Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

jueves, 30 de agosto de 2012

SINGER: Yentl

Después de la muerte de su padre, Yentl no tenía razón para permanecer en Yanev.

Ella estaba muy sola en la casa. Seguramente habría huéspedes dispuestos a mudarse allí y pagar renta, y multitud de casamenteras llamarían a su puerta con ofertas matrimoniales de: Lublin, Tomashev, Zamosc. Pero Yentl no quería casarse. En su interior una voz repetía una y otra vez: “¡No! ¿Qué le espera a una chica cuando la boda ha terminado? Inmediatamente empieza a parir y a criar y su suegra gobierna sobre ella”. Yentl sabía que no había sido creada para llevar vida de mujer. No era capaz de coser, ni de tejer; dejaba quemar la comida y dejaba subir la leche al hervirla; el pudín de shabát nunca le salía bien y su pasta de jale nunca esponjaba.

Yentl prefería mucho más las actividades masculinas que las de mujer. Su padre, Reb Todros, podía descansar en paz; durante sus muchos años de postración había estudiado la Torá con su hija, como si ella fuera un hijo. Mandaba a Yentl a asegurar las puertas y cubrir las ventanas; entonces juntos estudiaban minuciosamente el Pentateuco, la Mishná, la Guemará y los Comentarios. Ella probó ser una alumna tan apta que su padre solía decir:

-Yentl, tienes el alma de un hombre.

-¿Entonces por qué nací mujer?

-También el cielo comete errores.


Isaac Bashevis SINGER, Un amigo de Kafka otros relatos, Cátedra, Madrid, 1990.