Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

martes, 14 de agosto de 2012

BUÑUEL: Quince días buscando un adjetivo


Conocí a ese poeta extraño y magnífico que se llamaba Pedro Garfias, un hombre que podía pasar quince días buscando un adjetivo.

Cuando lo veía, le preguntaba:

—¿Encontraste ya ese adjetivo?

—No; sigo buscando —contestaba él, alejándose pensativo.

Aún me acuerdo de memoria de una poesía suya titulada Peregrino, de su libro Bajo el ala del Sur:

Fluían horizontes de sus ojos,
Traía rumor de arenas en los dedos
Y un haz de sueños rotos
Sobre sus hombros trémulos.
La montaña y el mar, sus dos lebreles,
Le saltaban al paso
La montaña, asombrada, el mar, encabritado...


Garfias compartía una modesta habitación con su amigo Eugenio Montes en la calle Humilladero. Fui a verles una mañana, a eso de las once. Mientras charlaba, Garfias, con ademán indolente, se quitaba las chinches que se le paseaban por el pecho.

Durante la guerra civil publicó unas poesías patrióticas que ya no me gustan tanto. Emigró a Inglaterra sin saber ni una palabra de inglés y lo recogió en su casa un inglés que no sabía absolutamente nada de español. No obstante, parece ser que conversaban animadamente durante horas.

Después de la guerra vino a México, como tantos españoles republicanos. Hecho casi un mendigo, muy sucio, entraba en los cafés a leer en voz alta poesías. Murió en la miseria.


Luis BUÑUEL, Jean-Claude CARRIÈRE, Mi último suspiro, Debolsillo, Barcelona, 2008.