los individuos que manejan el hisopo.

Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, Barcelona, 2004.

CORNEAU: L’endroit clos où jamais l’âme ne se déguise…

Et si tout commençait dans une "chambre à soi" (Virginia Woolf), une cave (l'idéal de Kafka), un grenier (celui des "enfants frivoles" de Vialatte), une tour ("l'arrière boutique" de Montaigne), une cabane (Thoreau au bord de l’étang Walden), "un petit coin très près où l'on est très loin"...

Bref, un endroit clos où, comme dit exquisément Sacha Guitry, jamais l’âme ne se déguise…

Patrick CORNEAU, Le Lorgnon mélancolique, 14 de noviembre de 2007.

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MONTAIGNE: La trastienda

Hemos de reservarnos una trastienda muy nuestra, libre, en la que establezcamos nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad.

Michel de MONTAIGNE, Ensayos I, Altaya, Barcelona, 1997.

lunes, 31 de octubre de 2011

LAS CASES: Murat en Waterloo

Yo le hubiera llevado a Waterloo. Tal vez nos hubiera dado la victoria. ¿Qué nos faltó en ciertos momentos de aquel memorable día? Romper tres o cuatro cuadros ingleses. Y Murat era admirable para semejante empresa; precisamente, era a propósito para el caso. Al frente de un cuerpo de caballería, nunca se ha visto un hombre más determinado, más valiente y más feliz.

Emmanuel DE LAS CASES, Memorial de Santa Helena, Esplandián Editores, Madrid, 1998.

YOURCENAR: La muerte se acerca

He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes, que acaba de regresar de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos convenido encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre un lecho luego de despojarme del manto y la túnica. Te evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de una hidropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Yolas, que me atendió durante su ausencia. Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo.

Marguerite YOURCENAR, Memorias de Adriano