Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

lunes, 25 de julio de 2011

BORGES: Historia universal de la infamia

"Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar ajenas historias."

"Más de cuatrocientos millones de toneladas de fango insultan anualmente el golfo de México, despojos de un continente en perpetua disolución."

"Un buen esclavo costaba mil dólares. Algunos cometían la ingratitud de enfermarse y morir."

"Fumando pensativos cigarrillos."

"Ya que está resuelto a matarme, déjeme rezar antes de morir."

"Le abrí de un tajo el vientre, le arranqué las vísceras y lo hundí en el riachuelo."

"Era persona de una sosegada idiotez."

"Con los antiguos apetitos africanos muy corregidos por el uso y abuso del calvinismo."

"El destino, tal es el nombre que aplicamos a la infinita operación incesante de millares de causas entreveradas."

"Lo alcanzó el terrible vehículo que desde el fondo de los años lo perseguía."

"La historia, a semejanza de cierto director cinematográfico, procede por imágenes discontinuas."

"La agonía fue larga y blasfematoria."

"Apetecían la venganza y la venganza debió parecerles inalcanzable."

"Se codeó con rameras y con poetas, y hasta con gente peor."

"Es verdad que en El libro de la precisión las banderas del jalifa son en todo lugar victoriosas, pero el resultado más frecuente de esas victorias es la destitución de generales y el abandono de castillos inexpugnables."

"Delegaba las fatigas de gobernar en seis o siete adeptos."

"La tierra que habitamos es un error, una incompetente parodia. Los espejos y la paternidad son abominables porque la multiplican y afirman."

"Yo hubiera querido estar de una vez en el día siguiente, yo me quería salir de esa noche."

"Las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción."

Jorge Luis BORGES, Historia universal de la infamia, Alianza, Madrid, 1997.

domingo, 24 de julio de 2011

BORGES: El hacedor

"Conocía el terror pero también la cólera y el coraje, y una vez fue el primero en escalar el muro enemigo."

"Había escuchado complicadas historias, que recibió como recibía la realidad, sin indagar si eran verdaderas o falsas."

"Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, sino del lenguaje y de la tradición."

"Hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo. Entre los libros de mi biblioteca hay algunos que ya nunca abriré."

"De esta ciudad salieron ejércitos que fueron grandes por la magnificación de la gloria."

Jorge Luis BORGES, El hacedor, Alianza, Madrid, 1997.

sábado, 23 de julio de 2011

BUKOWSKI: Morning paper

Bajé a la esquina a comprar el periódico. Regresé y leí los resultados de las carreras, los atracos, las violaciones y los asesinatos.

Charles BUKOWSKI, Mujeres, Anagrama, Barcelona, 1983.

MANSTEIN: Goering

Hizo su aparición Goering. El aspecto del personaje era realmente sorprendente: parecía ataviado para un baile de máscaras, cuando yo suponía que el motivo de convocarnos allí más bien tenía que ser cosa grave o seria por lo menos. Vestía camisa blanca de cuello bajo y, encima de ella, un jubón de cuero verde sin mangas, con gruesos botones de cuero amarillo. Seguía luego un pantalón corto y gris y, hasta la rodilla, unas medias de seda del mismo color realzaban graciosamente las ya de suyo considerables pantorrillas, terminando por abajo el indumentario en unas botas de media caña o katiuskas, en contraste con la delicada seda de las piernas. Pero a todo esto aventajaba sin duda la rutilante fantasía de un cinturón de cuero rojo, ricamente guarnecido en oro, que ceñía su vientre y alojaba en ancha funda del mismo cuero y color, profusamente esmaltada de chatones de oro, un bamboleante puñal de lujo.

Erich von MANSTEIN, Victorias frustradas, Inédita, Barcelona, 2006.

viernes, 22 de julio de 2011

BORGES: Ars amandi mulieris

"No hubo una palabra ni un beso. Le deshice la trenza y jugué con el pelo, que era muy lacio, y después con ella. No volveríamos a vernos y no supe nunca su nombre."

"No incurrí en el error de preguntarle si me quería. Comprendí que no era el primero y que no sería el último. Esa aventura, acaso la postrera para mí, sería una de tantas para esa resplandeciente y resuelta discípula de Ibsen."

"Por indecisión o por negligencia o por otras razones, no me casé, y ahora estoy solo."

"Una línea de Blake habla de muchachas de suave plata o de furioso oro, pero en ella estaban el oro y la suavidad."

"Sé que estaba enamorado de Ulrica; no hubiera deseado a mi lado ninguna otra mujer."

"Nada me dolía tanto como pensar que paralelamente a mi vida Beatriz iría viviendo la suya, minuto por minuto y noche por noche."

"Sé que mi rasgo más notorio es la curiosidad, que me condujo alguna vez a la unión con una mujer del todo ajena a mí."

"Si no hay bajo los cielos un hombre que no haya mirado a una mujer para codiciarla, todos hemos adulterado."

"Quería plenamente a su novia, pero se había dicho que un hombre no debe pensar en mujeres, sobre todo cuando le faltan. El campo lo había acostumbrado a la castidad."

"La dejé o ella me dejó, lo cual es lo mismo."

Jorge Luis BORGES, El libro de arena, Alianza, Madrid, 1997.

jueves, 21 de julio de 2011

MANSTEIN: La debilidad literaria de Rundstedt

Varias costumbres suyas arrancaban asimismo de la mocedad académica, como sucedía entre otras, con la costumbre que el coronel general tenía de distraerse del despacho de sus papeles con la lectura de emocionantes lecturas policíacas dispuestas en el cajón de su mesa de escritorio de suerte que no tenía más que empujarlo para disimular ante cualquiera de sus oficiales que entrase a despachar con él una debilidad literaria compartida con muchas otras personas de alto nivel intelectual.

Erich von MANSTEIN, Victorias frustradas, Inédita, Barcelona, 2006.

KAPUŚCIŃSKI: El emperador

"Cayó de su posición de segunda persona del Estado a la de pequeño funcionario de una remota provincia del sur."

"Antes de su llegada, era necesario preparar la provincia: hacía falta barrer, pintar, enterrar la basura, ahuyentar las moscas, construir la escuela y dar uniformes a los arrapiezos, reformar el ayuntamiento, coser las banderas y pintar los retratos del Venerable Monarca."

"Hechiceros daban de beber a niños pequeños misteriosas pócimas de hierbas y éstos, enajenados, embriagados y guiados por fuerzas sobrenaturales, entraban en alguna casa y señalaban al ladrón."

"¿Cómo se podía mover una pieza sin que se derrumbara todo lo demás?"

"Un pueblo sólo se rebela cuando alguien de repente intenta cargarle con otro fardo. Entonces el campesino no aguantará más; caerá de bruces en el fango, pero se pondrá de pie de un salto y asirá el hacha."

"Hacía ya tiempo que el mayordomo deambulaba por palacio apagando un cada vez mayor número de luces."

"Para un orden mejor y una mayor humildad de los súbditos, nada hay como dejar que el pueblo pase un poco de hambre, que adelgace."

"Para limitar los ya excesivos costes de la guerra, sólo los oficiales disfrutaban del derecho a ser enterrados, mientras que los cuerpos de los simples soldados se dejaban a merced de las hienas y de los buitres."

Ryszard KAPUŚCIŃSKI, El emperador, Anagrama, Barcelona, 1989.

miércoles, 20 de julio de 2011

BORGES: Yo no habré pasado de una media docena

-Es un libro impreso. En casa habrá más de dos mil.
El otro se rió.
-Nadie puede leer dos mil libros. En los cuatro siglos que vivo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer. La imprenta, ahora abolida, ha sido uno de los peores males del hombre, ya que tendió a multiplicar hasta el vértigo textos innecesarios.

Jorge Luis BORGES, El libro de arena, Alianza, Madrid, 1997.

SKORUPKO: Es difícil encontrar casas vacías

No voy a demorarme con infames explicaciones. Tan sólo diré que salí de casa. Unos minutos, unas horas. Poco importa. Nunca debí abandonarla tan descuidadamente, pero lo hice. Cuando regresé, ya había alguien dentro.

Pasé algún tiempo buscando otra vivienda. Todos han sufrido por esas dificultades y no voy a relatar lo que padecí todos y cada uno de esos largos, eternos días de indigencia. Vi aquella vieja casa, la que estaba pintada de verde. Juro que creí que estaba vacía. La estuve vigilando durante mucho tiempo y nada me hizo sospechar que allí vivía alguien.

Comencé a golpear la puerta. Se me resistía. No conseguía forzarla. Me estaba haciendo daño en el hombro. Me paré unos instantes a descansar. Quizá pensé que en unos minutos tendría de nuevo una mullida cama donde tenderme. Escuché un ruido en el interior. La puerta se abrió y apareció un hombre pequeño, canoso, despeinado. Tenía los ojos enrojecidos, como si se hubiera despertado de un sueño milenario. Me miró aprensivo; tenía algo en la mano. Le dije que creía que no había nadie en la casa. Le pedí disculpas. No respondió; de hecho, llegué a pensar que no hablaba mi idioma. Volví a insistirle: lo lamentaba. Cuando cerró la puerta, me di cuenta de que, inmediatamente, en el segundo piso, se subía una persiana.

Desde entonces sigo buscando. Es difícil encontrar casas vacías.

Andrzej NOWAK (ed.), Pequeña Polonia, El Olivo, Jaén, 2011.

martes, 19 de julio de 2011

BORGES: Ars fictionis

"He renunciado a las sorpresas de un estilo barroco; también a las que quiere deparar un final imprevisto. He preferido, en suma, la preparación de una expectativa o la de un asombro."

"Henry James quizá no hubiera desdeñado la historia. Le hubiera consagrado más de cien páginas de ironía y ternura, exornadas de diálogos complejos y escrupulosamente ambiguos. No es improbable su adición de algún rasgo melodramático. Me limitaré a un resumen del caso, ya que su lenta evolución y su ámbito mundano son ajenos a mis hábitos literarios."

"La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido."

"Unos pocos argumentos me han hostigado a lo largo del tiempo; soy decididamente monónoto."

"Durante muchos años creí que me sería dado alcanzar una buena página mediante variaciones y novedades."

"Cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor."

"Algunos énfasis de tipo retórico y algunas frases largas me hicieron sospechar que no era la primera vez que refería la historia."

"A lo mejor le sirve para un cuento, que usted, sin duda, surtirá de puñales."

"Una tarde en que los dos estábamos solos me confió un episodio de su vida, que hoy puedo referir. Cambiaré, como es de prever, algún pormenor."

"Dictar este relato es para mí una modesta y lateral aventura."

"No sé si la historia es verdad; lo que importa ahora es el hecho de que haya sido referida y creída."

"Había recibido por tradición oral ciertos pormenores que ahora traslado sin mayor fe, ya que el olvido y la memoria son inventivos."

Jorge Luis BORGES, El informe de Brodie, Alianza, Madrid, 1999.

lunes, 18 de julio de 2011

DENEVI: El erizo

El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él, que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola para ocultar su rubor.

Marco DENEVI, El erizo (Joseluís GONZÁLEZ, Dos veces cuento. Antología de microrrelatos, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 1998).

domingo, 17 de julio de 2011

BORGES: Nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros

"Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros. Yo sentía el desprecio de la gente y yo me despreciaba también. En aquel tiempo, y sobre todo en aquel medio, era importante ser valiente; yo me sabía cobarde. Las mujeres me intimidaban; yo sentía la íntima vergüenza de mi castidad temerosa. No tenía amigos de mi edad."

Jorge Luis BORGES, El informe de Brodie, Alianza, Madrid, 1999.

CARANDELL: Celebración eucarística en Cebreiro

En un día de invierno de 1350, un monje que se disponía a decir la misa en la iglesia de Cebreiro concibió grandes dudas acerca de la realidad de la Eucaristía.

Vio entonces llegar a un paisano de Barjamayor en medio de una gran tempestad de nieve. Era el único feligrés que se encontraba en la iglesia y el monje menospreció su sacrificio preguntándole por qué había subido con tan mal tiempo desde su pueblo sólo para ver un pedazo de pan y un vaso de vino. En el momento de la consagración, la oblea que estaba en la patena se convirtió en carne; el cáliz se llenó de sangre y tiñó los corporales.

Luis CARANDELL, Ultreia, Aguilar, Madrid, 1999.

sábado, 16 de julio de 2011

BUKOWSKI: Lo que más me gusta es rascarme los sobacos

"Sabía que todavía no estaba maduro para hacer de escritor, no había vivido suficiente. Así que he tenido que seguir y esperar, que pasara algo dentro de mí que me obligara a comenzar. No había manera de engañarme a mí mismo en el sentido de creer que estaba maduro para escribir algo. Y no lo estaba... Estaba vacío."

"Creo que es una cosa muy común a todos los escritores, cuando ve que todo el mundo va en una dirección, ellos automáticamente quieren ir por un lado contrario. Por este motivo son escritores. Son criaturas extrañas."

"La gente tiene los jardines delante de sus casas porque no tienen otra cosa que hacer. Tiene su trabajo, de modo que deben hacer algo que no les ocupe demasiado."

"El sexo es una cosa importante, pero no tiene una importancia decisiva. Es menos importante, desde el punto de vista fisiológico, que la defecación."

"Uno que trabaja ocho horas al día con todas las restantes cosas que tiene que hacer, recoger el permiso de conducir, comprar neumáticos nuevos para el coche, pelearse con la novia, comprar comida: a alguien que trabaja ocho horas al día le quedan sólo dos horas o una hora y media libres para sí mismo. ¿Cómo es posible amar la vida si sólo se vive una hora y media por día y se pierden todas las demás horas?"

"Más de una vez bajaba todas las persianas, con contestaba el timbre, a quien llamaba o a lo que fuera durante una semana seguida. Me limitaba a estar tendido a solas en la cama. No ver a nadie, no hacer nada. Es muy gratificante para mí."

"Un barfly es una persona que siempre está en el bar, subsiste allí, lo necesita. Ocultándome en aquel bar, no tenía que trabajar ocho horas al día."

Charles BUKOWSKI, Lo que más me gusta es rascarme los sobacos, Anagrama, Barcelona, 1983.

viernes, 15 de julio de 2011

CARANDELL: Ultreia

"Lutero escribió: No se sabe si allí yace Santiago o un perro muerto o un caballo muerto."

"Guillermo de Aquitania, hombre irascible y cruel, mató a su hermana Felicia y, arrepentido, se refugió en estas soledades para hacer penitencia por su crimen."

"Dice que los castellanos son malos y viciosos."

"Había conocido a uno que era probador de una marca de botas."

"Un padre había encargado a cada uno de sus hijos peregrinar a Jerusalén, Roma y Santiago so pena de perder la herencia si no lo hacían."

"Alfonso VI recurrió a la prueba del fuego para saber si la Iglesia de España debía adoptar el rito latino o podía seguir con el rito mozárabe. El monarca arrojó al fuego el misal mozárabe y vio como se quemaba. Arrimó a las ascuas el otro misal, que también se quemó."

"La vieja tejedora dijo de su hija: Ella tirará mientras yo tire; después, lo dejará."

"Unamuno sugirió que el cuerpo que está en la urna del altar mayor de la catedral compostelana pudiera ser el de Prisciliano."

Luis CARANDELL, Ultreia, Aguilar, Madrid, 1999.

jueves, 14 de julio de 2011

ESLAVA GALÁN: Los dientes del dragón

"Los trudentes veneraban las cabezas de los enemigos muertos. Las conservaban en sal y las momificaban exponiéndolas al ardiente sol del mediodía sobre los mástiles de sus tiendas. Creían que las cabezas de los muertos los protegían de la muerte."

"Se equivocó de habitación y entró, sin anunciarse, en la cámara donde un negro sudanés contentaba por vía posterior al cadí mayor del puerto."

"Le explicó lo que es ser soldado. Te dan de comer una bazofia diaria para que no te falten las fuerzas, pero, por Alá, te muelen a palos, te extenúan en los entrenamientos y luego te ponen delante de los francos, vestidos de hierro, unas malas bestias que cuando embisten con sus lanzas son capaces de hacer un agujero en las murallas de Babilonia."

"Quizá tuviera el don de detener las hemorragias de las doncellas, o de consolar la melancolía de las viudas, o de leer el destino de los creyentes desorientados por las complejidades de la vida."

"Una burra domitila, blanca, grandona, que nos hace hermanos de leche y cuando a uno lo hieren se reparte el dolor entre docena y media, lo que lo hace más llevadero. Pero los orgasmos también se reparten; por eso tenemos reputación de insaciables."

"Quizá servimos a la Abominación los que nos servimos a nosotros mismos, los que nos hemos rebelado contra el orden establecido, contra las jerarquías, los papas, los reyes, las leyes de los poderosos que nos oprimen y nos explotan a cambio de una dudosa promesa de felicidad futura en el brumoso reino de Dios."

"Busca al rubio en Occidente, en tierra de cristianos. Barrunto que tomará ese camino. Lo matas, te matan y ganas el Paraíso."

"Siguió el intercambio de insultos que, en los preliminares del enfrentamiento requiere la batalla por norma bizantina en la que está permitido cagarse en los muertos del adversario hasta la tercera generación y no más, a fin de evitar que el insulto afecte a gente ajena."

"Los abades archimandritas estaban obligados a igualar la Santísima Erección antes de ordenarse en el cargo porque, como había dicho el santo Focio, la iglesia no quiere eunucos."

"Exploró la guarida de la dragona: un dilatado lecho de huesos viejos y de cadáveres en distinto estado de consunción, no sólo de humanos sino, a juzgar por las trazas, de animales grandes y de orcos. Había también fragmentos de lanzas, espadas cubiertas de herrumbre, hierros corroídos por la poderosa orina del reptil."

"Se había apuntado en la lista de los spiracos, como llamaban a los profesionales que visitaban a domicilio a las damas de casas pudientes y palacios."

"La puerta tenía un picaporte de trinquete, que permitía cerrarla desde fuera sin llave."

"Su vida es como una rosa al sol del estío, pero esa misma brevedad la hace sublime."

"El justillo apretado para resaltar unos encantos que formaban parte de la oferta del establecimiento."

"Los mozos levantaron al muerto y se lo llevaron a la corraliza trasera para alimentar a los cerdos, según la incivil pero higiénica costumbre del Peloponeso. Aunque sólo lo hacen con los que mueren en pecado, sin confesión."

"Soñó que atravesaba una región devastada por la guerra, las aldeas quemadas, los trigales incendiados, los árboles talados, los buitres hartos de carroña a lo largo de los caminos."

"Había acumulado demasiados recuerdos terribles en la bolsa de la memoria, tantos que incluso los fugaces recuerdos felices se teñían de amargura."

"La verdad turba. El que atisba la luz no puede vivir ya en la oscuridad y eso, es, a veces, un peso insoportable."

Juan ESLAVA GALÁN, Los dientes del dragon, Devir, Barcelona, 2004.

miércoles, 13 de julio de 2011

CARANDELL: El Codex Calixtinus, salvado

El prólogo es una carta de Calixto II, elegido papa en 1119 y gran devoto de Santiago, en que se narran las vicisitudes que su autor pasó para salvar el códice:

"¡Oh rara fortuna! Cuando caí en manos de salteadores que me despojaron de todas mis pertenencias, no me quedó más que este códice. Encerrado en prisión y perdida toda mi hacienda, sólo me quedó el manuscrito. Muchas veces naufragué en mares de aguas profundas y estuve a punto de morir; pero, al salir yo, salió el manuscrito sin mácula. Se prende fuego a la casa en que yo estaba y, abrasado todo mi ajuar, sale el códice indemne. A la vista de lo cual comencé a reflexionar si no sería que este códice que yo deseaba hacer con mis manos sería grato a Dios."

Luis CARANDELL, Ultreia, Aguilar, Madrid, 1999.

UGARTE: Ballenas

La realidad no es con las ballenas menos cruel que los seres humanos, a pesar de que éstos urdieron, hace tiempo, la infundada hipótesis de que quien sufre una terrible desgracia está de algún modo liberado de otras penalidades. Así, las ballenas azules, inofensivas, elegantes en su parsimoniosa lentitud, ni siquiera se encuentran a salvo de otros animales porque también modernos barcos balleneros las persigan.

Las orcas, unos cetáceos carnívoros, que cazan, como los lobos, en manada, atacan también a las ballenas y lo hacen con una crueldad que convierte a cualquier arpón en un arma de la misericordia. Las orcas localizan una ballena solitaria, la rodean y acompasan su nadar al suyo; incluso salen a tomar aire a la vez que su majestuosa víctima. Navegan a ambos lados y van arrancando de ella a dentelladas enormes trozos de carne. La ballena no puede hacer otra cosa sino seguir nadando, incapaz de huir de la jauría asesina. El mar se va tiñiendo de rojo, mientras la manada de orcas sigue mordiendo con furor, en un terrible festín sobre un ser que todavía respira. Las manadas de orcas, veinte, treinta, jamás podrán devorar por completo a su presa, pero pueden saciarse cuando ya han arrancado de ésta cuatro o cinco toneladas de carne.

Y la enorme ballena azul sigue nadando, torpemente, y agoniza.

Pedro UGARTE, Ballenas (Joseluís GONZÁLEZ, Dos veces cuento. Antología de microrrelatos, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 1998).

martes, 12 de julio de 2011

ESLAVA GALÁN: Constantinopla, Babel de la cristiandad

Se veían asiáticos de nariz aguileña y cejas espesas, mardaítas de Siria y Líbano, con sus largas camisas terminadas en flecos azules; turcos de Vadar, con sus turbantes cónicos; babilonios de larga caballera extendida en cascada por la espalda; sirios con chalecos de carnero adornados con volutas de cuero; tracios de espesos bigotes; búlgaros rasurados, con la cara brillante untada con grasa de caballo, que apesta a medida que avanza el día; rusos de largos mostachos colgantes, despuntados cuando el sujeto tiene deudas; armenios de nariz ganchuda; valacos llegados del Pindo, con sus tatuajes en el dorso de las manos, por los que se distingue el clan al que pertenecen; eslavos de Tesalia y Tesalónica, de caras anchas y mirada afable; árabes del Éufrates que palpan con la mirada los traseros de las paseantes; mujeres de Persia enfundadas en sus largos mantos azules que sólo dejan al descubierto los ojos negros, de mirada profunda; jázaros y pechenegos; lombardos, genoveses, catalanes, pisanos, vestidos cada cual según su moda y costumbre de su nación. Paseando entre ellos, el visitante puede oír, en sólo un día, cuantas lenguas pueblan el orbe.

Juan ESLAVA GALÁN, Los dientes del dragón, Devir, Barcelona, 2004.

lunes, 11 de julio de 2011

CARELL: El ejército fantasma

Por la noche, mientras los soldados rusos se entregaban al descanso, otro ejército se ponía en marcha. Pequeños grupos de veinte o treinta hombres, a menudo más reducidos aún, atravesaban las líneas enemigas camino del oeste. Eran los soldados más duros, que en modo alguno deseaban verse prisioneros de los rusos. La mayoría de ellos eran elementos jóvenes o soldados con muchos años de experiencia en el combate. Se calcula que unos cincuenta mil eludieron la captura por este procedimiento. Cruzaron el Beresina en su marcha hacia el oeste, en busca de las propias líneas. Durante el día se quedaban al acecho, descansando, no lejos de las carreteras y de las vías férreas, atacando los convoyes de aprovisionamiento enemigos y las cocinas de campaña. Luego, al amparo de la oscuridad, caminaban por los espesos bosques, persiguiendo y siendo acosados. Cuando no había suerte, comían lo que daba el terreno, robaban animales domésticos de los corrales, bebiendo el agua de los arroyos y de las charcas. Las horas de luz eran consagradas al reposo; la noche les brindaba cierta seguridad para la marcha y la busca de alimento.

Paul CARELL, Tierra calcinada, Inédita Editores, Barcelona, 2007.

domingo, 10 de julio de 2011

ESLAVA GALÁN: En busca del unicornio

"Hasta se me pasó por la imaginación, en la flaqueza de un momento, que me escogieran por más mentecato y menos avisado que los otros, antes que por más valiente y esforzado, como creía."

"El caso es que ellos son demasiadamente desconfiados y no sé si serán tan desconfiados porque son muy embusteros y engañadores o si son así de embusteros o engañadores porque son muy desconfiados."

"Soy ferviente cristiano y en todo presto a admitir lo que la Iglesia enseñe tanto si lo entiendo como si no lo entiendo."

"No cumplía ponerse a llorar sobre los tiestos rotos."

"Un catalán es mal entendido en Castilla y un castellano es mal entendido en Valencia y un vascongado es mal entendido en todas partes."

"Y había por todas partes griterío y luces con que los moros celebraban la victoria del Miramamolín igual que hubieran celebrado su derrota y la victoria de su enemigo Abdamolica."

"Y otra cosa de maravilla y digna de nota es cómo entre los negros hay dos o tres rostros y no hay más, no como entre los blancos, que cada uno tiene su cara y por mucho que se busque no se encuentran dos iguales, como no sea en hermanos del mismo vientre. Por eso, los negros, para distinguirse entre ellos, van todos marcados de un modo u otro y unos tienen cicatrices en el rostro, que ellos mismos se hacen cuando son niños, como si se bautizaran, y a otros les falta un dedo o media oreja o están señalados de pedradas o tienen un chirle o alforzas de látigo y otras señas igualmente buenas."

"¿Qué puede decirse de una ley que prohíbe a los hombres el vino y el cochino, tan consoladores?"

Juan ESLAVA GALÁN, En busca del unicornio, Planeta, Barcelona, 1999.

sábado, 9 de julio de 2011

HAWTHORNE: Argumentos

"Que un hombre escriba un cuento y compruebe que éste se desarrolla contra sus intenciones; que los personajes no obren como él quería; que ocurran hechos no previstos por él y que se acerque a una catástrofe, que él trate, en vano, de eludir. Este cuento podría prefigurar su propio destino y uno de los personajes sería él."

"Un hombre, en la vigilia, piensa bien de otro y confía en él plenamente, pero lo inquietan sueños en que ese amigo obra como enemigo mortal. Se revela, al fin, que el carácter soñado era el verdadero. La explicación sería la percepción instintiva de la verdad."

"En medio de una multitud imaginar a un hombre cuyo destino y cuya vida están en poder de otro, como si los dos estuvieran en un desierto."

"Un hombre de fuerte voluntad ordena a otro, moralmente sujeto a él, la ejecución de un acto. El que ordena muere y el otro, hasta el fin de sus días, sigue ejecutando aquel acto."

"Un hombre rico deja en su testamento su casa a una pareja pobre. Ésta se muda allí; encuentran un sirviente sombrío que el testamento les prohíbe expulsar. El sirviente los atormenta; se descubre, al fin, que es el hombre que les ha legado la casa."

"Dos personas esperan en la calle un acontecimiento y la aparición de los principales actores. El acontecimiento ya está ocurriendo y ellos son los actores."

viernes, 8 de julio de 2011

ESLAVA GALÁN: La Santísima Trinidad

Acudió el fraile y Miguel Castro abrió un ojo y habló para decir que quería confesión. Apartámonos todos una pieza y fray Jordi lo anduvo confesando, mas antes de darle la absolución, Miguel Castro tuvo un escrúpulo y dijo a fray Jordi: "Padre cura, algo más hay que decir." Y dijo fray Jordi: "Dilo, hijo mío, y descansa en el Señor." Y él dijo: "Es una duda que he tenido toda mi vida y no quiero irme con ella: la Santísima Trinidad, ¿es una persona o son tres?" "Hijo mío -le dijo el fraile-, ése es un misterio de la Santa Teología. Son tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, juntas en una." Mas este comento no satisfizo a Miguel Castró y tornó a preguntarle la misma duda. Y fray Jordi le explicó, con muy concertadas razones, el misterio de la Trinidad y ponía la voz persuasiva para decirle que es como tres regatos que se juntan en un solo arroyo, que es como tres cabos de velas juntas en una sola llama, que es como dedos que se juntan en una mano. A lo que replicó Miguel Castro, que ya tenía los ojos cerrados y estaba más blanco que el papel, que los dedos de la mano eran cinco y fray Jordi contestó, impacientándose, que la mano que él tenía pensada sólo tenía tres dedos. Calló un poco Miguel Castro y siguió el fraile hablándole paternalmente y ya parecía que lo tenía convencido y levantaba la mano para la bendición absolutoria cuando en ese momento abrió Miguel Castro los ojos muy abiertos y le dijo: "Fray Jordi, que aún no me tiene persuadido, que no entiendo si es una persona o si son tres." A lo que fray Jordi le replicó, con voz incomodada y enfadosa: "Y a ti que te importa si son tres personas. ¿Es que acaso las vas a tener que mantener?" Y luego le dio la absolución sin más plática y le dejó caer la cabeza muy enfadadamente.

Juan ESLAVA GALÁN, En busca del unicornio, Planeta, Barcelona, 1999.

jueves, 7 de julio de 2011

GIBBON: El noveno esclavo

Ibrahim, príncipe de Shirvan, besó la ínfima grada del trono de su conquistador. Sus ofrendas de sedas, de alhajas y de caballos constaban, según es uso de los tártaros, de nueve piezas cada una. Un espectador observó que sólo había ocho esclavos. El noveno soy yo, declaró Ibrahim. Su lisonja mereció la sonrisa de Tamerlán.

miércoles, 6 de julio de 2011

REVERTE: Dios, el diablo y la aventura

"Será olvidado en los siglos siguientes. Y no sólo por sus compatriotas, sino en buena medida por la Iglesia a la que sirvió y por la que entregó su vida."

"Cuando era niño, probablemente soñó con ir a África."

"Los españoles fueron los que más se distinguieron en la crueldad. Gozaban en derramar sangre, en profanar los templos, en perseguir a los obispos."

"Me regocijé tanto que todos los padecimientos del pasado me parecieron nada."

"Muchos juicios de Dios son un abismo."

"El número de los que se han ordenado de primeras órdenes estos últimos años es tan grande que apenas se halla mozo soltero en muchos lugares que no esté ordenado en ellas; y muchos de crecida edad, después de haber enviudado, las procuran y consiguen, y casi todos las desean, para gozar del privilegio del fueron, vivir con más libertad, excusarse de pagar los tributos y otros motivos temporales."

"Se recordaba del abuna Petrus que había violado a una mujer casada."

"Tenemos en nuestra tierra unos enemigos gentiles que se llaman gallas, y cuando vamos en contra ellos no los encontramos, porque huyen, y cuando regresamos a nuestra casa, ellos vuelven donde no estamos como ladrones."

Javier REVERTE, Dios, el diablo y la aventura, Plaza y Janés, Barcelona, 2001.

martes, 5 de julio de 2011

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: Los haradrim

Nuestro campamento fue despertado por los cuernos de las compañías de caudones: la batalla se iniciaría pronto. Angol Mir, el guía del asser, nos preparó para el combate: encendió un hachón con madera de takaro y lo pasó por encima de nuestras cabezas, purificándonos. El comandante caudón que iba a dirigirnos durante la batalla daba vueltas, impaciente.

Cuando el hachón se hubo consumido, pasamos por nuestro hanach un cuenco de satir, del que todos –excepto el caudón– bebimos el sorbo ritual. Nuestro cuerpo se llenó de fuerza: ahora estábamos preparados para morir en la próxima batalla.

Fuimos a los establos para preparar nuestro tilik, que ellos llaman en su lengua mûmakil, le dimos hierba y wain y, después, le colocamos el kaab sobre el espinazo.

De nuevo sonaron los cuernos y nos pusimos en marcha. Durante la noche, los caudones, oprimidos por los látigos de sus comandantes, habían construido en Osgiliath un puente de maderas oscuras apoyadas sobre barcas y pilares ruinosos. También habían erigido torres para asaltar los muros de la Ciudad, que, ahora, vimos a lo lejos por vez primera . Resplandeciente, amenazante.

Cruzamos el puente, que resistía voluntarioso el paso de decenas de mûmakil. Miles de caudones atravesaban el río en barcazas y algunos, obligados por los oficiales, a nado. Subidos en el kaab, nos sorprendimos al descubrir que las aguas estaban cubiertas por las cuadrillas del Amo.

–Eh, vosotros, haradrim –nos gritó el comandante caudón en la lengua común–, traed acá vuestra bestia.

El Capitán Negro había dado órdenes de arrastrar las torres de asalto con los mûmakil, de llevarlos hasta los muros de la Ciudad. Se decía que los muros de esa ciudad nunca habían caído, pero los caudones, en su soberbia, creían que la arruinarían en una sola jornada.

Angol Mir dirigió el anclaje de la torre al mûmakil y le gritó al comandante caudón que ya podíamos avanzar. A nuestro alrededor decenas de mûmakil como el nuestro arrastraban hasta los altos muros las torres de asalto; de otras tiraban torpemente cuadrillas de caudones. Los kabaros comenzaron a ser tocados por los asser de los haradrim; los caudones respondieron con sus cuernos y sus gruñidos, que emitían para darse ánimos.

Los graznidos de los zeyis, que ellos llaman nâzgul, se escuchaban sobre nuestras cabezas. El cielo estaba rojo, tal vez a causa de alguna funesta magia del Amo. Era un preludio de la sangre que correría ese día.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Libretas, Editoral Almotacén, Córdoba, 2011.

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: El mago

Ilias fue el primero en encontrarle, en el camino de Bayasa. El hombre hizo aparecer de repente una paloma de la oreja del asombrado chiquillo. Después, como si estuviera muy cansado, el extranjero se sentó en el huerto de los Banu Kun.

Hacía años que ningún mago llegaba a la aldea, quizá desde los tiempos de Abd ar-Raman. La gente se acercó al mago y le ofreció regalos: dátiles, agua fresca, vino, que el extranjero rechazó con un gesto apático y con palabras que delataron su origen oriental. Unos decían que procedía de Fars. Otros, que de más allá.

Finalmente, el caíd le dio permiso para entrar y descansar en la aldea. Durante dos días. Después podría continuar su peregrinaje. El extranjero, agradecido, anunció que sorprendería a todos con su magia.

El caíd le llevó a su casa, donde le cortaron el pelo y la barba y le lavaron las ropas, sucias por el polvo del camino. Cuando se hubo aseado, parecía más joven, a pesar de los hilos blancos que ya recorrían su barba.

El segundo día se sentó en la fuente que había junto a la mezquita, y allí pareció dedicar el tiempo a reflexionar.

Pasó la tarde y llegó la noche. La gente comenzó a rodear al extranjero. Que permanecía inmóvil. Parecía distraído, como si una profunda cuestión teológica le preocupara.

Alguien se atrevió a tocarle el hombro para sacarle de su ensimismamiento, pero lo único que consiguió fue que apareciera una nube de humo blanco, que no tardó en desvanecerse. Nada quedó allí donde había estado sentado el mago.

La gente alabó el truco y esperó que el extranjero apareciera por algún lado. Pero nada más se supo de él.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Libretas, Editoral Almotacén, Córdoba, 2011.

lunes, 4 de julio de 2011

SETH: Desde el lago del Cielo

"Hay que vigilar al extranjero todo el tiempo, de modo que no vea demasiado, no actúe demasiado por su cuenta ni influya en la conducta de los habitantes locales."

"Los tratados de las dos potencias imperiales dejaron sin resolver el litigio fronterizo y, por causa de él, han luchado a sangre y fuego sus dos sucesores socialistas."

"Un niño prorrumpe en sollozos y es consolado con un trozo de albaricoque seco. Las moscas se posan sobre él en el acto. Las moscas de Dunhuang son monstruosas e innumerables."

"Nuestro guía nos proporciona nombres y fechas que se escapan directamente de mi cabeza, se evaporan."

"Toda la China rural está prohibida, excepto los lugares pintorescos famosos o -de modo ocasional- algunas comunas modelo."

"Una agente amable y servicial más allá de lo obligado."

"A veces me parece que vago por el mundo sólo para acumular material para futuras nostalgias."

"No hay variación básica en el diseño de los apartamentos para trabajadores, las oficinas gubernamentales, los parques, las librerías y ni siquera las farolas. El Estado realiza casi todas las construcciones modernas: hace falta pensar y gastar mucho menos si es posible poner en práctica el mismo diseño en todas partes."

"Se debate el sistema gubernamental de asignación de empleo. ¿Qué empleo se me asignará cuando vuelva a casa? Cuando digo que yo mismo me buscaré uno, despierto un asombro y un interés considerable."

"Vino de lejos sin otra intención que ver el antiguo templo y lo vio y lloró."

"Como en toda China, parte del atractivo de sentarse detrás del volante es el placer de poder darle a la bocina, una facultad que se ejerce al máximo incluso de noche."

"Si doy el regalo ahora al señor Ho, quizá lo considere inadecuado ya que mi caso está bajo consideración. Si se lo doy después de conseguir la aprobación especial de salida, podría considerarlo una recompensa; de nuevo algo inadecuado. Pienso que la única circunstancia apropiada en que puedo entregárselo es en el caso de que no me concedan el permiso para salir por el Tíbet."

Vikram SETH, Desde el lago del Cielo. Viajes por Sinkiang, Tíbet y Nepal, Ediciones B, Barcelona, 1998.

domingo, 3 de julio de 2011

MIQUEL: Rapp y la carga de los mamelucos

Una carga no podía llegar a destino si no la conducía un líder a toda prueba, conocido entre sus hombres por su arrojo. El Emperador pensaba en Rapp, cazador del 10º Regimiento que, en 1795, había rechazado a los húsares austríacos en una lucha de uno contra cinco, jinete al que había tomado como adjunto el día de Marengo. Conocía bien el valor del colmariano por haberlo comprobado en todos sus combates.

Rapp partió al galope a la cabeza de sus mamelucos, seguidos por los cazadores. Se vistió con su uniforme de gala de general y se tocó con el bicornio. A los treinta y tres años, el fogoso alsaciano ardía en deseos de dirigir la carga más espectacular del Imperio ante los ojos del Emperador y de que la historia recogiese su nombre.

No galopaba, sino que volaba. El sable levantado, el bicornio caído en la nieve, lanzó a su caballo blanco sobre los guardias y los coraceros de Constantino, que iban a morder el polvo.

Pierre MIQUEL, Austerlitz. La batalla de los tres emperadores, Ariel, Madrid, 2008.

sábado, 2 de julio de 2011

SETH: Curso intensivo de chino en seis meses

Mientras dormito bajo el soporífero zumbido de las moscas, sueño que he inaugurado un curso intensivo de chino de seis meses de duración. Cada semana corresponde a un año en la vida del niño chino. Durante la primera semana mis estudiantes están tumbados en camastros en el aula y balbucean mientras otros dos profesores y yo hablamos en chino entre nosotros. Los estudiantes tienen berrinches, aunque no con tanta frecuencia como los bebés estadounidenses. Son paseados en cochecitos por el campus y envueltos en prendas muy acolchadas, como los bebés chinos: siempre me recuerdan buñuelos recalentados. En mi universo totalitario, se hacer dormir a intervalos regulares a los estudiantes, cantándoles nanas. La segunda semana se les enseña unas pocas palabras elementales: baba, mam y demás. Durante las comidas o cuando se les saca a pasear tienen que mostrar cierto grado de curiosidad por los nombres de los objetos, aunque, de acuerdo con el principio de la mayonesa, hay que controlar el suministro de información léxica. (El principio de la mayonesa afirma que el aprendizaje de una lengua es como hacer mayonesa: si se añade demasiado de golpe la mezcla se corta.) Lentamente, a través de los años comprimidos, los estudiantes entran en contacto con las canciones infantiles, los caracteres escritos, los tebeos sencillos, la jerga y las burlas escolares, el vocabulario de las compras y las ventas, el uso de los palillos, el lápiz, el pincel y el ábaco. A continuación, participan en la conversación adulta, leen historias cortas, entonan canciones para los dignatarios del Partido de visita y los visitantes extranjeros, beben interminables tazas de agua caliente de unos termos de brillantes colores, etcétera. Cuando pasan por la adolescencia y los primeros años de la vida adulta, introduzco el pensamiento político, la historia, la literatura, la burocracia, las consignas y las obscenidades. Al final del curso de seis meses, en su vigesimosexto año, mis estudiantes (todos a punto de casarse, partir para las guarniciones a las que han sido destinados o las dos cosas) tienen cierta idea de la experiencia de sus iguales chinos.

Vikram SETH, Desde el lago del Cielo. Viajes por Sinkiang, Tíbet y Nepal, Ediciones B, Barcelona, 1998.

viernes, 1 de julio de 2011

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: La moneda rusa

-¿Qué moneda es la que utilizan en Rusia?
-No lo sé. ¿Lo has mirado?
-No sale. Espera…, a ver… El franco suizo.
-¿El franco suizo? No puede ser.
-Quizá hayan adoptado el franco suizo. Hay muchos países que tienen monedas extranjeras.
-Creo que es la corona. Busca la corona. Estoy segura de que la moneda rusa es la corona.
-Sí, me suena a mí.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Libretas, Editoral Almotacén, Córdoba, 2011.

DOSTOIEVSKI: La cebolla

Había una perversa mujer que murió sin dejar a su espalda la menor sombra de virtud. El Diablo se apoderó de ella y la arrojó al Lago de Fuego. Su Ángel de la Guarda se devanaba los sesos para recordar alguna buena obra de la condenada y poder referírsela a Dios. Al fin, se acordó de que una vez la mujer había dejado que un mendigo se comiera una cebolla podrida que había quedado después de la cosecha. El Ángel le dijo al Señor: «Dio una cebolla de su campo a un mendigo.» Dios le contestó. «Toma esta cebolla y tiéndesela a la mujer del Lago para que se aferre a ella. Si consigues sacarla, irá al Paraíso; si el tallo de la cebolla se rompe, la pecadora se quedará allí donde está.»

El Ángel corrió hacia el Lago de Fuego y le tendió la cebolla a la mujer. «Toma —le dijo—. Cógete fuerte.» El Ángel empezó a tirar con cuidado y pronto estuvo la mujer casi fuera. Los demás pecadores, al ver que sacaban del Lago de Fuego a la mujer, se aferraron a ella para aprovecharse de su suerte. Pero la mujer, en su maldad, empezó a darles puntapiés. «Es a mí a quien sacan y no a vosotros; la cebolla es mía y no vuestra.» En este momento, el tallo de la cebolla se rompió y la mujer volvió a caer en el ardiente Lago, donde está todavía. El Ángel se marchó llorando...

Fiodor DOSTOIEVSKI, Los hermanos Karamazov

jueves, 30 de junio de 2011

MONTERROSO: El humor y la timidez

El humor y la timidez generalmente se dan juntos. Tú no eres una excepción. El humor es una máscara y la timidez otra. No dejes que te quiten las dos al mismo tiempo.

Augusto MONTERROSO, Movimiento perpetuo

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: Ella le despreciaba

Cuando me vio, se giró, dándome la espalda. Me di cuenta de que ya no me tenía miedo. Ahora me despreciaba. Lentamente, sin prisa, se tomó el refresco. Me sentí como aquel rey sueco que imaginó que podía conquistar Rusia.
Miré sus pies: llevaba sandalias.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Libretas, Editoral Almotacén, Córdoba, 2011.

miércoles, 29 de junio de 2011

SUÁREZ LYNCH: El mundo es ancho y ajeno

En el capítulo XL de la Vida Nueva, Dante refiere que al recorrer las calles de Florencia vio unos peregrinos y pensó con asombro que ninguno de ellos había oído hablar de Beatriz Portinari, que tanto preocupaba su pensamiento.

CARELL: Nikopol

Durante la primera semana de enero, los partes de la Wehrmacht comenzaban invariablemente con las siguientes palabras: "En la cabeza de puente de Nikopol..."

En febrero, la redacción sufrió un cambio harto significativo. El 4 de febrero, el parte empezaba como sigue: "En el día de ayer, en el sector de Nikopol..."

El 5 de febrero: "En el sector de lucha en Nikopol, los soviéticos han robustecido sus..."

El 6 de febrero: "En la zona de Nikopol, nuestras divisiones resisten..."

El 7 de febrero: "En el sector de Nikopol, el enemigo continúa sus ataques con nuevas fuerzas..."

El 9 de febrero: "Nuestras tropas se repliegan en el sector de Nikopol, sin dejar de combatir con la bravura de siempre..."

El 10 de febrero: "En la jornada de ayer fracasaron los ataques enemigos al oeste de Nikopol..."

Por fin, el 11 de febrero: "Nuestras fuerzas siguen rechazando los reiterados embates soviéticos al oeste de Nikopol y al sur de Krivoi Rog".

Luego, el nombre de Nikopol desapareció de los partes de la Wehrmacht.

Paul CARELL, Tierra calcinada, Inédita Editores, Barcelona, 2007.

martes, 28 de junio de 2011

MIQUEL: Los derrotados de Austerlitz

La victoria sobre el ala derecha del ejército aliado había sido completa, aplastante, indiscutible. No quedaba nada de las columnas rusas. ¿Habían desaparecido?

Inasequible al desaliento, Kutuzov recuperó a sus tropas lo mejor que supo. Los rusos marchaban solos, en grupos, sin unidades constituidas. Marchaban porque eran soldados, y porque no sabían donde encontrar refugio, salvo que sufrieran la suerte poco envidiable de los prisioneros. Tenían que volver a su país con el ejército. ¿Qué podía reprocharse? Los generales habían perdido la batalla, era asunto suyo. El deber de los soldados era reunirse con ellos, pues sus jefes eran también fugitivos.

El castigo para los que habían abandonado las filas en plena batalla no era la muerte ni el presidio. Para castigar al regimiento de Novgorod, el zar añadió cinco años de servicio activo a los larguísimos veinticinco que duraba el servicio.

Los rusos avanzan con el estómago vacío. Arrastraban por el fango nevado sus largos capotes grises o marrones y las botas hechas trizas. Aullaban como lobos por tanto sufrimiento. Sus tripas gritaban con el hambre. Los oficiales morían también de hambre y no dejaban de abrirse paso en la noche. Ningún saludo antes antes de la salida del sol, cuando tal vez las carretas de los víveres atraerán a los soldados para reagruparlos y seguir el camino detrás de Kutuzov, el padre de los soldados, hasta la Santa Rusia. No tenían otra elección, si querían atravesar, que seguir siendo soldados y darse a conocer como tales, aunque fuera en sus uniformes harapientos.

Pierre MIQUEL, Austerlitz. La batalla de los tres emperadores, Ariel, Madrid, 2008.

lunes, 27 de junio de 2011

ORTEGA CÓZAR: El exvoto

Lorenzo, el maldito Lorenzo. Lo encontré por la calle y me dijo, como de pasada, que Alcántara había excavado una nueva necrópolis ibera. Por la sonrisa que asomó en su rostro supe que ya le había comprado alguna pieza que pronto me mostraría orgulloso. Fui casi enseguida –al día siguiente, en realidad– al almacén de Alcántara. Conocía muy bien mis gustos. Me ofreció algunas piezas que, supongo, otros compradores habituales ya habían rechazado: una falcata de bronce deformada durante la incineración, un cuchillo afalcatado, un regatón de hierro. Me los dejaba baratos, muy baratos, como si no esperara venderlos por otro precio. Le dije que me llevaría el cuchillo. Después me enseñó otras piezas que él sospechaba no me interesarían tanto: una vasija con decoración geométrica, unos pendientes de oro y una figurilla de caliza. Aquella figura –esta figura que ahora tengo sobre mi escritorio– era –es– un diminuto, un minúsculo exvoto. Alcántara me lo puso en la mano. Lo contemplé durante unos instantes, sólo durante unos instantes. Era de una sencillez magnífica: la boca marcada por una simple marca horizontal, un triángulo como nariz, los ojos –aquellos ojos que no dejan de mirarme– dos pequeños círculos. Estaba desnuda. De pronto deseé poseer aquella figura.

–La encontré a orillas del Guadajoz –me dijo.

Quizá me mintiera o quizá me dijera la verdad.

–¿Cuánto pide por ella? –le pregunté.

–Está vendida –me dijo Alcántara–. La compró don César.

Don César, el cuñado del gobernador civil, es, era –quiero decir– el mayor coleccionista de la provincia. Alcántara mencionó para justificarse una cantidad que yo no había gastado en todos los años que le había estado comprando antigüedades.
Ahora pienso que quizá hubiera sido más fácil cogerla entonces. Pero aquella figurilla tenía propios planes. Perversos.

Esa noche no pude dejar de pensar en ella. Soñé con la figurilla, soñé que me susurraba en un idioma extraño. Supe que debía conseguirla, que tenía que ser mía –más bien, yo soy suyo–.

A la mañana siguiente regresé al almacén dispuesto a pagar lo que me pidiera. Alcántara me dijo que era demasiado tarde, ya no tenía el exvoto, se lo había llevado a don César. Llegó a ofrecerme un relieve –un guerrero sin cabeza que se protegía con una caetra– que nunca me había mostrado y que no me interesaba.

Unos días después la guardia civil encontró a Alcántara tirado en el almacén: llevaba un tiempo muerto; tenía el cráneo destrozado.

Como era de esperar, Alcántara tenía apuntados los nombres de sus clientes. Cuando la guardia civil se presentó en mi casa no halló nada: había ocultado todas las piezas de mi colección –no muchas, la verdad –, incluso las tegulae y sigilatas que había ido recogiendo por mi cuenta. Me hicieron preguntas, pero me acabaron diciendo que sospechaban de un coleccionista de Madrid. Desde luego, no molestaron a don César. No, no le molestaron.

El exvoto no se me iba de la cabeza. Todo lo que me sucedía parecía estar relacionado con aquella escultura maligna. Hasta me sorprendí hablándole a María de ella.

Buscar un plan para entrar en casa de don César me llevó varias semanas de proyectos y hesitaciones. Decidirme fue aún más arduo, porque no sabía cómo conseguiría arrebatarle el exvoto. Finalmente me hice pasar por un coleccionista necesitado de dinero. Quizá mencionara el nombre de Alcántara; no estoy seguro de que don César me hubiera visto alguna vez por su almacén. Le llevaría la joya de mi colección, un trozo de cerámica sigilata que hacía unos años había encontrado cerca del río, entre los surcos que un arado acababa de abrir. Había en su centro un relieve: un niño o un amorcillo.

Don César me dio la bienvenida con una sonrisa falsa y me tendió una mano fláccida. Le mostré la sigilata. Miró displicentemente la pieza y me condujo a su despacho: los coleccionistas son por principio vanidosos –yo también lo soy–. Me mostró una crátera ática, un pilum, una falcata que parecía recién salida del taller del herrero oretano. El exvoto ibero estaba en un anaquel, escondido entre otras figurillas y junto a la cabeza mutilada de un león pétreo. Hablamos de Alcántara; sí, era extraño lo que le había sucedido. Entonces me preguntó cuánto pedía por la sigilata. Le di una cifra ridícula, la primera que se me pasó por la cabeza; ni siquiera trató de regatear el precio. Salió del despacho para buscar el dinero. Me dejó solo, ¡solo! Pensé que el exvoto, de algún modo, quería que lo poseyera. No había duda.

– Si tienes algo más, tráemelo –me dijo, mientras me entregaba el dinero.
Dejé a don César en el despacho. Tenía la frente cubierta de sudor, la camisa se me había pegado al cuerpo y el bulto del bolsillo me pesaba cien kilos.
Me alejé rápidamente de allí. Caía un sol infernal. Metí la mano en el bolsillo y la sentí helada.

VV.AA., Ipolca. Relatos ibéricos, El Olivo de Papel, Torredonjimeno, 2011.

domingo, 26 de junio de 2011

CARELL: La División Azul en Krasni Bor

En el sector occidental del frente, el ataque ruso se produjo ante la 4ª División de la policía militar de las SS y la División Azul española. Las tropas soviéticas estaban formadas por siete divisiones de fusileros, cinco brigadas y tres brigadas acorazadas.

Los batallones españoles de los regimientos de granaderos nº 262, 263 y 269, al mando del general Esteban Infantes, sufrieron en Krasni Bor todo el peso del ataque ruso. En este sector, el enemigo llegó con tres divisiones de fusileros y dos brigadas acorazadas, un total de 33.000 hombres, apoyados por unos sesenta T-34, varias unidades antitanque y 187 baterías con un total de 1.000 piezas. Contra esta ingente fuerza, los españoles sólo disponían, para un frente de treinta kilómetros, de un regimiento de infantería reforzado, unos 2.500 hombres, y tres batallones con 2.000 soldados. A ello había que sumar varias unidades especiales y veinticuatro piezas de artillería; no disponían de carros blindados.

A su izquierda, un grupo de reconocimiento cubría una brecha de casi siete kilómetros. Con tan débiles fuerzas, el general Esteban Infantes no podía constituir una segunda línea de contención; con todo, disponía de dos escuadrones de motoristas, dos compañías de zapadores y dos baterías en concepto de reserva. No podía ser menos.

Tras encarnizados combates cuerpo a cuerpo, los rusos consiguieron avanzar tres kilómetros y apoderarse de Krasni Bor, pero perdieron 11.000 hombres y se quedaron detenidos ante el Ishora. Los españoles se defendieron heroicamente con machetes, palas y granadas de mano. Su valor será especialmente recordado.

Para citar sólo un ejemplo, tomaremos el del granadero Antonio Ponte, que atacó con minas y granadas de mano a los tanques rusos que lograron practicar una brecha en las posiciones defendidas por los españoles. Después de aniquilar a unos cuantos, desapareció en algún lugar del gélido pasaje junto al Neva, aplastado tal vez por un carro enemigo o destrozado por una granada. A título póstumo se le impuso la Gran Cruz Laureada de San Fernando.

Paul CARELL, Tierra calcinada, Inédita Editores, Barcelona, 2007.

sábado, 25 de junio de 2011

VALERA: Cartas desde Rusia

"El total de la guarnición será de unos siete mil hombres. La ciudadela de Varsovia es fuerte de veras y muy capaz y erizada de cañones. Más de veinte grandísimos morteros apuntan de continuo a la ciudad."

"Como una especie de fósil vivo de la antigua raza eslava existen aún estos sectarios, sin querer afeitarse porque Nuestro Señor no se afeitó nunca."

"Se mutilan estos desgraciados, y luego se arrepienten cuando ya es tarde."

"Hay algunos que reuniéndose en un aquelarre infame, le cortan un pecho a una doncella, y dividiéndolo en menudos trozos, comulgan con él en un infernal sacramento."

"Se ocupan mucho de las cosas asiáticas. En el ministerio de Asuntos Extranjeros hay una sección numerosísima que se emplea en ellas de continuo. No sé lo que hará, porque allí hay más sigilo que en parte alguna.

"Para saber de política hay que recurrir a los periódicos de otros países y echar a volar la imaginación, como hacen dichos periódicos."

"Como no pocos bibliófilos, conoce más títulos de libros que lo que en ellos se contiene."

"Todo bicho viviente escribe por las noches sus impresiones, y no pocos suelen luego publicarlas."

Juan VALERA, Cartas desde Rusia, Miraguano, Madrid, 2006.

viernes, 24 de junio de 2011

CARELL: Ferdinand

Las divisiones de Harpe tenían depositadas grandes esperanzas en el formidable triunfo que llevaban en la mano: noventa carros de combate superpesados del tipo Tiger Ferdinand, adscritos a las secciones cazatanques 653 y 654, al mando del teniente coronel Von Jungenfeldt, que servían de ariete a las divisiones de granaderos.

El Ferdinand era un potente coloso de 72 toneladas, dotado de un cañón de 8,8 mejorado, con una longitud de 6,40 metros. El blindaje era de hasta 20 centímetros. Dos motores Maybach generaban corriente para dos poderosos motores, cada uno para un juego de orugas. No obstante el peso, el carro se desplazaba a una velocidad máxima de 32 kilómetros por hora. ¡Una verdadera maravilla! Esta fortaleza móvil de acero había sido fabricada en la localidad austríaca de Sankt Valentin, en los talleres Nibelungo.

El pacífico nombre de Ferdinand asignado a tal mastodonte provenía de su constructor, Ferdinand Porsche. Hitler prometió efectos decisivos con el empleo en el frente de esta verdadera casamata artillada móvil. Una ofensiva con la intervención de estos carros debía resultar insostenible.

Pero el Ferdinand tenía su talón de Aquiles: el tren de rodaje era relativamente débil y las cadenas, vulnerables. Y así sucedió que muchos de estos gigantes acorazados quedaban inmovilizados en el campo de batalla por averías en las cadenas. Además, el Ferdinand no servía para luchar a corta distancia con la infantería enemiga, puesto que, aparte del enorme cañón, no disponía a bordo ni de una sola ametralladora con la que hostigar a los destacamentos anticarro del enemigo.

Guderian ya había advertido sobre el insuficiente armamento y la complicada naturaleza de los Ferdinand. Sin embargo, Hitler no le hizo el menor caso. La batalla de Kursk fue la primera y la última aparición de esos gigantescos tanques.

Paul CARELL, Tierra calcinada, Inédita Editores, Barcelona, 2007.

jueves, 23 de junio de 2011

LEWIS: Nápoles 1944

"Parece que nadie sabe muy bien lo que somos y lo que hacemos. Debido a ello, nos encargan trabajos que ninguna otra división del ejército quiere realizar."

"Los reclutas de ojos azules eran los que conseguían los destinos de responsabilidad y a veces los más atractivos, mientras que los otros iban al cubo de basura."

"Enviaron a hispanohablantes a Italia, dando por supuesto que el español y el italiano hablados y escritos eran casi iguales. También era típico que un colega que hablaba rumano se encontrara gesticulando entre los guerrilleros yugoslavos (ambas lenguas eran balcánicas) y que el oficial con quien yo fui a Argelia fuera una autoridad en noruego antiguo y no tuviera ni idea de francés."

"Habían pasado directamente al ejército desde la eterna paz de lugares como Kansas o Wisconsin."

"Lo que nosotros hemos visto ha sido el caos resultante del miedo y la cobardía que se propagaron desde el mando. Y lo que yo nunca entenderé es qué impidió a los alemanes liquidarnos."

"Rodeamos el pueblo, esperamos que empezaran que a hacer las señales; entonces intervinimos y capturamos a un hombre que se dirigía con una linterna al único retrete que hay en el pueblo."

"Un soldado un poco achispado y azuzado continuamente por sus amigos, depositó al fin su lata junto a una mujer, se desabrochó y se echó sobre ella."

"El noventa y nueve por ciento de la información registrada allí era increíblemente trivial y en general reveló que casi todos los italianos llevaban una vida política de absoluta neutralidad, aunque eran proclives a las aventuras sexuales."

"Era frecuente que ni siquiera identificaran a los sospechosos por el nombre, sino por descripciones del estilo de 'altura media', 'edad, de treinta a cuarenta', 'de extraordinaria fealdad' o, en un caso, 'se sabe que tiene un miedo obsesivo a los gatos'."

"Según la teoría de la policía, respaldadada por muchos rumores y cierta evidencia verosímil, una patrulla de SS se había ofrecido voluntaria para quedarse en Nápoles tras la retirada de los alemanes y se había ocultado en las catacumbas."

"Ella le había explicado mediante gestos que su difunto marido nunca había dejado de tener relaciones sexuales con ella como mínimo seis veces al día."

"Saqué la conclusión de que eran demasiado pobres para casarse, demasiado pobres para hacer algo más que persistir con notable tenacidad en la lucha por mantener las apariencias."

"El objetivo de su visita era averiguar si podíamos encargarnos de que su hermano entrara en un burdel del ejército. Le explicamos que no existía semejante institución en el ejército británico."

"Me dijo que había ingresado en una organización separatista consagrada a la restauración de las Dos Sicilias. Quieren vestir a la gente con túnicas romanas, imponer un mínimo legal de diez hijos por familia y reimplantar la servidumbre con uno u otro disfraz."

"El general quería una ejecución, como todos los generales."

"Un muchacho de trece años había esperado emboscado y había disparado contra el hombre que había matado a su padre antes de que él naciera."

"En Pomigliano hay un monje que vuela. El año pasado, durante un ataque aéreo, se elevó hasta el cielo para coger en sus brazos al piloto de un avión italiano derribado."

"La oficina de guerra psicológica expone en su boletín que hay actualmente en Nápoles 42.000 mujeres que se dedican de forma habitual o esporádica a la prostitución. Eso en una población de unas 150.000 mujeres en edad núbil."

"Las fuentes oficiales llevan meses asegurándonos que roban el equivalente al cargamento de una barco aliado de cada tres que llegan al puerto de Nápoles."

"La semana pasada detuvieron por pura casualidad el coche del legado pontificio en un control rutinario de carretera, y descubrieron que llevaba un juego de neumáticos robados."

"Me dio la impresión de un hombre animado por el conocimiento secreto del curso que tomaría su futuro."

"En la defensa de un cliente pronunció un discurso que duró dos días y medio, y en determinado momento se interrumpió la sesión para que el juez y el jurado recuperaran el control emocional."

"Se ha informado de que es habitual que dos marroquíes violen simultáneamente a una mujer; uno practica el coito normalmente mientras el otro la sodomiza."

"Mientras permanecían plenamente conscientes los castraron. Luego los decapitaron."

"En un aparador había varios cientos de pares de medias de seda, cada una de las cuales valía lo que el honor de cualquier mujer de Nápoles cuyo honor estuviera en venta."

"Se había dejado crecer exageradamente las uñas de los meñiques al viejo estilo sureño para demostrar que no trabaja."

"Mientras esperaba que preparara la receta, rodeé el mostrador para observar las actividades de un chiquillo que despegaba afanosamente etiquetas inglesas para pegar otras italianas."

"Entre ellos se cuenta el que tengo que investigar, que se llama Forza Italia! y al que se suponen tendencias neofascistas."

"Vivíamos prácticamente en la Edad Media. Sólo habían cambiado los edificios, y la mayoría eran ruinas. Epidemias, bandidos, entierros con plañideras, mendigos deformes y mutilados, tullidos sin piernas."

Norman LEWIS, Nápoles 1944, Ediciones Folio, Barcelona, 2004.

miércoles, 22 de junio de 2011

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: Libretas

Se asombraron los legatarios al encontrar aquella muchedumbre de libretas en el despacho, libretas de todos los tamaños, cuadernos de música con las hojas pautadas, libretas con las hojas lisas, rayadas, cuadriculadas, cuadernos de dibujo, libretas con espiral, grapadas, encuadernadas. La habitación rebosaba de libretas.

Las revisaron cuidadosamente, esperando encontrar alguna anotación íntima, curiosa, impertinente. Pero nada había escrito en ellas. Nada. Las hojearon, y nada hallaron, ni dibujos, ni palabras. No habían sido utilizadas. Quizá el finado no tuvo nada interesante que escribir en ellas.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Libretas, Editoral Almotacén, Córdoba, 2011.

martes, 21 de junio de 2011

LEWIS: Vincente Lattarullo

Lattarullo había conseguido mantenerse gracias a un legado equivalente en principio a una libra mensual, pero que con la devaluación ha quedado reducido a unos cinco chelines; y para arreglarse con ello había ideado un sistema científico de autocontrol. Se quedaba casi todo el día en la cama y, cuando se levantaba y salía, recorría distancias cortas en un itinerario programado, parándose a descansar de vez en cuando en una iglesia. Tomaba sólo una comida al atardecer, que consistía normalmente en un trocito de pan untado con tomate y aceite de oliva. A veces visitaba a otro profesional que se hallaba en circunstancias parecidas a las suyas e intercambiaban habladurías, tomaban una taza de sucedáneo de café, hecho con bellotas tostadas, y hambreaban juntos durante una hora o así. Daba la impresión de que sabía todo lo que ocurría en Nápoles. Le acompañé caminando hasta su piso y descubrí que vivía en dos habitaciones que tenían por todo mobiliario tres sillas, una cama y una mesa desvencijada, sobre la que había una planta mustia. Hacía años que le habían cortado la luz y el agua, según me dijo.

Norman LEWIS, Nápoles 1944, Ediciones Folio, Barcelona, 2004.

lunes, 20 de junio de 2011

KOESTLER: El cero y el infinito

"Un golpe sordo le dio en la nuca. Lo esperaba desde hacía mucho tiempo, y, sin embargo, le cogió de improvisto."

"Debajo de la confortable manta se sentía casi feliz y no temía más que una sola cosa, tener que levantarse y moverse."

"Se hallaba devorado por el deseo de probar su inocencia."

"Respetables viajantes de comercio, con falsos pasaportes y maletas de doble fondo, llegaban del extranjero; eran los delegados. Habitualmente eran arrestados, torturados y decapitados."

"Todos nuestros principios eran buenos, pero nuestros resultados han sido malos."

"Conocen las cárceles europeas tan bien como los viajantes de comercio conocen los hoteles."

"El individuo no era nada, el Partido lo era todo; la rama que se arranca de un árbol debe secarse."

"Como has observado muy justamente, tenemos la costumbre de emplear siempre el plural nosotros y de evitar en lo posible la primera persona del singular."

"Déjame que a mi vez te haga otra pregunta. ¿Crees tú realmente eso o haces como si lo creyeras?"

"Desde luego, yo no esperaba que aceptases enseguida. Una conversación de esta clase suele tener efectos retardados."

"Ya sólo faltaba publicar una nueva edición corregida y revisada de la colección completa de todos los periódicos."

"Anualmente mueren varios millones de seres humanos sin ninguna utilidad, por epidemias y otras catástrofes naturales. ¿Y nosotros vamos a retroceder por el sacrificio de algunos centenares de miles en pro de la experiencia más prometedora de toda la historia?"

"Representaba a la nueva generación; la vieja debía pactar con ella, o verse aplastada."

"Era una generación gastada por los años de lucha clandestina, roída por la humedad de los calabozos donde había transcurrido la mitad de su juventud; desecada espiritualmente por el permanente esfuerzo nervioso que exigía el temor físico del que nunca se hablaba, pero que cada uno tenía que dominar por sí mismo durante años, durante docenas de años. Era una generación gastada por los años de destierro, por la actitud de las facciones dentro del Partido, por la ausencia total de escrúpulos con que era perseguida; gastada por las derrotas incesantes y la desmoralización de la victoria final."

Arthur KOESTLER, El cero y el infinito, Debolsillo, Barcelona, 2011.

domingo, 19 de junio de 2011

VALTIN: La noche quedó atrás

"Raras veces habló mi padre de su pasado lleno de aventuras. Sin embargo, lo hacían por él los tatuajes de sus brazos y de su cuerpo, que representaban anclas, barcos y mujeres exóticas con unas cinturas enormes, como así también sus pesadas condecoraciones de plata, que mostraban un dragón chino o un león persa."

"Creía firmemente en un futuro socialista, justo y bello."

"No te pongas triste, me consolaba mi padre. No hay nada que hacer. Somos gente de segundo clase."

"Los muchachos, como una manada de lobos, merodeábamos por todos los rincones de las granjas y de los depósitos del ejército, robando leña, patatas y conservas."

"Reaccionó contra su propia miseria y comenzaba y terminaba el día, en la escuela, propinando los más brutales castigos a sus alumnos."

"Bebía grandes cantidades de café, un café malo, negro, sin azúcar, y contaba, contaba hasta quedarse ronco."

"Solía despertarme con hambre y estaba hambriento cuando me acostaba. El hambre destruyó en mí límites entre la adolescencia y la edad viril. Una bolsa de harina tenía más valor que una vida humana."

"Recibía una pensión, pero el importe mensual no le alcanzaba para comprar una caja de fósforos."

"Más y más me convencí de que la dedicación a la labor revolucionaria era la única cosa digna de hacerse en esta vida."

"Sí, una niña. Desearía que hubiera nacido muerta."

"Me sentí como un engranaje vivo de la maquinaria del partido. Crecí tornándome más flaco, más duro, pero me sentí sublimemente feliz."

"Necesitamos hombres como él para ganar las peleas, pero después de la revolución tendremos que matarlos a balazos."

"Compañeros que vienen con sus bolsas llenas de modelos de plataformas políticas, con grandes teorías y grandes proyectos. Compañeros que huyen de los peligros; pies de palo en una nube de polvo. Compañeros que todas las mañanas exigen huevos y jamón."

Jan VALTIN, La noche quedó atrás, Seix Barral, Barcelona, 2008.

sábado, 18 de junio de 2011

CARELL: Kluge y Guderian

En aquella conferencia tuvo lugar una escena penosa, que hoy parece casi fantástica, y que el único tetigo viviente de la misma, el teniente general retirado Wolfgang Thomale, describe así: "Se volvieron a reunir por primera vez desde que Kluge obtuvo de Hitler la dimisión de Guderian en el invierno 1941".

El mariscal buscaba una reconciliación, y tendió la mano a Guderian, pero éste ignoró el gesto. Kluge enrojeció y se volvió al entonces coronel Thomale, jefe de Estado Mayor de Guderian: "Comunique usted al capitán general Guderian que le ruego me siga a la estancia contigua".

Una vez en ella, irritado, preguntó a Guderian: "¿Qué motivos tiene para haber adoptado una postura tan ofensiva?" Guderian se enojó también, e intentando calmarse, respondió: "Herr mariscal, no creo que sean tan difíciles de adivinar. Hace dos años que usted informó al Führer de cosas falsas acerca de mí. Me apartó de mis tropas y ha arruinado mi salud. No creo que después de esto espere que le tenga simpatía".

Kluge giró sobre sus talones y salió de la pieza sin saludar.

Unos días después, el primer ayudante de Hitler, general Schmundt, hizo entrega a Guderian de una nota de Kluge, en que le exigía un duelo a pistola. El mariscal pretendió darle mayor fuerza a su petición haciendo intervenir al ayudante del Führer, con lo que éste también se enteraría del asunto. Hitler era enemigo de los duelos; consintió en que la nota llegase a manos de Guderian, pero no autorizó el duelo. Por orden suya, Schmundt reconvino a los duelistas.

Y de este modo se evitó que pasara a la historia un asunto de honor entre dos altos jefes militares, ambos excelentes comandantes de tropa, aun cuando de carácter dispar.


Paul CARELL, Tierra calcinada, Inédita Editores, Barcelona, 2007.

viernes, 17 de junio de 2011

VALTIN: Hasta que la revolución hubiera triunfado

Tenía conciencia de mi clase, pues eso era ya una tradición familiar. Estaba orgulloso de ser un obrero y despreciaba a la burguesía. Mi actitud frente a la respetabilidad convencional era más bien burlona. Tenía un sentido de la justicia, agudo pero unilateral, lo que impulsaba a un odio loco contra los que yo creía responsables de los sufrimientos y la opresión de las masas. Los policías eran enemigos. Dios era una mentira inventada por los ricos para mantener a los pobres satisfechos con su yugo, y sólo los cobardes se prestaban a rezar. Todos los patronos eran hienas con forma humana, malévolas, eternamente glotonas, desleales y despiadadas. Creía que un hombre que lucha solo no podía triunfar nunca. Los hombres debían luchar unidos y luchar juntos para mejorar la vida de todos los que estaban dedicados a obras útiles. Tenían que luchar con todos los medios a su alcance, no retrocediendo ante ninguna violación de la ley si ello podía servir a la causa, y no dando cuartel hasta que la revolución hubiera triunfado.

Jan VALTIN, La noche quedó atrás, Seix Barral, Barcelona, 2008.

jueves, 16 de junio de 2011

ESLAVA GALÁN

"Se suben viajeros de cercanías y otros que van a Madrid o más lejos: soldados taciturnos a los que se les acaba el permiso, viajantes con la maleta del muestrario, un lego del convento de Pastrana que ha enterrado a su madre, meleros de la Alcarria que regresan de vender sus pellejos de miel en Sevilla o en Córdoba, queseros manchegos ataviados con amplios blusones negros, criadores de perdices para la caza de reclamo que van a Ávila a comprar pájaros, un funcionario de bigotito lineal y pelo engominado que ha cambiado su billete de segunda por el de tercera para ahorrar en dietas, una madre que lleva a su niña al concurso de Radio Madrid."

Juan ESLAVA GALÁN, De la alpargata al Seiscientos, Planeta, Barcelona, 2010.

miércoles, 15 de junio de 2011

GLOBISZ: El contador de historias

Aquella noche, como todas las noches, me puse delante de la máquina de escribir y pasé a limpio las notas que había ido tomando. Ese día, habíamos visitado una granja colectiva cosaca. Después de varios años de dificultades, habían conseguido superar las cuotas establecidas. Estaba buscando las palabras adecuadas cuando me di cuenta de que el cherkés me miraba con curiosidad.

-¿Usted no toma notas? –le pregunté.

Su respuesta se hizo esperar, como si buscara las palabras adecuadas.

-No soy escritor, sino contador de historias.

Su ruso tenía una sonoridad especial.

-¿Contador de historias?

-Sí. Voy de aldea en aldea contando historias.

Estuve a punto de preguntarle qué iba a contar de los cosacos, pero finalmente no lo hice. Continúe un rato más y después me tendí en la cama. Él llevaba un rato dormido.
Sentí envidia de su memoria, llena de cuentos hermosos y antiguos, a la que pronto se añadirían historias de colectivización y socialismo.

Andrzej NOWAK (ed.), Pequeña Polonia, El Olivo, Jaén, 2011.

martes, 14 de junio de 2011

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ: La alegría de la victoria

Habían conseguido una gran victoria sobre los oretanos, que les dejaran el campo de batalla. Saquearon su campamento; el botín había sido abundante. Botilkos ordenó quemar a los caídos oretanos sin ceremonias; a sus muertos les levantaron un túmulo. Y rezaron al dios, por haberles concedido una muerte tan gloriosa.

La alegría de la victoria se fue apagando cuando llegaron a la ciudad, cuando vieron a las madres en lo alto de las murallas; se asomaban para buscar al hijo que ya no volvería, al marido que había dejado la azada para ir a la guerra.

A Botilkos, el comandante, le hubiera gustado que la batalla todavía continuara, que los oretanos no hubieran huido tan cobardemente. Hubiera querido que una falcata oretana le hubiera herido mortalmente: habría alcanzado una gloria eterna. Porque las madres de los caídos le parecieron más temibles que todo el ejército oretano.

Julián RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, Cuentos y apuntes procaces, Editoral Almotacén, Córdoba, 2011.

lunes, 13 de junio de 2011

KAFKA: Salir de aquí, ésa es mi meta

Ordené sacar mi caballo del establo. El criado no me comprendió. Fui yo mismo al establo, ensillé el caballo y monté. A lo lejos oí el sonido de una trompeta; le pregunté lo que aquello significaba. Él no sabía nada, no había oído nada. En el portón me detuvo para preguntarme:
-¿Hacia dónde cagalga el señor?
-No lo sé -respondí-. Sólo quiero irme de aquí, solamente irme de aquí. Partir siempre, salir de aquí, sólo así puedo alcanzar mi meta.
-¿Conoce, pues, su meta? -preguntó él.
-Sí -contesté yo-. Lo he dicho ya. Salir de aquí, ésa es mi meta.

Franz KAFKA, La partida