Jorge Luis BORGES: "Nadie puede leer dos mil libros. Yo no habré pasado de una media docena. Además no importa leer, sino releer."

lunes, 20 de agosto de 2012

MÁRAI: El trabajo físico no era tarea mía

Una mañana de enero se presentó en mi casa un oficial, acompañado por dos soldados rusos armados, "en busca de varones para llevarlos a trabajar". Yo no tenía idea de lo que pretendía en realidad, así que le respondí con calma que yo no iría a trabajar porque el trabajo físico no era tarea mía. No intenté protegerme, no le dije que estaba enfermo ni traté de dar explicaciones, simplemente le dije que no haría, bajo ningún concepto, trabajo físico alguno. Estábamos de pie en medio de la habitación, los tres rusos y yo, mirándonos. Quizá me ayudó precisamente eso: si hubiese lloriqueado, si me hubiese escondido, si hubiese tratado de despertar lástima, probablemente me habrían arrestado... Sin embargo, aquel oficial —un hombre de mirada penetrante, antipático, con cara de perrero— se limitó a observarme largo rato. Se fueron sin añadir nada.

Yo no entendía lo que acababa de suceder... Unas horas más tarde me enteré de que la misma patrulla había cogido a todos los varones sanos del pueblo: se llevaron a una parte de ellos a trabajar en la construcción de un puente provisional cercano, y al resto a campos de retención rumanos, de donde fueron a parar a la Unión Soviética. Sé de uno de ellos que volvió tres años más tarde, pero también sé de otros que siguen todavía en el mismo lugar, si es que aún viven. Cuando me enteré de todo ello, me acordé de aquella escena tan peculiar.


Sándor MÁRAI, ¡Tierra, tierra!, Salamandra, Barcelona, 2006.